Internacionales Una gigantesca obra de restauración ambiental

China planta árboles en el desierto desde hace casi 50 años y la región ya absorbe más carbono del que libera

China planta árboles en el desierto desde 1978 mediante un programa que abarca el 42% de su territorio. La denominada “Gran Muralla Verde” logró ampliar la cobertura forestal, reducir áreas expuestas a tormentas de polvo y transformar el balance de carbono.

18 de Agosto de 2026
China planta árboles en el desierto y transforma la región. (UM).

China planta árboles en el desierto desde hace casi medio siglo mediante una de las mayores iniciativas de restauración ambiental del mundo. El Programa de Bosques Refugio de los Tres Nortes creó una extensa red de árboles, arbustos y pastizales destinada a contener el avance de las zonas áridas y reducir las tormentas de arena.

 

La iniciativa comenzó en 1978 y atraviesa 13 provincias y regiones del norte, noreste y noroeste del país. Su área de intervención supera los cuatro millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el 42% del territorio chino, y el programa tiene prevista su finalización para 2050.

La magnitud de las tareas hizo que el proyecto fuera conocido como la “Gran Muralla Verde”. Tras décadas de intervención, la cobertura forestal dentro del área alcanzada pasó del 5,05% registrado en 1978 al 13,84%, según mediciones oficiales citadas por el Gobierno chino.

 

Una barrera para contener el avance del desierto

 

Los resultados también se reflejaron en las áreas afectadas por las tormentas de polvo. La superficie considerada vulnerable a estos fenómenos disminuyó del 48,1% en 2000 al 40,4% en 2020.

 

La vegetación incorporada funciona como barrera contra el viento, contribuye a conservar los suelos y busca proteger zonas agrícolas, poblaciones e infraestructura.

En determinadas regiones, la restauración dejó además un balance de carbono favorable, al lograr que la vegetación absorba más dióxido de carbono del que el territorio libera.

 

Uno de los ejemplos se encuentra en el desierto de Kubuqi, donde fueron desarrollados corredores verdes para contener el desplazamiento de las dunas y proteger el río Amarillo. Allí, la composición utilizada incluyó aproximadamente un 10% de árboles, 80% de arbustos y 10% de hierbas.

Las advertencias sobre el consumo de agua

 

El programa también enfrentó cuestionamientos científicos. Investigaciones publicadas en Nature advirtieron que plantar árboles en regiones áridas no necesariamente implica recuperar el ecosistema, especialmente cuando se introducen especies que necesitan grandes cantidades de agua.

 

Los especialistas señalaron que determinadas forestaciones pueden aumentar la presión sobre reservas hídricas que ya son escasas. Frente a este problema, el proyecto fue incorporando alternativas adaptadas a las condiciones particulares de cada territorio.

 

Así, la estrategia dejó de concentrarse exclusivamente en plantar árboles y sumó arbustos, recuperación de pastizales, protección de vegetación natural y diferentes métodos para controlar la desertificación, publicó UnoMendoza.

 

Tras casi cinco décadas, el programa continúa avanzando sobre algunos de los territorios más secos de China y permanece como un gigantesco experimento ambiental cuya etapa final está proyectada para 2050.

 

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