Sociedad

Cerraron más de 115 establecimientos textiles: los números de la crisis en lo que va del año

La crisis textil argentina provocó cierres de plantas, despidos y concursos preventivos. La producción cayó 26,5% hasta mayo y el uso de la capacidad instalada se ubicó por debajo del 47%, mientras aumentó el ingreso de prendas importadas.

29 de Agosto de 2026
La producción cayó 26,5% hasta mayo.

Los números dejan poco margen para las dudas sobre el momento que atraviesa la industria textil argentina. La producción se desplomó 26,5% entre enero y mayo de este año, mientras las fábricas operaron con casi la mitad de sus máquinas detenidas y el entramado empresario perdió establecimientos mes a mes.

 

En junio, el uso de la capacidad instalada del sector fue de apenas 46,6%, muy por debajo del 59,1% correspondiente al promedio industrial, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

 

 

Durante los primeros cuatro meses del año, además, 115 establecimientos dejaron de operar, de acuerdo con datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).

 

Caída del empleo y retroceso de las ventas

 

El deterioro alcanzó también al empleo y al entramado empresario. En abril, el conjunto de los sectores textil, confección, cuero y calzado contabilizó 95.094 puestos formales, con 1.241 empleos menos que en marzo, publicó Ámbito.

Las dificultades no quedaron únicamente del lado de la producción. En julio, las ventas minoristas pyme de textil e indumentaria cayeron 5,6% interanual y 5,5% respecto del mes anterior, mientras que durante los primeros siete meses del año acumularon una baja del 4,6%.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) vinculó la caída con un consumidor que postergó la renovación del guardarropa y concentró sus compras en productos indispensables. Al mismo tiempo, los comerciantes manifestaron preocupación por la creciente oferta de prendas importadas, los costos fijos y el encarecimiento del financiamiento.

 

El avance de las importaciones

 

La presión externa también apareció en las estadísticas sectoriales. Durante 2026, las importaciones de prendas terminadas crecieron 65% en volumen, mientras que entre enero y junio las compras de maquinaria textil alcanzaron los 60,2 millones de dólares y mostraron una caída del 28% en la inversión tecnológica.

 

Detrás de estos números aparecieron fábricas que directamente dejaron de producir, compañías que redujeron su estructura al mínimo y empresas que recurrieron a la Justicia para intentar evitar la quiebra.

Uno de los casos más resonantes fue Will Der SA, que durante agosto cerró sus plantas de General Pacheco y Las Flores y despidió a 120 trabajadores. La compañía se dedicaba a la fabricación de indumentaria deportiva y había trabajado para marcas como Adidas, Puma, Lacoste, Fila y New Balance.

 

Fábricas cerradas y cientos de despidos

 

En La Rioja, Hilado también cerró definitivamente después de atravesar dificultades para sostener su actividad. La empresa se dedicaba a la confección de prendas para grandes marcas de indumentaria y su salida afectó a 60 trabajadores.

 

También Emilio Alal SACIFI cerró su actividad textil y dejó a más de 200 empleados despedidos. El 27 de febrero, el proceso fue clasificado judicialmente como “Gran Concurso - Categoría A”.

La crisis tampoco distinguió trayectoria. La Texto Fabril, histórica fábrica de Alta Gracia, Córdoba, cerró sus puertas cuando estaba a punto de cumplir 80 años de actividad. La compañía se dedicaba a fabricar elásticos para ropa interior y vendas quirúrgicas y dejó sin trabajo a sus últimos 29 empleados.

 

Más empresas afectadas por la crisis

 

En Tucumán, Panpack terminó de cerrar su planta de Los Nogales. La fábrica producía tejidos, bolsas, hilos y cintas de rafia de polipropileno y dejó a alrededor de 70 personas sin empleo.

La Rioja volvió a sumar otro caso con Mazalosa, grupo propietario de Portsaid, Desiderata y System, que cerró su fábrica del Parque Industrial provincial. La planta confeccionaba prendas para las marcas de la compañía y la decisión afectó a unos 20 trabajadores.

 

El ajuste también alcanzó al comercio. Manki, después de una década en el mercado de la indumentaria, anunció el cierre de seis de sus siete locales propios y mantuvo solamente el punto de venta de Recoleta y su canal en línea para liquidar el stock. La compañía no informó públicamente cuántos puestos quedaron afectados.

 

Empresas que recurrieron al concurso preventivo

 

Para otras compañías, la salida durante 2026 no fue bajar definitivamente la persiana, sino recurrir al concurso preventivo para reorganizar sus deudas y tratar de mantener la operación.

Uno de los casos más importantes por su tamaño fue Textil Amesud. La fabricante que abasteció a grandes marcas deportivas internacionales ingresó al proceso con un pasivo de $12.156 millones y una producción muy alejada de su potencial.

La empresa fabricaba alrededor de 115 toneladas mensuales de telas, pese a contar con capacidad para producir unas 700 toneladas. La diferencia reflejó el nivel de capacidad ociosa que atravesaba parte del sector.

 

Textilana y Owoko buscaron reestructurar sus deudas

 

En Mar del Plata, Textilana, la histórica compañía detrás de Mauro Sergio, también solicitó su concurso preventivo para reorganizar pasivos superiores a los $2.400 millones.

 

Pese a continuar operativa, la fábrica funcionó aproximadamente al 60% de su capacidad instalada. La compañía intentó mantener la actividad mientras avanzaba con la reorganización de sus obligaciones.

 

El fenómeno alcanzó además a la ropa infantil. Owoko, a través de las sociedades Kokoloko y De Niños, recurrió a la Justicia con pasivos superiores a los $2.800 millones. Ambas sociedades mantenían 39 puestos registrados.

 

Estructuras laborales cada vez más reducidas

 

Otro de los casos fue Fantome Group, fabricante que produjo para marcas como Reebok, Kappa, Kevingston y Billabong.

 

La compañía llegó al concurso preventivo con una estructura reducida a alrededor de 20 empleados y señaló entre sus dificultades la pérdida de clientes que comenzaron a reemplazar la producción local por mercadería importada.

En paralelo, Ted Bodin ingresó en concurso preventivo con un pasivo aproximado de $2.005 millones, frente a activos cercanos a los $780 millones. La histórica marca de indumentaria femenina mantuvo 34 trabajadores y ocho locales, mientras buscaba reestructurar sus obligaciones para continuar funcionando.

 

Pérdidas y cheques rechazados

 

La situación alcanzó incluso a A. Mutz y Cía., fabricante de medias, ropa interior y prendas de punto vinculada con marcas como Zorba, Mercury y Mutz Sport.

La empresa recurrió al concurso preventivo después de registrar pérdidas superiores a los $941 millones y acumular decenas de cheques rechazados.

Entre las pymes industriales, los números mostraron un deterioro algo más moderado que el registrado por el conjunto de la actividad textil, aunque igualmente negativo. En mayo, la producción pyme de textil e indumentaria acumulaba una caída del 3,9% durante 2026 y las plantas utilizaban, en promedio, el 54,5% de su capacidad instalada, según CAME.

 

Consumidores orientados hacia productos más económicos

 

El relevamiento también detectó presión de la oferta importada, menores márgenes de rentabilidad y un consumidor que se desplazó hacia productos de menor valor y marcas secundarias.

 

La combinación entre caída del consumo, costos financieros, pérdida de competitividad y aumento de las importaciones obligó a las empresas a revisar sus estructuras productivas.

 

Algunas compañías redujeron personal, otras cerraron plantas y un tercer grupo comenzó a incrementar la participación de mercadería importada dentro de su oferta.

 

De fabricar a importar

 

Uno de los casos que mejor sintetizó el cambio que atravesó parte del sector fue el de IGT33 SA, compañía detrás de Rever Pass y Be Rebel.

 

La empresa ingresó en concurso preventivo con deudas superiores a los $7.000 millones, aunque mantuvo activa su planta de Ricardo Rojas, más de 100 trabajadores y 13 locales comerciales.

En medio de la reestructuración, la propia firma comenzó a reemplazar parte de su matriz productiva por un esquema con mayor participación de productos importados.

 

Una tendencia extendida en el sector

 

El movimiento coincidió con una tendencia presente tanto en los relevamientos industriales como en los comerciales. CAME detectó entre los fabricantes una mayor presión competitiva de productos del exterior y, entre los comercios, una creciente presencia de prendas importadas.

 

El concurso preventivo tampoco significó que las dificultades desaparecieran una vez abierto el expediente. En varios casos, las compañías llegaron a esa instancia con estructuras laborales y productivas muy reducidas.

 

Remeras del Sur, fabricante de indumentaria corporativa para compañías como Claro, Mercedes-Benz, Michelin y Toyota, ingresó en concurso preventivo con un pasivo cercano a los $357 millones. Al momento de iniciar el proceso, mantenía apenas siete empleados.

 

Empresas con pocos trabajadores en actividad

 

En Santa Fe, Texilo SA solicitó su concurso preventivo con deudas superiores a los $2.500 millones. La empresa buscó utilizar el procedimiento para mantener activa su planta de Desvío Arijón y preservar sus 24 puestos de trabajo.

Una situación todavía más extrema atravesó Fisipa, fabricante de hilados sintéticos instalada en la histórica planta de la ex Sniafa, en La Plata.

 

La firma llegó al concurso preventivo con un pasivo de $565,4 millones y solamente ocho trabajadores registrados, una estructura mínima frente a la dimensión que había tenido la planta.

 

La caída del consumo y los costos financieros

 

También Lulea Mindful Athletes, dedicada a la indumentaria deportiva, recurrió durante este año a la Justicia con un pasivo cercano a los $974 millones.

 

Entre los factores señalados por la compañía aparecieron la caída del consumo, los costos financieros y la mayor presencia de productos importados en el mercado argentino.

 

La diferencia entre los casos resultó importante: un concurso preventivo no equivale a una quiebra ni el cierre de una planta significa necesariamente la desaparición completa de una empresa. Sin embargo, durante los primeros ocho meses de 2026, ambas situaciones comenzaron a repetirse dentro de una industria que produjo menos, mantuvo buena parte de sus máquinas detenidas y enfrentó un mercado interno debilitado.

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