Un nuevo tratamiento experimental contra el cáncer de páncreas generó expectativa en la comunidad científica internacional luego de mostrar resultados alentadores en pacientes con enfermedad avanzada. El fármaco, denominado daraxonrasib, logró prolongar de manera significativa la supervivencia en ensayos clínicos y también mostró potencial frente a tumores de pulmón y colon.
El medicamento actuó sobre la proteína KRAS, una alteración genética presente en la mayoría de los tumores pancreáticos y en numerosos cánceres agresivos. Durante décadas, los investigadores consideraron que desarrollar tratamientos contra esa proteína era prácticamente imposible.
Varios especialistas sostuvieron que esta estrategia podría convertirse en “el avance más importante en el tratamiento del cáncer en 15 años”, desde la aparición de la inmunoterapia.
El descubrimiento que cambió décadas de frustraciones
El cáncer de páncreas fue históricamente uno de los diagnósticos más difíciles de tratar. La enfermedad registra muy bajos índices de supervivencia y los tratamientos disponibles ofrecían resultados limitados.
La investigación que derivó en el daraxonrasib atravesó décadas de intentos fallidos y cambios de paradigma científico. Adrienne Cox, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, explicó: “Cada vez que se producía un avance, daba lugar a otro derribo del dogma y a descubrir que lo que todo el mundo daba por cierto, en realidad no lo era”.
La proteína KRAS fue descripta durante años como una “bola grasienta”, imposible de bloquear mediante medicamentos. “Casi todo el mundo pensaba que iba a ser imposible fabricar fármacos contra la KRAS”, afirmó Marina Pasca di Magliano, investigadora de la Universidad de Míchigan.
Sin embargo, distintos grupos científicos avanzaron en estrategias innovadoras hasta encontrar una grieta molecular capaz de permitir el desarrollo de un tratamiento efectivo. Kevan Shokat, científico de la Universidad de California en San Francisco, trabajó durante cinco años analizando cientos de moléculas hasta hallar un punto vulnerable en la proteína.
Resultados alentadores en pacientes
El daraxonrasib fue desarrollado por la empresa Revolution Medicines y actualmente se encuentra bajo revisión acelerada de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). Incluso, algunos pacientes ya accedieron al tratamiento mediante programas especiales.
El ensayo clínico incluyó pacientes con cáncer metastásico que previamente habían recibido quimioterapia. Según informó la compañía, quienes recibieron el nuevo medicamento vivieron en promedio más de 13 meses, frente a menos de siete meses entre quienes continuaron con tratamientos convencionales.
Elizabeth Jaffee, investigadora especializada en cáncer de páncreas en la Universidad Johns Hopkins, sostuvo que este hallazgo representó “el principio, no el final”.
Los especialistas aclararon que el medicamento no constituye una cura definitiva y que algunos pacientes no respondieron al tratamiento. Además, el fármaco puede provocar efectos secundarios como fatiga, náuseas, diarrea y lesiones en la piel.
La historia de una paciente que recuperó expectativas
Entre los casos destacados apareció el de Rhea Caras, una abogada jubilada de California diagnosticada con cáncer de páncreas metastásico en 2023. Luego de recibir quimioterapia, ingresó a un ensayo clínico con daraxonrasib y más de dos años después continuó tomando el medicamento diariamente.
Aunque convivió con efectos adversos, la mujer aseguró que el tratamiento cambió completamente sus expectativas de vida. “Estoy segura de que no estaría viva si no fuera por este medicamento”, expresó. Además, añadió: “Llevo una vida bastante buena, y no me lo esperaba”.
Rhea Caras también reconoció que desconoce cuánto tiempo seguirá funcionando el tratamiento, aunque afirmó que volvió a proyectar su futuro. “Creo que podría morir de otra cosa”, dijo.
Para los científicos que investigaron la proteína KRAS durante más de cuatro décadas, el avance representó una reivindicación después de años de escepticismo. Robert Weinberg, investigador del MIT y uno de los pioneros en el descubrimiento de los genes RAS, resumió el desafío científico con ironía: “Habría estado bien que el Señor nos enviara algo más fácil de medicar”.