Perú vive una definición electoral cargada de incertidumbre tras el balotaje presidencial, donde el conteo rápido arrojó un empate técnico entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, en una elección que se define voto a voto.
Según los primeros datos difundidos por la encuestadora Datum, Sánchez obtenía el 50,14% de los votos frente al 48,86% de Fujimori. Sin embargo, la diferencia de apenas 0,28 puntos se encuentra dentro del margen de error, lo que configura un escenario de total paridad.
En paralelo, el escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) muestra una tendencia distinta en sus primeras cargas. Con cerca del 50% de las mesas escrutadas, Fujimori aparece al frente con el 52,7%, mientras que Sánchez alcanza el 47,3%.
La diferencia entre ambos sistemas de medición y el ingreso progresivo de votos desde distintas regiones del país mantienen abierta la definición y elevan la tensión política.
La palabra de ambos candidatos
En ese contexto, Roberto Sánchez se mostró ante sus seguidores en Lima y se atribuyó la victoria, al considerar que el resultado representa una “recuperación de la democracia”. A su vez, pidió cautela y remarcó que se trata de un escenario de “empate estadístico”.
Por su parte, Fujimori optó por el silencio tras conocerse los primeros datos y suspendió su conferencia de prensa prevista para la noche.
El escenario recuerda a elecciones anteriores en Perú, caracterizadas por definiciones extremadamente ajustadas. De hecho, en 2021 la propia Fujimori había liderado los primeros resultados, pero terminó perdiendo en el conteo final.
La jornada electoral se desarrolló con normalidad, aunque el país enfrenta un contexto de fuerte inestabilidad política, con varios presidentes en la última década y una marcada fragmentación institucional.
Se espera que el resultado definitivo pueda demorarse varios días, ya que el conteo final dependerá del ingreso de actas desde zonas rurales y del exterior.