Un estudiante entrerriano fue distinguido con el Primer Premio Internacional del programa Space Academy Camp de la NASA, tras participar en una competencia global donde jóvenes de distintos países debieron diseñar soluciones innovadoras vinculadas a la exploración espacial.
Se trata de Santiago Folmer, alumno de cuarto año de la Escuela de Educación Técnica Nº 35 “Gral. Don José de San Martín” de Crespo, institución que depende de la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER).
El reconocimiento llegó gracias al proyecto “Red Planet Gem”, una propuesta que planteó la creación de una empresa espacial dedicada a la extracción de minerales en Marte para su posterior transformación en gemas y materiales tecnológicos en la Tierra. La iniciativa fue desarrollada junto a un equipo internacional de estudiantes que debieron asumir distintos roles técnicos para concretar la propuesta.
Un robot para recolectar minerales en Marte
Dentro del equipo, Folmer se desempeñó como ingeniero, participando en el diseño y construcción de un robot encargado de recolectar los materiales en el planeta rojo.
“Dentro del proyecto teníamos que crear una empresa ficticia desde cero que extrajera minerales de Marte para traerlos a la Tierra y comercializarlos”, explicó el estudiante.
El desafío no se limitaba solo a la tecnología. Los equipos también debían plantear la visión, misión y viabilidad del emprendimiento, simulando el funcionamiento real de una empresa vinculada a la industria aeroespacial.
“Nuestro grupo estaba formado por seis personas: dos ingenieros, dos programadores y dos integrantes del área de marketing. Los ingenieros armábamos el robot y conectábamos los componentes electrónicos, los programadores se encargaban de la codificación y los de marketing desarrollaban la empresa y su propuesta de valor”, detalló a Elonce.
El resultado final fue un sistema robótico capaz de recolectar minerales en Marte, que luego serían utilizados para crear joyas y otros productos tecnológicos.
“Nuestra empresa imaginaba joyas hechas con piedras de Marte, que obviamente tendrían un valor muy alto”, comentó el joven.
Cómo fue la experiencia dentro del programa
La experiencia en el programa de la NASA se extendió durante tres días intensivos de trabajo, en los que los estudiantes debieron diseñar, programar y poner en funcionamiento el robot. “Estábamos en aulas donde nos dividían en grupos. Nos entregaban una caja con el robot y tablets para programarlo. A partir de ahí teníamos que pensar cómo armarlo, codificarlo y hacerlo funcionar”, relató Folmer.
Durante las jornadas de trabajo, los participantes recibieron orientaciones iniciales, pero el desarrollo del proyecto dependía completamente de la creatividad y la capacidad de cada equipo. “Nos daban las instrucciones generales y después teníamos que resolver todo nosotros”, explicó.
Una experiencia que despertó vocaciones
Santiago contó que llegó al programa gracias a su madre, quien descubrió la iniciativa en redes sociales y lo animó a participar.
“Mi mamá vio el programa en internet y me preguntó si me interesaba. Me explicó de qué se trataba y me pareció que podía ser una experiencia muy buena, así que decidí intentarlo”, recordó.
Si bien siempre tuvo curiosidad por el espacio, su interés principal estaba ligado a la robótica y la tecnología. “Lo que más me atraía era la parte de robótica e ingeniería. La NASA y la astronomía me llamaban la atención, pero lo que realmente me motivaba era trabajar en el proyecto y construir el robot”, expresó.
La experiencia, aseguró, reforzó aún más esa vocación.
“Todo esto te acerca mucho al mundo de la robótica y la ingeniería”, afirmó.
Un programa para despertar talentos científicos
Daniel Senatore, director general del programa en Argentina, explicó que el Space Academy Camp se desarrolla desde hace más de una década con el objetivo de acercar a los jóvenes a las disciplinas vinculadas al espacio.
“Hace 13 años trabajamos dentro de las instalaciones de la NASA difundiendo este programa. La idea es que los chicos, a edades tempranas, descubran sus talentos a partir de experiencias relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería, el arte y las matemáticas”, señaló.
Según explicó, los estudiantes reciben un desafío inicial que deben resolver mediante el desarrollo de un proyecto completo. “A partir de una necesidad planteada, los chicos deben diseñar un robot y también definir la visión, la misión y el impacto de su proyecto para la humanidad o para problemas globales como el cambio climático”, detalló.
La economía espacial, un campo en expansión
Senatore también destacó que el sector aeroespacial ofrece hoy una enorme diversidad de oportunidades profesionales.
“Todos alguna vez soñamos con llegar al espacio, pero la economía aeroespacial es mucho más amplia. Hoy se necesitan ingenieros, programadores, abogados, diseñadores y creativos”, explicó. En ese sentido, subrayó que el objetivo principal del programa es despertar la curiosidad y descubrir talentos en los jóvenes.
“Lo importante es que los chicos puedan descubrir qué les apasiona antes de elegir una carrera universitaria”, sostuvo.
Un futuro ligado a la tecnología
Para Santiago, la experiencia fue un paso importante en su formación y en la definición de su futuro profesional. Actualmente cursa sus estudios en una escuela técnica, donde la orientación tecnológica ya forma parte de su formación diaria. “Estudio en la Escuela Técnica de Crespo, que justamente tiene una orientación vinculada a la tecnología”, contó.
Después de esta experiencia internacional, el joven entrerriano tiene más claro que nunca el camino que quiere seguir.