REDACCIÓN ELONCE
La alimentación sostenible gana cada vez más espacio en la agenda pública y académica, y comienza a instalarse como una mirada integral que va mucho más allá de las dietas tradicionales. Así lo explicó la licenciada en Nutrición Glenda Inés Mangia, coordinadora del área de Alimentación y Agroecología de la Fundación Cauce, durante una entrevista radial realizada en la ciudad de Paraná.
Mangia destacó que su trabajo apunta a cuestionar el enfoque clásico de la nutrición, centrado únicamente en lo que se puede o no comer. “Nosotros buscamos darle una discusión diferente a la alimentación, porque lo que más conocemos siempre es la alimentación relacionado desde la dieta o de lo que sí y lo que no puedo comer”, señaló.
Desde Fundación Cauce, organización que funciona en Paraná desde 2018, el objetivo es analizar el sistema alimentario de manera completa, desde la producción hasta el descarte. “Nosotros vamos mucho más allá de eso y analizamos el sistema alimentario completo, desde el momento que se produce el alimento hasta que se consume y qué se hace con esos recibos o desperdicios que quedan de la alimentación”, explicó la especialista.
Producción, consumo y conciencia ambiental
En ese sentido, la alimentación sostenible incorpora una dimensión ambiental que interpela tanto a productores como a consumidores. Mangia remarcó que el impacto de lo que comemos no se limita a la salud individual, sino que alcanza al planeta. “No solo desde lo nutricional, sino también qué como yo en el plato y qué impacto tiene para mí y para el planeta”, afirmó.
La nutricionista sostuvo que existe una creciente conciencia social respecto del origen de los alimentos. “Hay una creciente demanda e interés de la sociedad en involucrarse o tener una mirada más crítica”, explicó, y enumeró algunas de las preguntas clave que propone hacerse el consumidor: “esto me alimenta, me hace bien, cómo me cae, qué gusto tiene, quién lo produjo, de adónde viene, cuántos kilómetros recorrió para llegar a mi plato”.
En Entre Ríos, aseguró, ese interés se refleja en el crecimiento de productores agroecológicos y ferias locales, donde el vínculo directo entre quien produce y quien consume se vuelve central.
Beneficios nutricionales y ambientales
Desde el punto de vista de la salud, Mangia explicó que los alimentos producidos de manera agroecológica presentan un mayor valor nutricional. “El alimento que es producido de manera agroecológica lo que tiene es que su valor nutricional está como mucho más potenciado”, señaló, y explicó que esto se debe al respeto por los ciclos naturales y las temporadas.
“Si yo cultivo algo en la temporada que corresponde, el valor nutricional, los nutrientes, los minerales, las vitaminas van a ser mucho más elevados”, remarcó, y advirtió que consumir alimentos fuera de estación no solo es más costoso, sino menos nutritivo.
Además, subrayó que las prácticas agroecológicas mejoran la salud del suelo, lo que repercute directamente en la calidad del alimento y, en consecuencia, en la salud de las personas.
Cómo acceder y producir alimentos agroecológicos
Mangia brindó también recomendaciones prácticas para quienes buscan incorporar la alimentación sostenible en su vida cotidiana. Mencionó ferias y espacios de comercialización en Paraná, como el Parque Gazzano y la cooperativa Tierra de Vida, y remarcó que la agroecología busca precios justos tanto para productores como para consumidores.
Respecto a la producción hogareña, alentó a comenzar con pequeñas huertas según el espacio disponible. “Las aromáticas no fallan”, dijo, y recomendó cultivos como lechuga, tomate, morrón, zapallo y calabaza para quienes cuentan con patio.
También destacó el valor de las legumbres dentro de una alimentación basada en plantas. “La legumbre es un alimento con muy buen aporte proteico”, explicó, y agregó que además “es fijadora de nitrógeno en el suelo”, lo que las convierte en un alimento clave tanto desde lo nutricional como desde lo ambiental.
Un camino que une nutrición y militancia ambiental
Consultada sobre su recorrido personal, Mangia contó que su interés por la alimentación sostenible surge de su militancia ambiental desde la adolescencia. “Empecé en la militancia ambiental, con una organización de jóvenes ambientalistas acá de la ciudad”, relató, y explicó que luego buscó unir ese compromiso con su formación como nutricionista.
“Cuando llegué a la mitad de la carrera, dije, a ver si encuentro alguna manera de unir estos dos mundos que a mí me interesan”, recordó. A través de becas, congresos y formación autodidacta, fue construyendo un perfil profesional enfocado en la alimentación sostenible.