Sociedad Una historia que cambió dos vidas

Viajó a la Patagonia para despejarse, encontró el amor y terminó dando clases entre montañas

Jimena Ontivero viajó cuatro días a Santa Cruz para cambiar de aire y conoció a Santiago Farías. Tras un año de relación a distancia, dejó Mendoza y se instaló en El Chaltén, donde volvió a su vocación y hoy enseña en la única escuela primaria de la localidad.

11 de Septiembre de 2026
Viajó a la Patagonia, encontró el amor y cambió su vida. Los Andes.

Jimena Ontivero viajó a la Patagonia buscando despejarse durante cuatro días y terminó encontrando un nuevo proyecto de vida. La docente mendocina conoció de manera inesperada a Santiago Farías, mantuvo durante un año una relación a distancia y finalmente decidió dejar su vida en Godoy Cruz para instalarse junto a él en El Chaltén, donde actualmente da clases en la única escuela primaria de la localidad.

 

La historia comenzó en marzo de 2025, cuando Jimena, de 33 años, llegó a El Calafate. Atravesaba un momento de replanteos personales y profesionales y había elegido viajar para conocer uno de los destinos que tenía pendientes. En esos días, una aplicación de citas la vinculó con Santiago, también de 33 años, quien trabajaba en un hotel de la zona.

 

 

El primer encuentro estuvo a punto de no concretarse. Habían acordado cenar, pero una excursión de Jimena se extendió y ella no logró llegar a horario. “Nos íbamos a juntar un día antes, habíamos acordado todo. Como había sido su cumple, mi excusa para invitarla a cenar era que iba a ser mi regalo. Pero ella se fue de excursión ese día y no apareció donde habíamos quedado a la hora. Yo pensé que se había arrepentido”, recordó Santiago.

 

Una cena que cambió los planes

 

Finalmente se encontraron la noche siguiente, justo antes de que Jimena regresara a Mendoza. La conexión fue inmediata y Santiago le propuso cancelar el traslado que ella ya tenía reservado hacia el aeropuerto para llevarla personalmente y así compartir algunas horas más.

 

“Fue muy loco como, habiéndonos visto una noche y medio día más, apostamos todo. ¡Y no nos equivocamos!”, resumió Jimena sobre aquel comienzo. Después llegó la despedida y cada uno retomó su rutina a más de 2.000 kilómetros de distancia, publicó Los Andes.

 

 

La docente regresó a Godoy Cruz, donde tenía trabajo, familia, amigos y una vida organizada. Sin embargo, el viaje había producido el cambio que inicialmente había ido a buscar. “Yo hice el viaje al Calafate porque estaba un poco abrumada y espantada a nivel personal y profesional. Sentía que necesitaba un cambio”, recordó. Sobre aquel momento agregó: “Vivía bien, pero no me sentía completa”.

 

Un año de amor a distancia

 

Durante 2025 sostuvieron la relación viajando entre Mendoza y Santa Cruz. Intentaban encontrarse todos los meses, aunque las distancias, los costos y la falta de vuelos directos hicieron que muchas veces pasaran hasta dos meses sin verse.

 

“Él iba a Mendoza, yo venía a Santa Cruz. Viajábamos cuando la plata y la logística nos lo permitía, pero no era fácil. Al no haber vuelos directos, era todo vía Buenos Aires y era subir a dos aviones, conexiones y esas cosas”, explicó Jimena.

 

En marzo de 2026, Santiago viajó a Mendoza para acompañarla durante su cumpleaños y ambos decidieron terminar con la distancia. Jimena resolvió mudarse al sur. “No fue una decisión fácil. Yo vivía en Godoy Cruz y allá tenía toda mi vida: trabajaba como maestra en una primaria, tenía mi rutina, mis amigos, mi familia. Y, aunque me sentía un poco estancada, implicaba salir de mi zona de confort. Pero vi una gran posibilidad y me la jugué”, contó.

 

Una nueva vida en El Chaltén

 

La mudanza se concretó en abril, 13 meses después de aquella primera cena. El plan inicial era instalarse en El Calafate, pero Santiago fue trasladado laboralmente a El Chaltén y el destino terminó ubicándolos en plena cordillera santacruceña.

 

 

Los primeros meses representaron un proceso de adaptación para Jimena. No conocía personas en el lugar y todavía sentía su permanencia como una especie de viaje prolongado. Inicialmente comenzó a trabajar en el mismo hotel donde se desempeñaba su pareja.

 

Con el paso del tiempo comprendió que extrañaba especialmente una parte de su antigua vida: la docencia. “Había decidido tomarme un respiro de la docencia, pero me di cuenta de que la extrañaba. Y decidí volver a las aulas”, relató.

 

Maestra en la única escuela primaria del pueblo

 

En julio regresó formalmente a las aulas y comenzó a trabajar en Los Notros, la única escuela primaria de El Chaltén. Allí quedó al frente de Matemáticas y Ciencias Naturales en dos sextos grados, cada uno integrado por unos 20 alumnos.

 

“Es una escuela muy tranquila, muy ordenada. Y parte de una comunidad muy linda, con un gran esmero de parte de las familias para que los chicos estén en la escuela. Hay un gran compromiso con la educación”, describió Jimena, quien este 11 de septiembre celebró su primer Día del Maestro lejos de Mendoza.

 

Su rutina también cambió por completo. La pareja comienza sus jornadas alrededor de las 6:30 y Santiago lleva a Jimena hasta la escuela antes de dirigirse al hotel, ubicado a pocas cuadras. Al mediodía vuelven a encontrarse para almorzar y, cuando las condiciones meteorológicas lo permiten, aprovechan las tardes para caminar por los paisajes que rodean la localidad.

 

Montañas, tranquilidad y un lugar especial

 

La vida en una pequeña comunidad cordillerana también tiene particularidades. La población estable de El Chaltén varía considerablemente según la temporada y muchos trabajadores permanecen allí solamente durante los meses de mayor actividad turística.

 

Para Jimena, uno de los cambios más importantes estuvo relacionado con el ritmo cotidiano. “Me gusta mucho estar rodeada de tanta tranquilidad. Las horas del día se hacen muy largas. Siento que aprovecho el tiempo súper bien”, expresó.

 

 

Aunque continúa viajando a Mendoza siempre que puede y extraña a familiares y amigos, encontró en el sur una nueva vida junto a Santiago. Y existe un lugar que resume especialmente aquella decisión que comenzó con un viaje de cuatro días: el glaciar Perito Moreno. “Siempre que vamos a Calafate, vamos al glaciar. Es como el ícono del lugar y de nuestro amor también”, concluyó Santiago.

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