La carne vacuna volvió a registrar aumentos en los precios al consumidor durante enero, un fenómeno que se sumó a una tendencia sostenida de encarecimiento y que continuó presionando sobre la inflación y el poder de compra de las familias. En Paraná, el kilo de asado se consigue en carnicerías a valores que oscilan entre los 17.000 y los 22.000 pesos, según el corte y la calidad.
Ante este panorama, Elonce dialogó con un comerciante del rubro cárnico de la capital entrerriana para conocer cómo impactaron las subas en el consumo y cuáles fueron las principales razones detrás del aumento. El responsable de Carnico, Juan Manzur, explicó que el problema del precio de la carne vacuna fue “estructural” y advirtió que la tendencia alcista continuaría.
“Pasando en limpio lo que ocurre con la carne vacuna, el mayor problema es estructural: tenemos la misma cantidad de animales que hace 40 años y cada vez hay más consumidores internacionales”, señaló en relación al aumento del cupo de exportación a Estados Unidos, que incrementó la presión de la demanda externa.
Oferta limitada y mayor demanda
Manzur explicó que “lo que hay es una puja entre la oferta y la demanda” y que, al mantenerse estable la producción ganadera frente a un mayor consumo internacional, los precios inevitablemente subieron. “El consumidor argentino empieza a competir con consumidores del mundo que están dispuestos a pagar más, y eso incide directamente en el precio de la hacienda”, afirmó.
Según detalló, los aumentos se intensificaron desde fines de octubre y noviembre, con subas fuertes y sostenidas. “Esta semana ingresaron nuevos listados de precios de los frigoríficos con incrementos paulatinos y constantes”, sostuvo, y agregó que, a su entender, la carne vacuna “va a seguir subiendo” por la falta de crecimiento en la producción.
Cambios en el consumo
El comerciante advirtió que el impacto más visible se observa en los hábitos de compra. “Hoy la milanesa de carne vacuna es un lujo”, afirmó, y remarcó que cada vez más clientes optan por pollo o cerdo. “Por el precio de un kilo de pulpa especial, que ronda entre 18.000 y 22.000 pesos, una familia puede llevarse cinco o seis kilos de pollo”, comparó.
En esa línea, explicó que en los últimos meses se produjo un traslado del consumo desde la carne vacuna hacia otras proteínas más económicas. “Argentina consume alrededor de 120 kilos de carnes por habitante por año y eso no cambió; lo que está cambiando es la composición de esa canasta”, sostuvo.
Asado: más variedad y calidades
En relación al asado, Manzur indicó que comenzaron a ofrecerse cortes de animales más grandes, categorías que antes no eran habituales en el mostrador, como vaca o novillos grandes, para abaratar costos. “El asado tradicional de novillito ronda hoy entre 17.000 y 22.000 pesos, pero empiezan a aparecer ofertas de otras categorías a 14.000, 15.000 o 16.000 pesos”, explicó.
Finalmente, señaló que el mercado tendería a ofrecer mayor variedad de calidades y precios. “Vamos a tener un asado premium, un asado de novillito, de novillo y de vaca. El verdadero problema no es si sube la carne o el pollo, sino cuándo va a mejorar el poder adquisitivo de la gente”, concluyó.