Sociedad Una mirada sobre los hábitos de lectura y las políticas públicas

Silvina Suárez: “Confío en que somos una comunidad de lectores”

Silvina Suárez y la comunidad de lectores fueron el eje de una charla sobre la Feria del Libro, los jóvenes y las nuevas formas de leer. La narradora valoró el interés de las familias y advirtió sobre la reducción de programas y recursos destinados a escuelas y bibliotecas populares.

18 de Agosto de 2026
Silvina Suárez. Elonce.

REDACCIÓN ELONCE

Silvina Suárez y la comunidad de lectores fueron protagonistas de una conversación que recorrió desde la concurrencia a la reciente Feria del Libro hasta los desafíos que presentan las nuevas tecnologías, la promoción de la lectura entre niños y jóvenes y la situación de las bibliotecas populares. La docente y narradora oral destacó especialmente la diversidad de público que encontró en el evento y consideró alentador que familias completas hayan elegido acercarse a los libros.

 

Me pareció muy bonito la cantidad de gente que circuló, las edades, la diversidad que había, era un abanico”, expresó Suárez al analizar la convocatoria. Además, destacó: “Vi el viernes mucha gurisada, escuelas primarias, escuelas secundarias, y después grupos de familia. Y eso me pone contenta, porque entiendo que la lectura, más allá de que es algo individual, la lectura va desde lo individual a lo colectivo siempre”.

 

La narradora, quien se definió como una “militante de la lectura”, también valoró el protagonismo que tuvieron las editoriales, librerías, escritores y trabajadores culturales de la región. Para Suárez, uno de los aspectos distintivos fue precisamente la territorialidad y la posibilidad de que el público conociera todo aquello que existe detrás de un libro, desde quien escribe hasta quienes ilustran, editan y finalmente permiten que la obra llegue al lector.

 

 

“Confío en que somos una comunidad de lectores”

 

La presencia de personas que no necesariamente son lectores habituales fue uno de los elementos que más esperanzas generó en Suárez. “Es sumamente esperanzador para mí, confío en que somos una comunidad de lectores, a veces nos encontramos, a veces no, acá sí pudimos encontrarnos”, sostuvo al referirse al movimiento que observó durante la feria.

 

Para la promotora de lectura, el simple hecho de acercarse, recorrer un puesto, tomar un libro y abrirlo puede convertirse en el comienzo de una relación diferente con la literatura. “Cuando vi esta gente que paseaba, que miraba, que se contactaba con un libro y que lo abría. Esta es la llave de la comunidad lectora, después hay todo un camino para hacer y ahí es donde entramos los promotores de lectura y demás, hay un camino pero ya por lo menos llegaste hasta ahí, que no es poco”, expresó.

 

La entrevistada también destacó la presencia de producciones locales y editoriales entrerrianas, además del trabajo realizado por las universidades públicas. En ese marco, mencionó la posibilidad de encontrar ejemplares usados o fuera de circulación, algo que consideró relevante en un contexto donde las tiradas editoriales disminuyeron considerablemente respecto de décadas anteriores.

 

 

Jóvenes, redes sociales y el desafío de la inmediatez

 

Uno de los puntos centrales de la conversación fue cómo acercar la lectura a las nuevas generaciones en una época atravesada por TikTok, Instagram, videos breves y contenidos que prometen resolver una historia en pocos minutos. Suárez cuestionó esa lógica cuando pretende trasladarse directamente a los libros.

 

Todos sabemos que vos no podés contar un libro en tres minutos, como tampoco lo podés hacer en una película, es decir, no me querés, me estás pidiendo algo que sabes que no te puedo dar, entonces vamos por otro camino, porque ese no es, el mundo de la inmediatez es tan efímero como la inmediatez misma, y ¿qué te quedó después? Nada”, planteó.

 

Sin embargo, aclaró que no considera a la tecnología como enemiga de la lectura. “Vos sabes que me defino como una militante de la lectura, entonces si la lectura se da en un libro, hermosísima; si la lectura se da a través de la tecnología, yo también lo acepto, porque a mí lo que me interesa es que las personas lean”, remarcó.

 

 

Del celular y los audiolibros al papel

 

Suárez consideró que cada soporte puede transformarse en una puerta de entrada. Por eso, sostuvo que si un adolescente elige inicialmente leer mitología griega desde un celular, lo importante es que efectivamente lea, aunque después pueda ser invitado a conocer el libro físico y las posibilidades que ofrece.

 

También relató experiencias en clubes de lectura donde los participantes recibían textos mediante audiolibros. Según explicó, lejos de eliminar el interés por el ejemplar físico, posteriormente se producía una fuerte atracción cuando aparecía el libro que contenía aquella historia que previamente habían escuchado.

 

Me parece que hay mecanismos que se empiezan a entrelazar que hacen que esa lectura se revalorice”, señaló. Y agregó sobre la experiencia lectora: “La lectura es un proceso, que a vos te quedan cosas. Entonces de esos recuerdos, de esas imágenes, de esas sensaciones que quedaron, se reactivan, y ahí me parece que hay también una magia que solamente la lectura puede discernir”.

 

 

Cómo generar lectores desde la primera infancia

 

Para Suárez, el vínculo debe comenzar desde edades tempranas y no limitarse exclusivamente a enseñar a decodificar palabras. “Si hablamos de primeras infancias y siempre es leerle algo, leerle y hacer una complicidad con la lectura, con el libro y si hay una imagen hablar sobre esa imagen y demás”, recomendó.

 

En ese proceso destacó particularmente los libros-álbum, porque permiten construir una experiencia compartida entre imágenes, palabras y narración. “Por ejemplo, los libro-álbum, a mí me fascinan los libro-álbum, porque arrancas con algo y el que cuenta la historia es el otro. Entonces es un juego, una interacción, vos sabés de dónde partís pero nunca sabés de dónde llegás, eso es muy bueno”, explicó.

 

La lectura compartida, sostuvo, también tiene una dimensión afectiva. Leerle a alguien que está por dormir, que atraviesa un momento de soledad, siente dolor o simplemente necesita compañía puede permitirle salir, al menos durante algunos minutos, de aquello que está atravesando.

 

 

Los libros que dejaron de llegar a las escuelas

 

Al analizar qué leen actualmente los estudiantes, Suárez recordó las políticas públicas que permitieron distribuir colecciones en establecimientos educativos. Mencionó materiales de autores nacionales e internacionales y recordó haber recibido en escuelas secundarias colecciones completas de escritores como Eduardo Galeano y Jorge Luis Borges.

 

Según explicó, también hubo épocas en las que los estudiantes recibían libros al finalizar diferentes etapas educativas: nivel inicial, primaria y secundaria. Entre los autores incluidos recordó a Gustavo Roldán, Silvia Schujer, Laura Devetach y María Elena Walsh. “No importaba si la escuela era técnica, si era nocturna, no importaba. Todos los chicos que terminaban el secundario se iban con un libro”, recordó.

 

Suárez cuestionó la discontinuidad de aquellas políticas y aseguró que la provisión de material fue reduciéndose con el paso de los años. También recordó experiencias en las que docentes pudieron seleccionar títulos adecuados para cada grado y contexto, mediante recursos provenientes de Nación, lo que permitió superar parcialmente la distribución de colecciones idénticas para establecimientos con realidades diferentes.

 

 

La situación de las bibliotecas populares

 

La narradora vinculó la disminución del acceso a libros con las dificultades económicas que atraviesan las bibliotecas populares. Según relató, los recursos destinados a estas instituciones comenzaron a sufrir recortes importantes desde 2016 y actualmente representan una proporción considerablemente menor respecto de períodos anteriores.

 

Y ya el año pasado, te diría que estamos recibiendo un 25% de lo que recibíamos en otro momento”, afirmó. Explicó que las instituciones deben afrontar servicios como electricidad e Internet, además de los costos correspondientes a talleristas y las distintas actividades culturales que ofrecen.

 

Frente a esa situación, señaló que las bibliotecas debieron buscar subsidios municipales y otras alternativas para sostener su funcionamiento. Incluso mencionó que algunas actividades comenzaron a requerir aportes económicos de quienes concurren a los talleres, incluidos los espacios destinados a niños.

 

 

“Leer vale la pena”

 

Hacia el cierre, Suárez eligió compartir un fragmento de La Gran Ocasión, de la escritora argentina Graciela Montes, un material que recordó como parte de aquellos libros que llegaban a las escuelas. Explicó que la autora entiende la lectura como un proceso que comienza incluso antes de que una persona pueda identificar letras.

 

Porque hasta el bebé en la panza, así como puede escuchar música, puede escuchar un cuento y puede escuchar una lectura. Entonces es muy difícil expresar en que momento comienza la lectura”, explicó Suárez sobre esa concepción. Para ella, leer no se limita a decodificar letras, sino que implica aprender a interpretar la realidad.

 

La entrevista terminó, precisamente, con las palabras elegidas para sintetizar esa idea: “Leer vale la pena. Convertirse en lector vale la pena. Lectura a lectura, el lector, todo lector, cualquiera sea su edad, su condición, su circunstancia, se va volviendo más astuto en la búsqueda de los indicios. Más libre en pensamientos. Más ágil en los puntos de vista. Más ancho en horizontes. Dueño de un universo de significaciones más rico, más resistente y de tramas muy sutiles”.

 

Silvina Suárez Plaza Mansilla