Seguir trabajando después de jubilarse en mayo 2026 es una alternativa cada vez más elegida por los argentinos, en un contexto económico que impulsa a muchos a complementar sus ingresos. La legislación previsional vigente permite esta continuidad laboral, aunque bajo condiciones específicas que modifican derechos, obligaciones y el vínculo con el empleador.
Uno de los puntos centrales del esquema legal es que, al acceder a la jubilación, se extingue la relación laboral previa. En caso de que el trabajador continúe en la misma empresa, se inicia un nuevo contrato desde cero, lo que implica la pérdida de la antigüedad acumulada hasta ese momento.
Este cambio no es menor: las eventuales indemnizaciones futuras se calcularán únicamente desde el inicio de esta nueva etapa, dejando sin efecto los años trabajados antes de la jubilación en términos legales.
Nuevo vínculo laboral y pérdida de antigüedad
La normativa establece que seguir trabajando después de jubilarse no implica una continuidad automática del vínculo anterior. Por el contrario, se trata de una nueva relación laboral, sujeta a las condiciones que acuerden ambas partes.
Además, el empleador no está obligado a mantener al trabajador una vez que este accede al beneficio jubilatorio. La decisión de continuar o no en el puesto depende exclusivamente de la voluntad de la empresa.
Este punto genera un escenario más flexible, pero también más incierto para el trabajador, que debe renegociar su permanencia en el empleo bajo nuevas reglas.
Aportes obligatorios sin impacto en la jubilación
Otro aspecto clave de seguir trabajando después de jubilarse es el régimen de aportes. Los jubilados que continúan en relación de dependencia deben realizar un aporte obligatorio del 11% sobre su salario.
Sin embargo, este aporte no se destina a mejorar el haber jubilatorio. Los fondos se dirigen al sistema de empleo y no generan ningún tipo de incremento en la prestación previsional ya otorgada, publicó Iprofesional.
De esta manera, el trabajador percibe simultáneamente su jubilación y su salario, pero sin beneficios adicionales en términos de actualización futura de su ingreso previsional.
Cambios en la cobertura de salud y restricciones
En materia de salud, al concretarse la jubilación, la cobertura pasa a depender del sistema correspondiente a jubilados. La empresa deja de estar obligada a brindar obra social, aunque puede hacerlo de manera opcional como beneficio adicional.
No todos los jubilados pueden reinsertarse en el mercado laboral formal. Existen restricciones para quienes accedieron a beneficios por invalidez o bajo regímenes especiales vinculados a tareas riesgosas o insalubres.
En estos casos, retomar una actividad en relación de dependencia puede implicar la pérdida del beneficio previsional, aunque en algunos escenarios se permite el trabajo autónomo.
Edad, trámites y efectos en el mercado laboral
La legislación también fija límites vinculados a la edad. A partir de los 70 años, el empleador puede intimar al trabajador a iniciar el trámite jubilatorio. Una vez realizada esa intimación, la empresa debe mantener el vínculo laboral hasta que se otorgue la jubilación o por un máximo de un año.
Para quienes desean seguir trabajando después de jubilarse, es necesario realizar un trámite formal que incluye la presentación de documentación, actualización de datos personales y gestión de un turno ante el organismo previsional.
En términos generales, este esquema genera un doble impacto: permite a los trabajadores sostener ingresos y actividad, mientras que para los empleadores implica contratar bajo nuevas condiciones, sin antigüedad acumulada y con menores obligaciones en algunos aspectos.