María Ángeles Iozzi se recibió de médica a los 65 años, después de superar tres diagnósticos oncológicos y atravesar la muerte de dos de las personas que más la acompañaron durante su camino universitario. Comenzó la carrera a los 55 años y, una década después, consiguió cumplir el sueño que había postergado desde su juventud.
Su interés por la medicina había comenzado mucho antes. Mientras cursaba la escuela secundaria en el Colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Anatomía despertó su curiosidad por el cuerpo humano. Su madre incluso había advertido que tenía aptitudes para convertirse en médica.
Sin embargo, a los 16 años consideró demasiado extensa una carrera que demandaba varios años y decidió estudiar el profesorado de enseñanza primaria, que completó en dos años y medio. La medicina, de todos modos, nunca desapareció de sus intereses: durante años concurrió como oyente a cursos dictados en hospitales. “Era solo para mí, pero yo quería enterarme más”, recordó en diálogo con La Nación.
Los primeros diagnósticos de cáncer
La vida de Iozzi estuvo marcada por diferentes situaciones que pusieron a prueba su capacidad para continuar. Después de la muerte de su primer esposo, Hugo, recibió el diagnóstico de su primer cáncer de mama.
La enfermedad apareció mientras atravesaba el duelo y debía reorganizar también su situación económica. “Ahí empezó mi nueva vida de aprender a seguir adelante”, expresó sobre aquella etapa.
Tiempo después se reencontró con Roberto, un novio de juventud con quien mantuvo una relación durante 18 años. Él se convirtió en uno de sus principales apoyos y fue quien la impulsó a retomar aquel antiguo deseo de convertirse en médica.
Empezó Medicina a los 55 años
A los 55 años tomó la decisión. Se anotó en el Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires y comenzó formalmente el camino hacia la Facultad de Medicina.
Uno de los recuerdos más significativos de aquel momento fue la reacción de su madre al enterarse de la inscripción. “Ver su alegría, eso fue inolvidable, no lo olvidaré jamás”, contó.
Pero durante los primeros años universitarios apareció nuevamente la enfermedad. Siete años después del primer episodio oncológico, los controles médicos detectaron un segundo cáncer de mama. Incluso frente a ese diagnóstico, su preocupación estuvo puesta en continuar estudiando. “Le pregunté al oncólogo cuándo podría volver a las clases”, recordó.
“Nunca pensé en abandonar”
Después de someterse a una cirugía y comenzar el correspondiente tratamiento hormonal, retomó los estudios en menos de dos semanas. Roberto se ocupaba de los traslados y sus compañeros colaboraban acercándole el material necesario para continuar cursando.
“Nunca pensé en abandonar; al contrario, sentía más cerca lo que realmente soñaba”, afirmó Iozzi sobre aquella etapa. El ingreso a la Facultad de Medicina se convirtió posteriormente en otro de los grandes momentos de su recorrido académico.
La estudiante encontró además un fuerte acompañamiento entre sus compañeros más jóvenes. Según relató, aprovechó esa energía para avanzar en una carrera que le exigía horas de estudio y una dedicación permanente.
Un tercer cáncer durante la carrera
En 2022 llegó el tercer diagnóstico oncológico. Para entonces, los conocimientos adquiridos durante la carrera le permitían comprender con mayor profundidad lo que sucedía en su propio organismo.
“Era bastante fuerte, interpretar lo que sucede en el propio cuerpo no es fácil de sobrellevar”, reconoció. Debió someterse a una cirugía con vaciamiento axilar y posteriormente afrontar nuevos tratamientos.
En medio de esa etapa también sufrió la muerte de su madre y, posteriormente, la de Roberto, quien atravesaba un tratamiento por cáncer de esófago. Iozzi lo acompañó durante la enfermedad mientras continuaba preparando sus exámenes finales. “No podía defraudar a Roberto, quien me dio mucho impulso”, sostuvo.
El día que cumplió su sueño
Medicina Familiar y Toxicología fueron las últimas materias de la carrera. El 13 de mayo, en el Hospital de Clínicas, rindió el examen oral que terminó de concretar un proyecto que había comenzado años antes.
Sus amigos y hermanos estuvieron presentes en ese momento. Al día siguiente, más de 60 personas participaron de un festejo en Plaza Houssay para celebrar la culminación de su etapa universitaria. “Ya soy médica, aunque a veces me cuesta caer en la realidad”, expresó.
Actualmente, Iozzi transita las Prácticas Finales Obligatorias mientras espera obtener la matrícula definitiva. Después de haber conocido el sistema sanitario como paciente y ahora como profesional, tiene claro qué clase de atención quiere brindar: “Quiero ser la médica que me hubiera gustado encontrar a mí”.
“La edad no es un impedimento para estudiar”
Su historia también se convirtió en un mensaje para quienes consideran que la edad puede transformarse en una barrera para iniciar una carrera universitaria. “La edad no es un impedimento para estudiar”, afirmó.
La nueva médica considera que la disciplina, la vocación y el deseo de alcanzar una meta pueden imponerse frente al paso del tiempo. Su experiencia universitaria estuvo atravesada por enfermedades, tratamientos, duelos y dificultades personales, pero decidió continuar.
“Lo peor que podemos hacer es no intentarlo; quedarse con la duda de qué habría pasado es peor”, reflexionó. Ahora comienza una nueva etapa en la que pretende transformar su propia experiencia como paciente en una herramienta para ejercer una medicina basada en la escucha, la empatía y el acompañamiento.