REDACCIÓN ELONCE
La celebración de San Cayetano tuvo este viernes su momento central en Paraná con la procesión y la misa presidida por el arzobispo, monseñor Raúl Martín, quien planteó que los pedidos por pan y trabajo deben estar acompañados por el compromiso personal de cada creyente para transformar su entorno. “Siempre podemos seguir esperando que de arriba nos ayuden, pero somos los primeros que podemos ofrecer, los primeros que podemos cambiar”, afirmó.
Ante numerosos fieles congregados en la parroquia dedicada al patrono del pan y del trabajo, Martín retomó el lema elegido para la festividad y sintetizó su mensaje en un pedido: “San Cayetano, ayúdanos, enséñanos a ser un poco más humanos”. La homilía puso el foco en la dignidad, la solidaridad y la necesidad de no permanecer indiferentes frente a las dificultades de otras personas.
La ceremonia fue el punto culminante de una jornada atravesada por distintas expresiones de fe. Familias, vecinos y servidores se acercaron durante todo el día al templo para agradecer, dejar intenciones y pedir especialmente por trabajo. Previamente, la procesión había partido desde la Parroquia San Cayetano y recorrido Los Constituyentes, Don Bosco, Suipacha y Gómez del Río, antes de regresar al templo. Elonce transmitió en vivo la peregrinación y la misa central.
“No vinimos a buscar algo mágico”
En el comienzo de su reflexión, Martín hizo referencia a una pregunta que, según contó, vuelve a aparecer cada vez que se celebra al santo de la Providencia. “Los medios tienen una pregunta siempre para hacer. Sabiendo que el santo que hoy celebramos, lo hacemos con mucha alegría, con mucha fe, y es el santo de la Providencia, siempre aparece aquello de: ¿y qué le podemos decir a los que no tienen trabajo?”, expresó.
El arzobispo reconoció que detrás de esa pregunta se encontraba una necesidad concreta que atraviesa la vida cotidiana. “Pan y trabajo, pan y trabajo”, repitió, y señaló que esas dos expresiones involucran muchas de las necesidades fundamentales de las personas. Sin embargo, planteó que la celebración religiosa no debía interpretarse únicamente como la espera de una solución externa.
“Esta tarde no vinimos a buscar algo mágico. Sí vinimos con la certeza de que para Dios nada es imposible y que Dios siempre y cada día en nuestra vida hace milagros”, sostuvo. Y amplió el concepto de milagro hacia situaciones cotidianas: “Milagro es estar vivo, milagro es tener a alguien en quien confiar y alguien que nos ama. Eso es también un milagro de cada día”.
La fe acompañada por una actitud
Para desarrollar esa idea, Martín recordó una carta de San Cayetano que había leído durante la mañana mientras rezaba el breviario. Según explicó, el santo escribió a una hija espiritual acerca de la necesidad de acompañar las plegarias con acciones personales.
“Si vos lo que le pedís a Dios a través de los santos, a través de María, de nada valdría esperar algo si vos no quisieras colaborar con eso que vos pedís”, recordó el arzobispo sobre aquel escrito. Desde esa enseñanza, remarcó que la fe no debía limitarse a formular pedidos.
“Nuestra fe tiene que estar como acompañada de una actitud de nuestra vida, de nuestro corazón, de nuestra conciencia, de que Dios sabe que cada uno de nosotros tenemos algo para hacer, algo para dar”, explicó Martín durante la homilía.
“Tenemos que comenzar cambiando cada uno de nosotros”
El arzobispo vinculó ese compromiso individual con uno de los mandamientos centrales del cristianismo. “¿Qué tengo que hacer para tener la vida eterna? Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”, recordó, y consideró que en esas palabras se encontraba contenido un fuerte llamado a la responsabilidad personal.
“Hay tanto para hacer, ¿por dónde podemos comenzar? Y tendríamos que comenzar cambiando cada uno de nosotros”, sostuvo. Para reforzar ese planteo, evocó una reflexión atribuida a la Madre Teresa ante una pregunta sobre cómo transformar un mundo atravesado por numerosos conflictos.
“Le preguntaron: ‘¿Por dónde podemos comenzar a cambiarlo?’. Y ella dijo: ‘Por mí. Por mí’”, relató. A partir de allí, Martín señaló: “Todos tenemos que empezar a colaborar en lo personal. Sí, tenemos que convertir, es comenzando por mí y no solamente esperando que de arriba nos vengan los cambios”.
San Cayetano y el llamado a “ser más humanos”
La reflexión avanzó entonces hacia el lema que acompañó la celebración de este año. “No en vano, el lema que ustedes eligieron para esta fecha es enseñarnos y ayudarnos, San Cayetano, a ser más humanos”, destacó Martín.
El arzobispo relacionó esa consigna con la dignidad de cada persona y con la posibilidad de aportar a la comunidad. “Somos hermanos y, por lo tanto, tenemos cada uno de nosotros para poder ofrecer. Tanto tenemos para poder cambiar. Tanto podemos nosotros invitar a los demás y a contagiar esto que nos enseña a vivir San Cayetano”, manifestó.
En ese tramo de la homilía también recordó la vida del santo. Señaló que Cayetano había sido “un hombre de alguna manera acomodado” que, sin embargo, logró descubrir las dificultades de quienes lo rodeaban. “Decidió gastar la vida ayudando a los que más lo estaban necesitando y por eso se convirtió también para nosotros, en Argentina de una manera especial, en este santo de la Providencia”, afirmó.
El trabajo, la dignidad y el servicio a los demás
Martín también vinculó el mensaje con la importancia del trabajo para el desarrollo de las personas. “Nuestra dignidad, así como el trabajo nos ayuda a sentirnos más útiles, más plenos, también cada uno de nosotros esto lo va entregando y regalando en el amor que profesamos”, expresó.
Al hablar de San Cayetano, remarcó especialmente su dedicación hacia quienes atravesaban mayores dificultades. “Gastó con humildad su vida por los más necesitados, por los más pobres, por los más débiles, por los más frágiles”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que la vulnerabilidad no debía considerarse como algo ajeno. “Todos tenemos algo de estas cuatro palabras”, expresó ante los fieles, antes de avanzar hacia uno de los pasajes bíblicos que estructuraron su mensaje: la parábola del buen samaritano.
El que decidió no seguir de largo
Martín recordó la historia del hombre que había sido asaltado, golpeado y abandonado al costado del camino. Varias personas pasaron frente a él sin detenerse hasta que alguien decidió acercarse, asistirlo y llevarlo a un lugar donde pudieran continuar ayudándolo.
“Podría seguir de largo como los anteriores. Sin embargo, dice el Evangelio que se compadeció, se compungió por el dolor de este que estaba abandonado. Y entonces, directamente, no dudó. Se bajó de su caballo y se puso a curarlo”, relató el arzobispo.
Desde esa escena, trasladó la reflexión hacia las relaciones cotidianas. “Podría haber sido uno más de los que seguía de largo. Como tantas veces nosotros podemos ir de largo al lado de las tristezas de alguno, podemos seguir de largo de alguno que necesita un oído para escuchar la vida que tiene”, advirtió.
“Tenemos tanto para agradecer y ofrecer”
La homilía no quedó centrada únicamente en las carencias. Martín invitó a reconocer también aquello que cada persona posee y puede brindar a otros. “No nos podemos quedar solamente con lo que nos falta”, manifestó.
“Tenemos tanto para agradecer a Dios, tenemos tanto para ofrecer a los hermanos para poder ir cambiando, tenemos tanto para poder ir construyendo una cultura del encuentro, cuando también tantas otras cosas nos vienen separando”, expresó.
En ese punto, formuló una pregunta a los presentes: “¿Qué podemos esperar? ¿Que de arriba nos vengan a solucionar los problemas, que cambien nuestro corazón mágicamente, que simplemente sea venir y plantearle a Cayetano para que interceda por nosotros a Dios para que nos cambie, cuando el Señor nos regaló un corazón a imagen y semejanza suya con toda la libertad para obrar tanto bien y tanto amor?”.
La “cultura del encuentro” desde los pequeños gestos
Para Martín, esa transformación social debe comenzar en las decisiones cotidianas. “La cultura del encuentro no viene porque venga un viento. Viene porque cada uno de nosotros, aunque nos parezca poco lo que podemos hacer, aportemos ese poquito que acerca corazones”, sostuvo.
El arzobispo utilizó el abrazo como una imagen concreta de ese encuentro. “Muchas veces cuando pensamos en un abrazo para decir un ‘te quiero’, no hacemos otras cosas que hasta físicamente acercar nuestros corazones”, expresó.
“Creo que en la vida de todos los días tenemos mucho de eso, acercar corazones porque tenemos mucho para dar. Sí es verdad que tantos dolores y tantas faltas también de otras tantas cosas, pero qué distinto sería el mundo si cada uno de nosotros pudiera ofrecer un poquito más”, agregó.
“Solos no nos salvamos”
Hacia el cierre, Martín volvió sobre el ejemplo de los santos como personas capaces de mostrar un camino posible. “Los santos son un poco esas huellas y esos caminos que el Señor nos va dejando”, afirmó.
“¿Por qué si ellos se animaron, cada uno de nosotros no lo intenta?”, preguntó. Luego invitó a los fieles a que el pedido realizado durante la festividad estuviera acompañado por una decisión concreta: “Hoy los invito a que al pedirle a San Cayetano que nos ayude y nos enseñe a ser más humanos, también hagamos como una promesa ahí en el corazón, un cambiar de actitud para ser más plena nuestra entrega para todos”.
“Porque solos no nos salvamos. Necesitamos de los demás”, remarcó el arzobispo. Fue allí cuando pronunció una de las definiciones centrales de la celebración: “Cuando hay corazones que quieren hacer el bien, siempre podemos seguir esperando que de arriba nos ayuden, pero somos los primeros que podemos ofrecer, los primeros que podemos cambiar”.
Pedir, agradecer y también comprometerse
La imagen de la procesión, con los fieles caminando detrás de San Cayetano por las calles del barrio, dio marco a un mensaje que buscó trascender el pedido individual por trabajo y bienestar. Para Martín, la devoción debía convertirse también en una disposición concreta hacia quienes atraviesan dificultades.
“Vinimos porque sabemos que Dios nos escucha. Vinimos porque sabemos que como pueblo acercamos corazones. Vinimos porque queremos pedir y agradecer”, expresó durante el tramo final de la homilía.
Pero inmediatamente agregó el elemento que atravesó toda su reflexión: “También queremos venir y comprometernos, como este que se bajó del caballo para asistir al que había sido golpeado”. Así, ante los fieles reunidos por el patrono del pan y del trabajo, monseñor Raúl Martín cerró su mensaje con un llamado a convertir la fe en acciones y a comenzar el cambio desde cada persona.