REDACCIÓN ELONCE
Nahir Galarza habló desde prisión y volvió a quedar en el centro de la escena pública con una entrevista en la que abordó por primera vez en mucho tiempo los aspectos más sensibles de su historia. A casi nueve años del crimen de Fernando Pastorizzo, la joven condenada a prisión perpetua repasó su vida actual dentro de la Unidad Penal de Mujeres, reflexionó sobre el hecho que cambió para siempre su vida y dejó definiciones que rápidamente generaron repercusión en todo el país.
Durante más de una hora, Galarza habló de la culpa, de la condena que cumple desde 2018, de la relación que mantuvo con Pastorizzo, de las secuelas emocionales que arrastra y de la forma en que el caso transformó su identidad pública. Aunque evitó reconstruir en detalle la madrugada del 29 de diciembre de 2017, sí realizó una afirmación que marcó uno de los puntos más relevantes de toda la conversación.
“Soy responsable de quitarle la vida a una persona”, expresó. La frase representa uno de los reconocimientos más contundentes realizados por la joven desde que fue condenada por la Justicia de Entre Ríos por el asesinato de Fernando Pastorizzo en Gualeguaychú.
Una rutina marcada por el encierro
A sus 27 años, la vida de Nahir Galarza transcurre lejos de aquella adolescente que ocupó durante meses las portadas de diarios y noticieros de todo el país. En la actualidad estudia Psicología Social, participa de cursos y busca mantener una rutina que le permita atravesar los años que todavía le restan de condena.
Según contó, sus días están organizados alrededor de actividades educativas y recreativas. “Este año empecé un curso de cocina, otro de gestión jurídica. Voy a yoga también, hago gimnasia, a veces doy clase de gimnasia a las chicas también. Estoy estudiando también este año termino la carrera de psicología social”, relató.
La educación aparece como uno de los pilares centrales de su vida en prisión. Explicó que se encuentra cursando el último año de la carrera y que los estudios le permitieron revisar aspectos de su personalidad y de su historia que antes no había logrado comprender. “Aprendí muchas cosas que pude usarlas conmigo misma”, sostuvo.
La fama involuntaria detrás de los muros
Uno de los aspectos más particulares de su experiencia en prisión fue convivir con una notoriedad que ninguna otra interna poseía.
El caso Nahir Galarza se convirtió en uno de los fenómenos mediáticos más importantes de la historia criminal argentina y esa condición la acompañó incluso dentro de la cárcel.
Según contó, muchas de las mujeres que conoció en prisión ya tenían una imagen formada sobre ella antes de tratarla personalmente. “Pensaban que era de una manera distinta”, recordó.
Incluso explicó que varias compañeras le confesaron que imaginaban una personalidad completamente diferente. “Me han dicho: pensé que eras re asquerosa, re cerrada, re cosas así negativas”, señaló.
Con el paso del tiempo, aseguró que esas percepciones cambiaban cuando lograban conocerla.
Los vínculos construidos en prisión
A diferencia de lo que muchos imaginan, Galarza explicó que logró construir amistades profundas durante los años de encierro. “He hecho amigas que se han ido en libertad y me siguen llamando”, contó.
Sin embargo, también reconoció que la perpetua impone una dinámica particular. Mientras otras mujeres recuperan la libertad, ella continúa detenida. “Por mi condena siempre me pasa que formo vínculos muy cercanos con algunas compañeras y después se terminan yendo”, explicó.
La situación genera despedidas constantes y obliga a reconstruir relaciones una y otra vez. Aun así, aseguró que mantiene contacto con muchas personas que conoció durante estos años.
El aprendizaje de nuevas relaciones
Otro capítulo importante de la entrevista estuvo relacionado con su vida sentimental posterior al crimen.
Galarza reveló que mantuvo relaciones de pareja durante su estadía en prisión y que esas experiencias fueron fundamentales para revisar conductas que antes consideraba normales.
“Los primeros años me costó muchísimo confiar”, reconoció. Explicó que el proceso fue lento y que recién con el tiempo logró entender qué era una relación saludable.
“Conocí a un chico que me enseñó lo que era una relación sana”, afirmó. Según su relato, esas experiencias le permitieron comprender la diferencia entre el apego emocional y los vínculos construidos desde el respeto mutuo.
La revisión de una relación conflictiva
La mayor parte de la entrevista estuvo atravesada por el análisis que hizo sobre la relación que mantuvo con Fernando Pastorizzo.
La joven insistió varias veces en que nunca existió un noviazgo formal entre ambos. “Nunca tuvimos una relación estable, ni formal”, sostuvo.
Explicó que se trataba de una relación intermitente, con encuentros frecuentes, períodos de distanciamiento y constantes reconciliaciones.
Según su descripción, ambos mantenían vínculos con otras personas y nunca llegaron a construir una relación convencional.
Sin embargo, reconoció que aquello no impedía la existencia de una fuerte dependencia emocional.
“Hoy veo cosas que antes creía normales”
Uno de los aspectos que más desarrolló fue la forma en que cambió su mirada sobre aquella etapa de su vida. “Después de tantos años recién ahora he tomado conciencia de un montón de cosas”, afirmó.
La joven aseguró que durante la adolescencia naturalizó comportamientos que hoy considera claramente nocivos. “No sé por qué me comporté así o por qué tuve esa actitud”, reflexionó.
Cuando fue consultada sobre aquello de lo que más se arrepiente, respondió sin rodeos. “Me arrepiento de todo. Hasta de la persona que yo era”.
La frase refleja uno de los conceptos más reiterados a lo largo de toda la entrevista: la distancia emocional que siente respecto de aquella joven de 19 años que protagonizó uno de los casos criminales más resonantes del país.
Amor, dependencia y obsesión
En otro tramo de la conversación fue consultada sobre los sentimientos que tenía hacia Fernando Pastorizzo.
La respuesta mostró una diferencia importante respecto de cómo interpretaba la situación años atrás. “Hoy pensándolo claramente no estaba enamorada”, aseguró.
Ante la insistencia de los entrevistadores, intentó definir con mayor precisión lo que sentía. “Estaba muy apegada”.
Luego profundizó. “Costumbre más que nada”.
Para Galarza, el paso de los años le permitió distinguir entre amor y dependencia emocional. “Hoy puedo saber que amor es otra cosa”, afirmó.
Una relación que no lograba terminar
La condenada también explicó por qué, según su visión actual, no logró alejarse definitivamente de Pastorizzo. “Sabía que estaba mal”, reconoció.
Sin embargo, aseguró que no encontraba herramientas para romper definitivamente el vínculo. “Le decía que no lo quería ver más y él me llamaba un montón de veces, aparecía en mi casa”, relató.
Aunque inmediatamente aclaró que las conductas eran recíprocas. “Sí, yo también lo llamaba”. Esa dinámica, según explicó, terminó generando una relación de dependencia que se prolongó durante años.
El día que cambió todo
Cuando la conversación llegó al 29 de diciembre de 2017, Galarza adoptó una posición mucho más cautelosa.
Insistió varias veces en que no deseaba reconstruir los hechos en detalle. “No sé si sirve de algo que lo vuelva a contar porque ya estoy condenada”, sostuvo.
También argumentó que el paso del tiempo afecta sus recuerdos. “Pasaron muchos años. Hay cosas que ni siquiera me acuerdo”.
Sin embargo, sí dejó en claro que asume responsabilidad por el desenlace fatal. “Soy responsable”. Fue una frase que repitió en varias oportunidades.
La declaración que generó controversia
Uno de los momentos más tensos de la entrevista apareció cuando se abordaron las distintas versiones que brindó durante la investigación judicial.
Galarza sostuvo que la primera confesión fue producto del consejo de su abogado de entonces. “El abogado me llevó a la fiscalía y me dijo: decile que fuiste vos”, aseguró.
Según relató, se encontraba emocionalmente desbordada y sin capacidad para comprender completamente la situación. “No pensaba en nada”, recordó.
Explicó que atravesaba un estado de shock luego de conocer la muerte de Fernando Pastorizzo. “No podía creerlo”, dijo.
La contradicción que atravesó toda la entrevista
A lo largo de la conversación apareció una tensión permanente entre dos afirmaciones. Por un lado, insistió en que varias de sus declaraciones fueron producto de estrategias jurídicas.
Por otro, sostuvo una y otra vez que asume la responsabilidad por la muerte de Pastorizzo. “Hoy entiendo que soy responsable de quitarle la vida a una persona”, afirmó a OLGA.
Los entrevistadores remarcaron esa aparente contradicción en varias oportunidades. Ella respondió que ninguna explicación modificará su situación judicial. “Mi condena está firme”, expresó.
Y agregó: “Nada de lo que diga ahora va a cambiar nada”.