El periodismo deportivo argentino despidió este sábado a Guillermo Salatino, una de las voces más emblemáticas del tenis, quien falleció a los 80 años tras sufrir un infarto, momentos antes de ser sometido a una intervención quirúrgica. Su muerte generó un profundo impacto en el ambiente deportivo, especialmente en el mundo del tenis, al que dedicó más de medio siglo de trabajo ininterrumpido.
Salatino desarrolló una trayectoria excepcional: durante 48 años cubrió 147 torneos de Grand Slam, una marca que difícilmente tenga precedentes a nivel mundial. Su recorrido incluyó 43 coberturas de Wimbledon, otras tantas de Roland Garros y el US Open, además de 18 presencias en el Abierto de Australia, a lo que se sumaron innumerables torneos del circuito profesional, series de Copa Davis y Fed Cup.
Formado como jugador en su juventud, aportó al periodismo un profundo conocimiento técnico del tenis, lo que lo convirtió en un analista riguroso y respetado. Fue testigo directo de la transformación del deporte en la Argentina desde la década del 70, acompañando y difundiendo el fenómeno que impulsó Guillermo Vilas, y luego las grandes gestas de generaciones posteriores, publicó Clarín.
Un referente dentro y fuera de la cancha
Su labor no se limitó a la cobertura de las figuras consagradas. Salatino era conocido por recorrer todos los courts, seguir partidos de primeras rondas y registrar hasta el más mínimo detalle técnico de cada jugador. Era, además, un referente para colegas jóvenes, a quienes orientaba con generosidad en giras y coberturas, en tiempos en los que el trabajo periodístico se realizaba sin las facilidades tecnológicas actuales.
A lo largo de su carrera escribió columnas en los principales medios del país, fue editor de revistas especializadas y publicó su libro de memorias El séptimo game. También tuvo una extensa trayectoria en radio y televisión, donde se destacó por entrevistas profundas y respetuosas, alejadas del golpe bajo o la estridencia.
Vínculos y reconocimientos
Mantuvo relaciones cercanas, con idas y vueltas, con grandes figuras del tenis nacional. Fue especialmente estrecho su vínculo con Gabriela Sabatini, a quien acompañó desde sus inicios hasta su retiro, y cuya carrera cubrió de manera completa. También vivió intensamente la consagración argentina en la Copa Davis 2016, uno de los momentos más emotivos de su vida profesional.
En reconocimiento a su trayectoria, recibió múltiples homenajes. Una de las cabinas del Buenos Aires Lawn Tennis Club lleva su nombre y también fue distinguido por la organización de Wimbledon, un torneo al que consideraba un templo del tenis.
Una vida marcada por la pasión
Más allá de los logros profesionales, atravesó momentos personales muy duros, como la muerte de su hijo Alejandro en 2010 y, más recientemente, la de su esposa María Angélica en 2024, con quien compartió más de cinco décadas de vida.
Fanático de Racing Club y amante del golf en sus últimos años, Salatino se definía como un hombre apasionado, frontal y solidario. Esa personalidad lo convirtió en un “maestro” para varias generaciones de periodistas deportivos.
Su fallecimiento deja un vacío difícil de llenar en el periodismo argentino. Quedan su voz, sus relatos, su ética profesional y una pasión por el tenis que marcó a colegas, deportistas y al público durante más de medio siglo.