REDACCIÓN ELONCE
En este Día del Niño, el bombero voluntario de Paraná Sergio “Chiche” Niz compartió con Elonce una emotiva carta dedicada a sus hijos Facundo, Lionel y Melina, en la que puso en palabras una parte menos visible de la vocación de servicio: las ausencias familiares, las esperas y el esfuerzo de quienes permanecen en casa cada vez que suena una alarma.
“Hoy, en el Día del Niño, quiero escribirles a ustedes, mis hijos, pero también a esos niños que alguna vez fueron y que tantas veces tuvieron que aprender a compartir a su papá con una vocación”, comenzó Niz.
El bombero repasó aquellos momentos familiares que quedaron atravesados por las emergencias. Cumpleaños, actos escolares, reuniones, salidas y noches en familia fueron algunas de las ocasiones en las que un llamado lo obligó a ponerse el uniforme y partir.
“Una parte de mí se quedaba con ustedes”
“Y tantas veces en que sonó una alarma, llegó un llamado o apareció una emergencia y papá tuvo que salir corriendo”, recordó. Mientras él subía al autobomba para asistir a otras personas, sus hijos permanecían esperando su regreso.
Con el paso de los años, Niz reconoció que aquellos recuerdos adquirieron otro significado. “Cada vez que salía, una parte de mí se quedaba con ustedes. Porque detrás del bombero que iba hacia una emergencia había un padre pensando en sus hijos”, expresó.
También recordó sus regresos después de cada intervención. “Muchas veces regresé tarde, cansado, con olor a humo, preocupado o con imágenes difíciles en la cabeza. Y ahí estaban ustedes. Quizás dormidos. Quizás esperando”, escribió.
El pedido de perdón y el agradecimiento
Uno de los pasajes más sentidos de la carta llegó cuando el bombero reconoció que sus hijos también debieron asumir las consecuencias de una vocación que no habían elegido.
“Sé que mi vocación les pidió mucho sin haberla elegido ustedes. Por eso hoy quiero pedirles perdón por aquellos momentos que no pudimos compartir y, sobre todo, darles las gracias”, manifestó.
Luego enumeró: “Gracias por cada espera. Gracias por comprender mis ausencias. Gracias por acostumbrarse al sonido del teléfono, a las salidas inesperadas y a escuchar tantas veces: ‘Papá tiene que ir a una intervención’”.
Niz destacó que ser bombero le permitió asistir a personas en situaciones extremas, salvar vidas y acompañar a familias durante momentos difíciles. Sin embargo, dejó en claro cuál fue siempre su prioridad: “Ser su papá siempre fue, es y será el título más importante de mi vida”.
“Ustedes también fueron parte de cada servicio”
En otro tramo, reflexionó sobre el momento en que finalmente llegue el retiro. “El uniforme algún día quedará guardado. El casco descansará. Las sirenas dejarán de llamarme. Pero ser su papá será para siempre”, escribió.
Además, admitió que, si pudiera regresar en el tiempo, volvería a elegir su vocación, aunque intentaría permanecer más tiempo junto a sus hijos, abrazarlos más y recordarles con mayor frecuencia cuánto los ama.
“Detrás de cada intervención que realizó este bombero, hubo hijos que también hicieron un sacrificio silencioso. Ustedes también fueron parte de cada servicio. Fueron mi motivo para cuidarme y regresar a casa”, expresó.
“Antes que bombero, soy el papá de ustedes”
Facundo, Lionel y Melina ya crecieron, pero Niz aseguró que todavía conserva la imagen de aquellos niños que esperaban su regreso después de cada emergencia.
“Hoy ya crecieron, pero para mí siempre seguirá viviendo aquel niño que esperaba a papá, aquella mirada, aquel abrazo cuando finalmente abría la puerta y volvía”, manifestó.
Finalmente, resumió su mensaje con tres frases: “Perdón por las veces que falté. Gracias por las veces que esperaron. Y gracias, sobre todo, por quererme y acompañarme en esta vida de servicio”.
Y cerró la carta con una definición que sintetizó su vínculo entre la familia y la vocación: “Mientras tenga vida, siempre voy a estar orgulloso de poder decir que, antes que bombero, antes que cualquier uniforme, cargo o reconocimiento… soy el papá de ustedes. Feliz Día del Niño, hijos míos”.