REDACCIÓN ELONCE
Durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, el sonido estruendoso de los fuegos artificiales no solo asusta a los animales, sino que también representa una amenaza para los niños con autismo. Estos pequeños, que a menudo tienen una mayor sensibilidad auditiva, pueden experimentar crisis severas cuando se enfrentan a los ruidos fuertes generados por la pirotecnia. Para muchos, este tipo de estímulos puede desencadenar reacciones emocionales y físicas que van desde el llanto y la ansiedad hasta convulsiones.
Amaru Méndez, especialista y madre de una niña con autismo, ha sido una de las voces más destacadas en la lucha por concientizar sobre los efectos negativos de los fuegos artificiales. Según explica, los niños con autismo pueden percibir los sonidos de los fuegos artificiales hasta siete veces más intensos que el resto de las personas. "Esto les provoca dolor físico y emocional, especialmente a aquellos que no pueden expresarse verbalmente", comenta Méndez. La campaña, que lleva años promoviendo, busca crear conciencia en la sociedad sobre los peligros de la pirotecnia para este colectivo vulnerable.
Avances en las normativas y leyes para limitar los fuegos artificiales
En respuesta a la creciente preocupación, diversas ciudades y provincias han comenzado a implementar regulaciones que limitan el uso de fuegos artificiales de alto impacto sonoro. En la ciudad de Paraná, por ejemplo, se aprobó una ordenanza que restringe la venta y el uso de pirotecnia ruidosa, promoviendo alternativas más seguras y menos invasivas. "El objetivo es que las celebraciones se puedan disfrutar sin generar daños a quienes tienen sensibilidad auditiva, como es el caso de muchos niños con autismo", explica Méndez.
El movimiento en favor de la pirotecnia con menor impacto sonoro ha logrado ciertos avances, pero aún queda un largo camino por recorrer. Muchas familias de niños con autismo siguen enfrentándose a dificultades durante las fiestas. De hecho, para muchas de estas familias, la llegada de las festividades no solo significa alegría, sino también incertidumbre y temor a los efectos de los fuegos artificiales en sus hijos. En años anteriores, las familias se veían obligadas a tomar medidas extremas, como quedarse dentro de sus hogares con las ventanas cerradas o usar auriculares para reducir el ruido.
Concientización y solidaridad social en aumento
A pesar de las dificultades, Amaru Méndez se muestra optimista con los avances logrados hasta el momento. Según la especialista, las campañas de concientización han ayudado a aumentar la empatía de la sociedad hacia las familias que viven con niños con autismo. "Hoy, la gente es más consciente de lo que sucede durante las fiestas. Ya no es raro ver carteles en los comercios que venden pirotecnia que señalan 'solo luces' o 'productos de bajo impacto sonoro'", destaca.
Además, Méndez menciona que este cambio de mentalidad ha sido fundamental para la inclusión de las personas con autismo en las celebraciones sin generarles sufrimiento. "Hoy podemos decir que hemos avanzado mucho, aunque aún hay quienes se resisten a aceptar estas limitaciones. Sin embargo, lo que está claro es que los beneficios de usar fuegos artificiales menos ruidosos superan cualquier inconveniente", concluye.