REDACCIÓN ELONCE
Se celebra este lunes el Día Mundial del Pescador. Es por eso que la palabra de quienes hacen del río su lugar de trabajo y de vida cobra especial relevancia. Desde Puerto Sánchez, uno de los barrios históricos ligados a la pesca en Paraná, Mingo Mato González contó cómo es vivir de esta labor.
“La vida no ha sido fácil, en general, para los pescadores. Siempre hay dificultades y contras”, dijo a Elonce. Las condiciones climáticas extremas, como el calor agobiante en verano y el frío intenso en invierno, se suman a los cambios que presenta el río. “Puede haber pescado, pero no hay carnada. Entonces se nos complica todo cuando hay bajante”, explicó.
La rutina del pescador comienza de madrugada. Muchos salen alrededor de las cinco y regresan por la tarde; otros continúan la jornada durante la noche. En su caso, Mingo comentó que pasó gran parte de su vida en la isla, incluso más tiempo allí que en su propia casa. La pesca no es solo un oficio, sino una tradición familiar profundamente arraigada: “Toda mi familia se dedica a algo vinculado, o a la pesca o a hacer empanadas de pescado para vender”.
Desde muy chico, el trabajo estuvo presente. “Ayudábamos a mi papá y así empecé”, contó. Hoy, pese a seguir pescando, reconoce que la situación económica es cada vez más compleja. “La vida está difícil, la moneda que uno hace se gasta enseguida”, aseguró. Con el paso de los años, el cuerpo también pasa factura: “Cuando uno es joven sale mucho más a pescar, pero cuando va creciendo se va cansando”.
A pesar de las adversidades, Mingo destacó un valor que permanece intacto: la camaradería. “El pescador comparte mucho, los mates, las charlas. No nos interesa el calor, los mosquitos y demás. Cuando uno está con su gente lo disfruta”. En esa convivencia diaria, el río no solo da sustento, sino también identidad. “Lo que destaco son los pescadores amigos que tengo y conservo”, expresó. Elonce.com