REDACCIÓN ELONCE
C. C. , denunció abusos de su tío durante su niñez y pide que la causa no prescriba. La mujer, oriunda de Concordia, afirmó que los hechos comenzaron cuando tenía aproximadamente ocho años y se extendieron hasta los 14. Recién a los 28 pudo presentarse ante la Fiscalía, el 30 de marzo de 2023, después de un largo proceso personal.
Hoy su principal preocupación está puesta en el futuro judicial del expediente. Según explicó en diálogo con Elonce, teme que el paso del tiempo derive en la prescripción de la causa y reclama que Casación escuche su planteo. “Lo que yo necesito es ser escuchada, que Casación me escuche y que no lo prescriba aún”, manifestó.
C. C. sostuvo que durante la investigación se realizaron pericias y se incorporaron testimonios que, según su interpretación del expediente, respaldaron su denuncia. “Ya está todo demostrado, ya está en todos los papeles”, afirmó. Su pedido, remarcó, es que el proceso pueda continuar y exista una respuesta judicial sobre los hechos denunciados.
Una infancia atravesada por el silencio
Al reconstruir su historia, C. C. contó que los abusos denunciados habrían ocurrido cuando permanecía en la casa de sus abuelos y señaló como responsable a un hermano de su madre. “Desde más o menos los 8 años a los 14 sufrí abusos”, relató.
Uno de los recuerdos más dolorosos que conserva corresponde a cuando tenía nueve años. C. C. describió un episodio de abuso sexual con acceso carnal y aseguró que todavía experimenta consecuencias físicas cuando vuelve mentalmente sobre aquel momento. “Al día de hoy, cuando lo recuerdo, al parecer mi cuerpo somatiza hasta el dolor, el mismo dolor que sentí en ese momento”, expresó.
La mujer recordó que aquella mañana pidió excepcionalmente que llamaran a su madre para que fuera a buscarla. “Ese día llegué a mi casa, me acuerdo. Vomité mucho cuando llegué a mi casa. Mi mamá me retaba porque decía que yo comía mucho en la casa de mis abuelos. Escondí la bombacha con sangre. Me di una ducha y seguí mi vida”, relató.
“Siempre volví a ir”
C. C. explicó que durante años se preguntó por qué regresaba a aquella vivienda pese a lo que, según denunció, sucedía allí. Contó que tenía una relación especialmente cercana con sus abuelos y que era la única nieta mujer entre varios nietos varones. Esa convivencia de afectos y situaciones que no podía comprender, sostuvo, marcó su infancia.
“Siempre me planteo yo por qué seguí yendo, por qué seguí teniendo relación o por qué no evitás, por qué no decís o por qué no contás”, reconoció. Con el tiempo y mediante terapia, afirmó, comenzó a comprender la dimensión de aquello que había atravesado siendo niña.
“Fui entendiendo, a medida de terapia y trabajo personal, que esto no era culpa mía, que era una nena. Con 8 años no tenemos los materiales de defensa necesarios como para defender un acto semejante o para entenderlo”, expresó.
El cuerpo como señal de aquello que no podía contar
Los vómitos que experimentaba durante su infancia quedaron grabados entre sus recuerdos. Durante años, contó, esas situaciones fueron relacionadas por su entorno con la comida. Recién mucho después les otorgó otra interpretación a partir del trabajo terapéutico.
“Cada vez que salía, me iba de la casa de mis abuelos, me daban vómitos. Mucho tiempo después entendí con terapia que esos vómitos eran una reacción del cuerpo a lo que pasaba”, sostuvo C. C. a Elonce.
El proceso para poder hablar sobre los abusos denunciados fue prolongado. C. C. contó que la primera persona de su entorno íntimo a quien pudo revelarle lo sucedido fue su esposo, después de atravesar una crisis de salud en 2020. Según relató, llegó a permanecer internada en terapia intensiva luego de sufrir una parálisis de la mitad derecha del cuerpo, sin que los estudios encontraran inicialmente una causa orgánica.
Tres años hasta llegar a la Fiscalía
Después de aquella crisis, C. C. consiguió contarle a su marido lo que aseguraba haber vivido. “Mi esposo me respetó y me dijo que él me iba a acompañar, que no iba a decir nada, que me iba a acompañar hasta cuando yo me sintiera segura de hacer la denuncia, pero que yo tenía que hacer la denuncia”, recordó.
Durante los tres años siguientes, señaló, continuó procesando la posibilidad de acudir a la Justicia. Uno de sus mayores temores estaba relacionado con las consecuencias que la denuncia podría generar dentro de su propia familia y, especialmente, con los vínculos que mantenía con su padre y su abuelo.
El momento decisivo llegó en marzo de 2023. Durante su cumpleaños número 28 se produjo una discusión porque ella se negó a participar de una celebración familiar. “Ahí fue que me animé a decir por qué no quería ir”, recordó.
“Me senté en Fiscalía y dije que quería denunciar”
Diez días después de su cumpleaños tomó la decisión que había postergado durante años. “No me presenté con abogados, nada. Yo fui, me senté en Fiscalía y dije que quería hacer la denuncia. La hice el 30 de marzo del 2023”, relató.
A partir de entonces comenzó la etapa investigativa y buscó representación legal. C. C. contó que eligió como abogada a Brenda Víctor, a quien conocía previamente, para acompañarla durante el proceso judicial.
La investigación incorporó diferentes elementos y testimonios. Entre ellos, C. C. destacó especialmente el aporte de una antigua compañera de escuela, actualmente radicada en Brasil, con quien llevaba muchos años sin mantener contacto.
Un mensaje que la remontó a sus nueve años
Según relató, aquella mujer se comunicó después de una publicación que C. C. realizó en Facebook tras efectuar la denuncia. La excompañera le aseguró que finalmente comprendía algo que C. C. le había contado cuando ambas tenían entre nueve y diez años.
“Yo no me acordaba de haber solicitado ayuda, no me acordaba de haberle contado a alguien”, reconoció. Para C. C. , aquel testimonio tuvo un impacto especial porque provenía de una persona que había estado fuera de su vida durante mucho tiempo.
La mujer sostuvo que ese episodio también reforzó su indignación frente a quienes cuestionaron públicamente su relato. “Eso es lo que a mí me da mucha bronca, que hoy en día ensucien mi imagen diciendo que yo invento esto o que soy fabuladora o que estoy desquiciada o que soy loca”, expresó.
Las consecuencias que permanecieron en su vida adulta
C. C. aseguró que el proceso iniciado a partir de la denuncia estuvo acompañado por noches sin dormir, recuerdos y sueños relacionados con lo vivido. También explicó que convertirse en madre de dos niñas despertó temores que vincula directamente con su propia infancia.
“Soy mamá y eso es lo que más me pesa, no haber podido disfrutar mis hijas por sentirme culpable de que sean nenas y sentir culpa de haber traído dos nenas al mundo a que les pasara lo mismo que a mí”, manifestó.
Contó, además, que esa preocupación derivó en una actitud de permanente protección hacia sus hijas. Según explicó, durante mucho tiempo prácticamente no permitió que quedaran al cuidado de personas que no fueran sus padres o su hermano.
El temor a la prescripción
Actualmente, la preocupación de C. C. está concentrada en los plazos judiciales. La mujer atribuyó el riesgo de prescripción a un cambio jurisprudencial producido en 2025, aunque durante la entrevista aclaró que desconocía su naturaleza jurídica exacta.
Por ese motivo, pidió que Casación analice el expediente y permita que la causa continúe. “No sé qué más puedo hacer más que pedir que me dé la posibilidad de que no prescriba”, expresó a Elonce.
“No pido diez años de prisión”, aclaró. Su expectativa, sostuvo, pasa por obtener una respuesta que reconozca el valor de su palabra y que el caso pueda llegar a una instancia judicial definitiva.
“Necesito ser escuchada”
C. C. también denunció haber atravesado situaciones de hostigamiento desde que decidió hacer pública su acusación. Afirmó que personas de su propia familia cuestionaron su relato y que los conflictos alcanzaron a su esposo y a sus hijas.
“Se han metido con mis hijas, se han metido con mi esposo, con toda mi familia”, aseguró. Además, denunció episodios de persecución y daños materiales: “Han llegado hasta romperme vidrios del auto estacionado acá afuera de mi casa, nos han perseguido, de todo”.
Frente a ese escenario, sintetizó su pedido en la posibilidad de ser escuchada por la Justicia antes de que una eventual prescripción cierre definitivamente el expediente. “Yo creo que el daño que me hicieron ya está, pero para qué seguir haciéndome daño aún hoy”, expresó a Elonce.
Una denuncia presentada 20 años después
Desde los primeros hechos que C. C. ubicó alrededor de sus ocho años hasta la denuncia transcurrieron aproximadamente dos décadas. Ella tenía 28 cuando finalmente acudió a Fiscalía y puso en conocimiento de la Justicia los abusos que afirmó haber sufrido durante su infancia.
Su testimonio expuso también el proceso personal detrás de esa demora: el silencio durante la niñez, los vínculos familiares, el miedo a las consecuencias, la terapia, la crisis que atravesó en 2020 y el acompañamiento de su esposo hasta poder formalizar la acusación.
Ahora, más de tres años después de aquella presentación judicial, C. C. espera una definición sobre la continuidad del expediente. “Lo único que quiero es que se pague un poquito de todo lo que me hicieron”, concluyó al pedir que su denuncia no quede cerrada por el transcurso del tiempo.