REDACCIÓN ELONCE
El asma y los hábitos para prevenir crisis respiratorias estuvieron en el centro de las recomendaciones brindadas por el doctor Ariel Gómez, especialista en clínica médica del Sanatorio Adventista del Plata.
En diálogo con Elonce, explicó que identificar los factores que desencadenan los episodios, cuidar el ambiente del hogar, utilizar correctamente la medicación y contar con un plan de acción son medidas fundamentales para mantener controlada la enfermedad.
Con la transición entre el invierno y la primavera, los cambios de temperatura, la humedad y la presencia de diferentes partículas ambientales pueden generar dificultades adicionales para quienes padecen enfermedades respiratorias.
“Justamente el clima no favorece demasiado a los pacientes que son asmáticos”, señaló Gómez al explicar por qué resulta importante extremar determinados cuidados durante esta época.
El especialista definió al asma como una afección respiratoria en la que existe una inflamación crónica de los bronquios, las estructuras encargadas de conducir el aire hacia los pulmones. “Para decirlo de manera sencilla, son la tubería que lleva el aire desde que inspiramos hasta los alvéolos, que es donde se produce el intercambio gaseoso y donde se oxigena la sangre”, describió.
Qué ocurre en los bronquios de una persona con asma
En los pacientes asmáticos, esa “tubería” permanece inflamada. “La pared está más gruesa, tienen un poco más de moco que lo habitual y, en ocasiones, el músculo que también forma parte de la vía aérea se contrae”, detalló el médico. Es entonces cuando pueden aparecer los episodios sintomáticos.
Una de las manifestaciones características son los silbidos o “chillidos” en el pecho, conocidos médicamente como sibilancias. Sin embargo, la intensidad de los síntomas puede variar considerablemente. Algunas personas atraviesan manifestaciones leves, incluso principalmente durante la noche, mientras que otras pueden desarrollar dificultades respiratorias importantes.
“En otras ocasiones puede llevar a problemas mayores, como falta de aire, respiración rápida y que las palabras o las frases salgan entrecortadas”, advirtió Gómez. Una escena sencilla permite reconocer la gravedad: “Un paciente que está en un episodio no te puede hablar de corrido porque entre medio tiene que respirar”.
Las señales que indican que hay que acudir a una guardia
La dificultad para mantener una conversación no es la única señal de alarma. El médico mencionó también la coloración azulada de los labios, denominada cianosis. “Los labios se ponen cianóticos, de un color azulado, y en esos casos hay que recurrir a la guardia”, explicó.
Sin embargo, el objetivo del tratamiento y de las medidas preventivas es evitar llegar a ese punto. “La idea de los consejos que vamos a dar es que no haya que recurrir a la guardia o que haya que recurrir lo menos posible, con la menor cantidad de riesgos”, sostuvo.
La prevención comienza mucho antes de una crisis y exige conocer cómo responde cada organismo. Para Gómez, una de las claves es identificar qué elementos o situaciones provocan síntomas en cada paciente. Lo sintetizó con una expresión directa: “Hay que buscar cuál es nuestro enemigo personal”.
Perfumes, polvo, humedad y humo: los posibles desencadenantes
Los factores capaces de desencadenar una crisis son numerosos y no afectan a todas las personas de la misma manera. “Muchas veces los episodios de asma se gatillan por alguna razón, por alguna exposición que tenemos a ciertos elementos”, indicó Gómez. En esa lista incluyó perfumes, aerosoles y desodorantes, además de diferentes condiciones ambientales.
La humedad es uno de los factores que merece atención. “Estos días de humedad han sido muy malos para los pacientes asmáticos”, señaló. Pero el extremo opuesto también puede generar inconvenientes: durante períodos muy secos, el polvo suspendido en el aire puede convertirse en un desencadenante, particularmente en sectores donde existen calles sin pavimentar.
El moho presente en paredes constituye otro elemento a controlar. A esto se suman situaciones que no siempre resultan tan evidentes, como la actividad física intensa. El especialista aclaró, no obstante, que tener asma no implica abandonar el ejercicio. Si la actividad física provoca síntomas, lo importante es comunicarlo al médico para adecuar las medidas de prevención y el tratamiento.
Tener asma no significa dejar de hacer actividad física
“¿Significa esto que no tienen que hacer actividad física quienes son asmáticos? No”, remarcó Gómez. Lo que se requiere, explicó, es “tener especial cuidado” y advertir al profesional cuando el esfuerzo físico funciona como desencadenante de un episodio.
Las emociones fuertes también pueden favorecer la aparición de síntomas en determinadas personas. Lo mismo sucede con el humo proveniente de fábricas, quemas u otras fuentes de contaminación ambiental. Dentro de las viviendas, en tanto, existen otros factores que pueden controlarse con decisiones cotidianas.
Las mascotas forman parte de ese análisis. Gómez reconoció que en muchos hogares son consideradas un integrante más de la familia, pero aconsejó tomar precauciones cuando conviven con una persona asmática. “Tal vez habría que tener la precaución de que las mascotas queden afuera o por lo menos no en el dormitorio”, señaló, especialmente cuando se identificó que el contacto con el animal agrava los síntomas.
Cigarrillo y asma: por qué fumar en otra habitación no alcanza
Entre todos los factores ambientales, Gómez hizo especial hincapié en el humo del cigarrillo. “El cigarrillo lo quiero recalcar de manera especial”, afirmó. La recomendación alcanza no solamente al paciente, sino a todas las personas que comparten el hogar.
El médico cuestionó una práctica frecuente: creer que basta con fumar lejos de la habitación donde se encuentra la persona asmática. “A veces hay personas que tienen el concepto: ‘Bueno, si mi hijo está en la pieza, yo puedo fumar en la cocina’. Papás, invitados, personas que vengan a casa, si hay alguien que sea asmático, si existe la necesidad imperiosa de fumar, será en el jardín, en el balcón”, indicó.
Incluso hacerlo junto a una ventana abierta puede no ser suficiente, ya que el humo puede ingresar nuevamente al ambiente. La premisa, por lo tanto, es reducir al máximo la exposición. Esto no supone que la persona con asma tenga que aislarse del exterior. “No hay que vivir encerrados, pero sí estar atentos para poder evitar” los desencadenantes, resumió Gómez.
El dormitorio, un espacio clave para la prevención
Una parte importante de las medidas preventivas se concentra dentro de la vivienda y, especialmente, en el lugar donde se duerme. La ventilación adecuada ocupa un lugar central. A ello se agrega el cuidado de la ropa de cama y de los objetos capaces de acumular polvo.
Gómez recomendó evitar determinados acolchados con superficies que retienen partículas, lavar las sábanas con frecuencia y reducir la presencia de peluches en las habitaciones infantiles. “Por más que a los chicos les guste, juntan polvo”, explicó.
También aconsejó “tratar de usar la aspiradora en vez de barrer” y reducir o eliminar las alfombras, especialmente en los dormitorios. Controlar la humedad mediante medidas adecuadas y mantener los ambientes libres de humo completan una estrategia que apunta a disminuir la exposición cotidiana a posibles desencadenantes.
Inhaladores: tener el medicamento no alcanza si se utiliza mal
El tratamiento farmacológico constituye otro de los pilares del control del asma, pero Gómez puso el foco en un aspecto que puede pasar inadvertido: la técnica con la que se utilizan los dispositivos inhalatorios. Existen distintos modelos y cada uno posee particularidades que el paciente debe conocer.
“En general son fáciles de usar, pero si los usamos mal, que a veces sucede, es como tener el comprimido en casa que me recetó el médico para la hipertensión y no tomarlo, porque si lo hacemos mal no funciona”, graficó.
Ante cualquier duda, aconsejó consultar al médico o al farmacéutico. Una alternativa práctica consiste en llevar el dispositivo a la consulta y utilizarlo delante del profesional para que pueda detectar y corregir errores. En algunos aerosoles, por ejemplo, la técnica requiere agitarlos antes de administrarlos, mientras que otros dispositivos funcionan de manera diferente.
El papel de las aerocámaras en el tratamiento
Las aerocámaras también pueden resultar importantes para facilitar una administración adecuada de la medicación inhalatoria. “Para muchas personas es necesario el uso de aerocámaras, se recomienda muchísimo”, explicó el especialista.
Estos dispositivos permiten conectar el aerosol con una cámara desde la cual el paciente inhala el medicamento. Gómez destacó particularmente su utilización en niños y adultos, aunque señaló que puede ser una herramienta útil para diferentes pacientes de acuerdo con las indicaciones médicas.
El especialista evitó recomendar medicamentos específicos porque el tratamiento debe ser definido de manera individual. Sí consideró fundamental comprender que, en términos generales, existen medicamentos destinados al control preventivo y otros utilizados como rescate cuando aparecen los síntomas.
Sentirse bien no significa abandonar la medicación
“Hay medicamentos que son preventivos y hay medicamentos que son de rescate”, explicó Gómez. Los primeros pueden requerir una utilización diaria, según la indicación médica, mientras que los segundos forman parte del esquema establecido para responder ante la aparición de síntomas.
En este punto dejó una de las advertencias centrales de la entrevista: “Si mi médico me dio un medicamento que es preventivo, lo tengo que usar todos los días. En general, una o dos veces por día. Y si me siento bien, no significa que puedo abandonar la medicación”.
El esquema concreto puede variar entre pacientes y debe ser establecido con el profesional de cabecera. “Tenemos medicación que todos los días se usa y tenemos medicación que se usa en el momento que tenemos el episodio sintomático”, diferenció. Por esa razón, conocer para qué sirve cada dispositivo resulta tan importante como saber utilizarlo.
Qué hacer cuando comienzan los primeros síntomas
El control del asma también requiere anticipación. Para Gómez, una persona diagnosticada —o los adultos responsables cuando se trata de un niño— debería reconocer cuáles son los primeros signos de una crisis y saber de antemano cómo actuar.
“Cuando empiezan los primeros síntomas, no dejarse estar y ya utilizar la medicación de rescate y tener un plan”, recomendó, siempre siguiendo las indicaciones previamente establecidas por el médico tratante.
En el hogar, puede resultar relativamente sencillo saber dónde recurrir. Sin embargo, el escenario cambia durante un viaje de vacaciones o de trabajo. El especialista recomendó identificar previamente dónde existe una guardia disponible y con capacidad para atender una eventual complicación respiratoria. Esa información evita tener que buscar respuestas en medio de una situación de angustia.
Un plan familiar para evitar que los nervios agraven la crisis
La preparación también debe involucrar a quienes conviven con el paciente. “Es importante para las personas que conviven con una persona asmática saber cuál es la medicación de rescate, saber dónde está guardada”, sostuvo Gómez.
Aunque parezcan detalles elementales, adquieren otra dimensión cuando alguien atraviesa un broncoespasmo y presenta dificultad para respirar. “De repente son cosas muy sencillas, pero cuando nos ponemos nerviosos, todo tiene que fluir de la mejor manera para que eso no incremente los riesgos de la persona que está sufriendo el episodio”, explicó.
Por eso, el plan debe ser concreto: reconocer los síntomas, conocer la medicación indicada, saber cómo administrarla y tener definido cuándo y dónde buscar asistencia médica. La combinación de prevención, tratamiento y organización permite disminuir la incertidumbre frente a una crisis.
“Un paciente asmático puede desarrollar su vida sin limitaciones”
El mensaje final del especialista estuvo dirigido a evitar que el diagnóstico se transforme en una barrera para la vida cotidiana. Los avances terapéuticos permiten actualmente mantener controlada la enfermedad en una amplia proporción de los pacientes.
“Un paciente asmático puede desarrollar su vida de manera natural, sin limitaciones. Elegir su deporte, irse de vacaciones, no debería estar condicionado”, afirmó Gómez. Para conseguirlo, insistió en mantener ciertas precauciones, reconocer las señales de alerta y cumplir con las indicaciones médicas.
Según explicó, queda “un segmento muy chiquito de pacientes asmáticos que tienen problemas más graves” y necesitan seguimiento por neumología y tratamientos más específicos. Incluso en esos casos, sostuvo que las posibilidades terapéuticas actuales permiten alcanzar una buena calidad de vida, en contraste con las limitaciones que existían décadas atrás.
Los mitos sobre los inhaladores y los corticoides
Otra barrera para el tratamiento son las creencias que circulan alrededor de los inhaladores. Una de las consultas frecuentes es si estos dispositivos pueden generar dependencia. Gómez fue categórico: “El inhalador no genera adicción”.
La frecuencia de utilización depende del tipo de medicamento y de las indicaciones médicas. En determinados pacientes, incluso, el profesional puede modificar el esquema según la época del año o la exposición a determinados desencadenantes. Sin embargo, esas decisiones deben realizarse en el marco del seguimiento clínico y no por iniciativa propia.
También diferenció los corticoides inhalados de aquellos administrados por vía oral. Explicó que una de las ventajas de la terapia inhalatoria es que permite utilizar dosis muy bajas directamente sobre la vía respiratoria. “No tiene nada que ver con los corticoides vía oral que se usan en algunas enfermedades y que producen muchos efectos adversos”, afirmó.
El seguimiento médico incluso cuando los síntomas desaparecen
En algunos niños, el cuadro puede cambiar a medida que crecen. Gómez explicó que existen casos en los que, con la maduración y el desarrollo durante la adolescencia, disminuye la necesidad de medicación.
“Muchas veces pasa que el chico madura, se desarrolla, llega a la adolescencia y deja de necesitar medicación”, indicó. Eso no significa, sin embargo, que deba desaparecer por completo el seguimiento profesional.
“El seguimiento será cada vez más espaciado, pero está bueno que su médico de cabecera lo siga tratando y lo siga viendo de manera periódica”, recomendó. Así, el control se adapta a la evolución del paciente y permite detectar cambios en la enfermedad.
Prevención, tratamiento y conocimiento para respirar mejor
La explicación de Gómez atravesó desde pequeños hábitos domésticos hasta la respuesta ante una emergencia. Ventilar una habitación, disminuir el polvo, mantener el humo del cigarrillo fuera de la vivienda, reconocer los propios desencadenantes y aprender a utilizar correctamente un inhalador pueden parecer medidas independientes, pero forman parte de una misma estrategia.
El especialista insistió en que el tratamiento médico debe acompañarse con información. Saber qué provoca los síntomas, distinguir la medicación preventiva de la de rescate y reconocer cuándo una dificultad respiratoria requiere atención urgente permite enfrentar la enfermedad con mayor previsibilidad.
El objetivo, finalmente, no es organizar la vida alrededor del asma, sino controlar el asma para que no determine la vida. “Hoy tenemos suficiente medicación para que un paciente pueda hacer su vida normal, teniendo ciertas precauciones, teniendo ciertas alertas”, concluyó Gómez ante Elonce.