Arabia Saudita cerró un oleoducto clave para sus exportaciones de petróleo luego de que la infraestructura sufriera varios ataques en las regiones de Riad y Medina. El conducto Este-Oeste constituye una vía estratégica porque permite trasladar crudo desde el este del reino hacia el Mar Rojo y evitar el estrecho de Ormuz.
El Ministerio de Energía saudita informó este viernes que los ataques se produjeron durante la mañana del jueves 10 de septiembre y provocaron heridos. Como medida preventiva, las autoridades suspendieron las operaciones mientras equipos técnicos y de emergencia comenzaron a evaluar las condiciones de seguridad de la infraestructura.
El episodio ocurrió en medio de una fuerte escalada de tensión en Medio Oriente, que volvió a colocar bajo presión las principales rutas de transporte energético. La situación resulta especialmente sensible porque el tránsito de buques petroleros por el estrecho de Ormuz se redujo considerablemente a raíz del conflicto regional.
Por qué el oleoducto es estratégico
El oleoducto Este-Oeste transporta petróleo desde las zonas productoras cercanas al Golfo Pérsico hasta las instalaciones de exportación ubicadas sobre el Mar Rojo. De esta manera, Arabia Saudita dispone de una alternativa para evitar el paso por Ormuz, uno de los principales puntos estratégicos del comercio energético mundial.
La infraestructura adquirió todavía mayor importancia desde el inicio del conflicto con Irán. Arabia Saudita incrementó el envío de petróleo mediante esta vía ante las dificultades para operar normalmente a través del estrecho.
El conducto cuenta con capacidad para transportar alrededor de siete millones de barriles diarios. En los últimos meses se convirtió así en una pieza fundamental para sostener parte de las exportaciones sauditas frente a las dificultades experimentadas por las rutas marítimas tradicionales.
Qué pasó con el precio del petróleo
La noticia del cierre agregó incertidumbre a un mercado que ya atravesaba una semana marcada por fuertes movimientos. El petróleo Brent había llegado el jueves a valores cercanos a los 110 dólares por barril ante las preocupaciones por posibles nuevas interrupciones del suministro.
Este viernes, sin embargo, las cotizaciones retrocedieron. El Brent terminó en 104,61 dólares por barril, con una caída diaria del 2,81%, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense cerró en 100,05 dólares. A pesar de esa baja, ambos indicadores acumulaban una ganancia semanal superior al 8%.
El retroceso del viernes estuvo relacionado, entre otros factores, con versiones sobre gestiones diplomáticas para establecer un acuerdo temporal con Irán que permitiera administrar el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. Aun así, analistas del mercado advirtieron que podría mantenerse una elevada volatilidad mientras continúen las tensiones regionales.
Dos rutas estratégicas bajo presión
La importancia del cierre saudita radica también en que las dificultades ya no se concentran exclusivamente en Ormuz. El Este-Oeste permitía precisamente evitar ese paso y conducir el petróleo hasta el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo, desde donde podía cargarse en buques.
Pero la ruta occidental también quedó expuesta a la escalada regional. En los últimos días se multiplicaron los ataques contra instalaciones energéticas y embarcaciones, mientras los hutíes de Yemen intensificaron sus operaciones en sectores próximos a otra vía estratégica: el estrecho de Bab el-Mandeb.
Antes de la actual guerra con Irán, por Ormuz transitaba aproximadamente una quinta parte del suministro mundial diario de petróleo y gas natural licuado. Por eso, cualquier interrupción prolongada en las alternativas disponibles incrementa la preocupación por la capacidad de los productores del Golfo para colocar su crudo en los mercados internacionales.
El impacto sobre la producción saudita
Las dificultades ya tuvieron consecuencias sobre Arabia Saudita. Según datos de la Agencia Internacional de Energía difundidos este viernes, el suministro saudita de crudo cayó durante agosto en 2,3 millones de barriles diarios respecto del mes anterior.
La producción se ubicó en torno a seis millones de barriles diarios, su menor nivel en más de tres décadas. La caída estuvo vinculada a los ataques contra instalaciones energéticas y a los problemas para sostener los flujos habituales de exportación.
En ese escenario, el funcionamiento del oleoducto Este-Oeste adquirió todavía mayor relevancia. Su interrupción, si se prolongara, podría reducir la flexibilidad logística del reino para responder a las restricciones que afectan al transporte marítimo por el Golfo Pérsico.
Equipos técnicos evalúan los daños
El Ministerio de Energía indicó que los equipos especializados comenzaron a trabajar inmediatamente después de los ataques para asegurar la infraestructura y comprobar sus condiciones operativas.
Las tareas se desarrollaron de acuerdo con los procedimientos de seguridad y los planes de emergencia establecidos por las autoridades sauditas. Hasta el momento no se informó oficialmente cuánto tiempo permanecerá fuera de servicio el oleoducto.
El Gobierno saudita anticipó que comunicará nuevas novedades a medida que avance la evaluación. Mientras tanto, los mercados internacionales permanecen atentos tanto a una eventual reapertura del conducto como a la evolución de los enfrentamientos y las negociaciones diplomáticas en Medio Oriente.