El Uros-Z, cuya construcción nunca se completó, fue arrastrado por la corriente tras romper sus amarras en Corrientes. Quedó encallado frente a dos barrios y permanece sin luces ni señalización en una zona de tránsito fluvial.
Un barco de 107 metros de longitud que llevaba más de dos décadas amarrado a un astillero de Corrientes se soltó y recorrió casi dos kilómetros a la deriva por el río Paraná. La embarcación, llamada Uros-Z, se desplazó sin tripulación hasta quedar varada frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros.
La fuerza de la corriente y el aumento del caudal rompieron los cabos que sujetaban la estructura. El casco terminó encallado en un sector por el que circulan pescadores y embarcaciones menores, donde permanece sin luces, boyas ni advertencias visuales.
Según publicó Infobae, el buque nunca fue terminado y carece de matrícula oficial. Su desplazamiento volvió a exponer un conflicto administrativo que se arrastra desde los años noventa, cuando el Estado nacional se quedó con la embarcación.
Un proyecto que nunca se completó
El barco fue diseñado a principios de la década de 1990 para transportar productos químicos, con bodegas de acero inoxidable. Además de sus 107 metros de largo, tiene 14,5 metros de ancho y 6,70 metros de puntal.
Una empresa privada obtuvo financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante para encargar la construcción al Astillero Corrientes S. A. Sin embargo, a mediados de esa década, la compañía contratante entró en concurso de acreedores y acordó entregar la embarcación al Estado a cambio de que asumiera sus deudas.
Desde entonces, el casco quedó pendiente de una definición sobre su destino. En 2000, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que establecía un plazo máximo de 60 días para retirarlo, pero el traslado no se concretó.
Los reclamos del astillero
Miguel Gutnisky, dueño de Astilleros Corrientes S. A., había relatado a Infobae en 2018 las dificultades para encontrar un organismo que se hiciera cargo: “Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble”.
“Después, en otra oficina encargada de los barcos, nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción”, agregó entonces el empresario.
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— Ciudadano News (@Ciudadano_News) October 20, 2026
Gutnisky también contó que había entregado una carta al entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Según su testimonio, el funcionario mostró interés en el caso, aunque las gestiones no derivaron en una solución para retirar el barco del río Paraná.
Otro desplazamiento a la deriva
El Uros-Z ya había protagonizado un episodio similar en 2018, cuando una creciente cortó sus amarras y el casco recorrió casi 60 kilómetros por el río Paraná. En aquella oportunidad contrataron una embarcación para remolcarlo hasta el puerto de Empedrado, pero volvió a soltarse y quedó bajo custodia de Prefectura Naval.
El propietario del astillero sostuvo en aquella entrevista que la estructura conservaba valor económico. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas”, afirmó.
Ahora, el Uros-Z permanece frente a Quilmes y Los Astilleros, con el deterioro acumulado por años a la intemperie. De acuerdo con los medios correntinos citados en la publicación, todavía no se definió un plan para asegurarlo, señalizarlo o retirarlo de ese sector del río.