Los océanos volvieron a registrar temperaturas excepcionalmente elevadas durante 2026 y el fenómeno comenzó a mostrar consecuencias que exceden al ambiente. El calor acumulado en el mar afecta actividades como la pesca, el turismo y la generación de energía, con impactos económicos en diferentes regiones del planeta.
Según el observatorio europeo Copernicus, la temperatura media oceánica global, sin considerar las regiones polares, alcanzó los 21,07 °C durante agosto. El registro igualó el máximo observado en marzo de 2024 y confirmó la persistencia de temperaturas extraordinariamente altas.
“El calor prolongado en los océanos no es sólo un problema ambiental”, advirtió Tom Pickerell, especialista en biología marina y responsable del programa de océanos del World Resources Institute (WRI). Para el investigador, sus efectos deberían formar parte también de las discusiones económicas internacionales.
Pesca y turismo, entre las actividades afectadas
Uno de los impactos más directos aparece en la pesca. Los cambios de temperatura pueden modificar la distribución de distintas especies, alterar sus ciclos reproductivos y desplazar bancos hacia otras zonas, lo que afecta tanto a las capturas como a las comunidades que dependen de esa actividad.
Entre los ejemplos recientes se encuentra la reducción de sardinas disponible para pescadores de Marruecos. Al mismo tiempo, los arrecifes de coral sufren episodios de degradación asociados al calor, lo que puede reducir el atractivo turístico de destinos que dependen de esos ecosistemas.
“Un océano más cálido altera la pesca y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sustentan el turismo”, explicó Pickerell. Los océanos cumplen además un papel central en la regulación del clima y absorben buena parte del exceso térmico generado por el calentamiento global.
El impacto también alcanza a la energía
Las consecuencias no quedan limitadas a las actividades directamente vinculadas con el mar. Durante el verano europeo, la proliferación de medusas obligó a detener reactores nucleares en Francia, un ejemplo de cómo determinadas alteraciones de los ecosistemas pueden afectar infraestructuras estratégicas.
Las centrales ubicadas cerca de grandes masas de agua utilizan esos recursos para sus sistemas de refrigeración. Cuando aumentan las temperaturas o se producen cambios importantes en la presencia de organismos marinos, pueden aparecer dificultades operativas que obliguen a reducir o interrumpir temporalmente la generación.
Pickerell señaló que el calor oceánico también puede contribuir a intensificar fenómenos meteorológicos extremos, con consecuencias sobre ciudades costeras, puertos, empresas y redes de transporte. “Esto debería preocupar a todos los ministros de Finanzas”, sostuvo.
El Niño se suma al calentamiento global
El verano boreal de 2026, comprendido entre junio y agosto, fue el más cálido para los océanos desde 1993, de acuerdo con datos de Copernicus Marine Service. El actual episodio de El Niño aparece entre los factores que favorecieron las elevadas temperaturas registradas durante los últimos meses.
El Niño es un fenómeno natural asociado al calentamiento de sectores del Pacífico ecuatorial, pero en esta oportunidad se desarrolla sobre una tendencia de fondo marcada por el aumento de la temperatura global generado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
La evolución de los océanos será uno de los temas que llegará a la COP31, prevista para noviembre en Antalya bajo la presidencia conjunta de Turquía y Australia. El debate incluirá no sólo las consecuencias ambientales del calor marino, sino también sus efectos sobre sectores productivos, infraestructura y economías cada vez más expuestas a cambios en el clima.