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Los países con más agua dulce de Latinoamérica enfrentan crecientes amenazas

América Latina concentra algunas de las mayores reservas de agua dulce del planeta gracias a sus ríos, acuíferos, glaciares y humedales. Expertos advierten que el cambio climático, la contaminación y la deforestación ponen en riesgo este recurso estratégico.

23 de Junio de 2026
Río Uruguay. (Archivo).

Los países con más agua dulce de Latinoamérica concentran una parte fundamental de las reservas hídricas del planeta, una riqueza natural que convierte a la región en un actor clave para la seguridad hídrica mundial. Grandes ríos, acuíferos subterráneos, humedales, glaciares y bosques sostienen un sistema que abastece a millones de personas y cumple un papel esencial en la regulación climática global.

 

Brasil, Colombia, Perú y Venezuela aparecen entre las naciones con mayor disponibilidad de agua dulce. En particular, Brasil concentra una porción significativa de este recurso gracias a la cuenca amazónica, considerada el sistema hidrográfico más importante del mundo. El río Amazonas, por sí solo, descarga cerca del 20% del agua dulce fluvial que llega a los océanos.

 

Colombia, por su parte, posee una de las mayores ofertas hídricas per cápita del planeta debido a su ubicación estratégica entre la cordillera de los Andes, la Amazonía y múltiples cuencas hidrográficas. Esta combinación le permite contar con abundantes fuentes de agua superficial y subterránea.

Una riqueza hídrica de importancia global

 

La abundancia de agua en América Latina también está vinculada a sistemas estratégicos como el Acuífero Guaraní, uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del mundo. Este recurso se extiende por más de un millón de kilómetros cuadrados y es compartido por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

 

La combinación de grandes cuencas hidrográficas, extensos humedales, glaciares andinos y bosques tropicales convierte a la región en una pieza clave para la biodiversidad, la producción de alimentos y la resiliencia frente al cambio climático. Sin embargo, los especialistas advierten que la abundancia no implica garantía de disponibilidad futura.

 

“Esta abundancia no significa que el agua esté asegurada”, explicó Mariana Zareth Nava López, líder de la Iniciativa de Reservas de Agua para América Latina y el Caribe de WWF. Según la especialista, muchos ecosistemas fundamentales para la provisión de agua atraviesan procesos de degradación que exigen medidas urgentes de conservación y restauración.

 

Cambio climático y degradación ambiental

 

Entre las amenazas más importantes aparece el cambio climático. La alteración de los patrones de lluvia, el aumento de las sequías prolongadas y el retroceso de los glaciares ya generan impactos visibles en distintos puntos de la región.

 

“La crisis climática ya está alterando los ciclos de lluvia, profundizando sequías y acelerando el retroceso de glaciares”, señaló Agostina Rossi Serra, integrante del equipo de campañas de Greenpeace. La especialista advirtió además que muchos sistemas hídricos dependen de un delicado equilibrio ecológico que hoy se encuentra comprometido.

 

La situación se agrava por la deforestación y la degradación de ecosistemas esenciales como bosques, humedales y páramos. Estos ambientes funcionan como verdaderas esponjas naturales que almacenan, filtran y regulan el agua. Cuando desaparecen, aumentan los riesgos de inundaciones, sequías y pérdida de calidad del recurso.

 

La presión de las actividades productivas

 

A los efectos climáticos se suma una creciente presión por actividades extractivas y productivas. La minería, la agricultura intensiva y algunas industrias requieren enormes volúmenes de agua y, en determinados casos, generan riesgos de contaminación de cuencas y acuíferos.

 

Los especialistas advierten que en varias regiones se extrae más agua subterránea de la que la naturaleza puede recargar. Paralelamente, las descargas de efluentes sin tratamiento y el uso de agroquímicos reducen la disponibilidad efectiva de agua apta para el consumo humano y para las actividades productivas.

 

Según WWF, uno de los principales problemas es la desconexión entre los territorios donde se concentra el recurso y aquellos donde existe una mayor demanda. Esto ocurre en zonas áridas como el norte de México, la costa del Pacífico de Perú y Chile, el nordeste brasileño y algunas islas del Caribe, donde la disponibilidad hídrica resulta limitada.

 

Gobernanza y seguridad hídrica

 

Los expertos coinciden en que la gobernanza representa uno de los mayores desafíos para la región. La falta de planificación integrada por cuencas, la escasa coordinación entre sectores y los conflictos por el uso del agua dificultan la gestión sostenible del recurso.

 

“Cuando ese equilibrio se rompe, lo que está en juego no es solo el ambiente, sino la seguridad hídrica, la producción de alimentos y la vida de millones de personas”, advirtió Nava López. En ese sentido, sostuvo que el desafío no pasa únicamente por la cantidad de agua disponible, sino por la capacidad de proteger los ecosistemas que la generan.

 

Las cifras reflejan la magnitud del problema. Según el Grupo Banco Mundial, alrededor de 4.000 millones de personas experimentan escasez de agua en el mundo. Además, la Organización Mundial de la Salud y Unicef estiman que 2.100 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura.

 

Energía, economía y futuro

 

La disponibilidad de agua también tiene un impacto directo sobre los sistemas energéticos. América Latina posee una de las matrices eléctricas más renovables del planeta y la hidroelectricidad representa cerca del 43,9% de la generación regional.

 

Sin embargo, fenómenos climáticos como El Niño y La Niña afectan los niveles de los embalses y generan incertidumbre sobre la capacidad de producción energética. Carolina Sánchez, vocera de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles, alertó que la pérdida de recursos hídricos podría comprometer la seguridad eléctrica y encarecer los costos de generación.

 

El valor económico de los ecosistemas de agua dulce también es enorme. WWF estima que aportan alrededor de 58 billones de dólares a la economía mundial, equivalente a cerca del 60% del Producto Bruto Interno global. Su deterioro tendría consecuencias económicas, sociales y ambientales de gran magnitud.

Estrategias para proteger el recurso

 

Frente a este escenario, especialistas y organizaciones ambientales impulsan medidas para fortalecer la protección de las reservas de agua. Entre ellas se destacan la diversificación de las matrices energéticas, una mejor planificación territorial y la recuperación de cuencas hidrográficas degradadas.

 

Uno de los instrumentos más valorados es el sistema de Reservas de Agua promovido por WWF. En México, esta herramienta fue implementada en 2018 mediante un decreto presidencial que protegió cerca del 55% del agua superficial disponible en 295 cuencas del país, publicó Bloomberg Línea.

 

La experiencia comenzó a replicarse en otros territorios de América Latina, como Chile, Bolivia y Perú. Para los especialistas, garantizar volúmenes mínimos de agua con significado ecológico e hidrológico resulta fundamental para evitar la sobreexplotación y asegurar la disponibilidad del recurso para las generaciones futuras.

 

Como resumen los expertos, proteger el agua en América Latina no es solo una cuestión ambiental: es una decisión estratégica para el desarrollo, la seguridad alimentaria, la producción energética y la calidad de vida de millones de personas.

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