Paraná Entre lo crítico y lo sensible

La Terapia Intensiva del hospital San Roque cumplió 30 años

Desde 1987, la Unidad de Terapia Intensiva del hospital Materno Infantil San Roque brinda los cuidados específicos y de alta complejidad a chicos entrerrianos y de provincias vecinas. En la actualidad, ingresan unos 400 pacientes por año.

4 de Junio de 2017

El 12 de mayo de 1987, la Unidad de Terapia Intensiva del hospital Materno Infantil San Roque de la capital entrerriana, abrió sus puertas para recibir a niños de toda la provincia para contener una demanda que se hacía creciente. De la mano de los avances en nueva aparatología y de la calidad humana que se ofrece a diario, el servicio, que cumplió 30 años, sirve de modelo para otras terapias del país.

 

Unos 400 pacientes ingresan por año en esta área y son atendidos por un plantel profesional compuesto por médicos, residentes, enfermeros y trabajadores de otras áreas, quienes brindan su atención integral cada día, frente a las situaciones más críticas y extremas que puede soportar una criatura en un estado de enfermedad avanzada. Normalmente están habilitadas 12 camas, pero eventualmente y dada la necesidad, el cupo se amplía.

 

La terapia sirve para dar respuesta a aquellos chicos que por su gravedad, complejidad o dificultades diagnósticas, necesitan un cuidado mucho más intensivo, en cuanto al monitoreo de sus signos vitales en general, o al estudio más profundo de una patología más complicada. Los problemas que más se atienden se dividen en tres grandes grupos: los neonatales de más de 30 días; los que padecen alguna enfermedad crónica; y los que precisan del servicio de manera urgente por accidentes domésticos o de tránsito.

 

<b>La historia del servicio </b>

 

La historia de la Unidad data de 1985, cuando a un grupo de médicos que recién habían terminado su residencia les llamó la atención que, existiendo personal capacitado, espacio físico y demás herramientas, algunas prestaciones no se realizaban en la provincia, como asistencia respiratoria mecánica, diálisis peritoneal, entre otras, lo que desembocaba en una derivación a otros servicios con mayor capacidad operativa en Santa Fe, Buenos Aires u otras provincias.

 

Quien recuerda con más claridad los vaivenes del proceso de construcción de la terapia es el pediatra Roberto Ariel, que hoy está a cargo del servicio: "Con sangre joven y muchas ganas, en aquel momento con el doctor César Etchart y otros colegas, armamos una pequeña porción del hospital en la parte de atrás de la sala de lactantes, en planta baja ?rememora-, y también con la colaboración de toda la comunidad, de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Se ocupó la planta baja y se equipó este sector. Finalmente el 12 de mayo de 1987 se largó la primera guardia de la que tuve la suerte, el honor,y la fortuna de participar".

 

En 2001, la vieja terapia se trasladó al tercer piso, donde hoy funciona. En este sentido, Ariel destacó: "La labor cotidiana se ha ido incrementando día a día, tanto en cantidad, calidad y complejidad, hasta lo que es hoy, una realidad evolutiva y creciente debido a la gran demanda, para la cual es necesario tener la capacidad de respuesta frente a las situaciones. Esto se fue priorizando al punto de que muchos que tienen la posibilidad de hacerse atender en la parte privada, eligen la prestación del hospital porque saben de la atención que hemos logrado".

 

<b>Calidad y calidez humana </b>

 

Debido a las circunstancias que suceden en el servicio de terapia intensiva infantil, las personas que trabajan dentro del área están obligadas a mantener un sentido del equilibrio emocional especial, teniendo en cuenta que estar permanentemente al borde de un posible desenlace de una vida humana de corta edad, genera siempre un estado de sensibilización.

 

"Lo más importante es la mirada de la experiencia de un médico o enfermero motivado, que es el motorcito que tenemos en cada una de las terapias -afirmó el jefe de área-. No hay mejor monitor que aquel profesional que le interese el paciente que tiene ahí para cuidar. Si podemos coordinar la acción de los trabajadores, el buen instrumental, una buena monitorización y la contención de los padres, obviamente los resultados siempre van a tender a ser óptimos".

 

Está claro que los resultados no sólo dependen de las intenciones de los profesionales que allí trabajan, y la realidad muestra que cada vez hay más demanda y, por ende, se precisa más infraestructura y tecnología en aparatos. "Si bien a veces nos quedamos con la amargura de una pérdida, lo más reconfortante es tener la sensación de que ofrecemos todas las oportunidades que cada chico merece", aseguró Roberto Ariel, y remarcó: "La aparatología tiene que tener un médico que piense, un enfermero que ejecute, y sirve como herramienta en la parte diagnóstica y terapéutica, pero eso es una herramienta más, un elemento complementario".

 

<b>Los números</b>

 

El ingreso de pacientes anuales a la terapia ronda los 400, aunque las estadísticas se incrementan cada vez más. Hay chicos que están solo unas horas en terapia, y hay otros que están hace más de un año con asistencia respiratoria mecánica porque tienen patologías de difícil resolución, que precisan un lugar adecuado y no pueden ser trasladados a sus casas u otros efectores del interior.

 

Muchas veces, ingresan pacientes a la vez, a la madrugada, los fines de semana, y se necesita mantener el equilibrio emocional y las decisiones, lo que conlleva un gran aprendizaje para el equipo. Entre los grupos de pacientes que más entran y ocupan el 90% de las unidades disponibles, se dividen en tres.

 

Por un lado, los sobrevivientes del Servicio de Neonatología: "Antes, los chicos cuando nacían muy prematuros no llegaban a los 30 días, y hoy se ha avanzado muchísimo con las microtécnicas de laboratorio, los saturómetros percutáneos, los corticoides prenatales para madurar los pulmones, que han hecho que chicos que fallecían rápido, ahora puedan sobrevivir. Después de ese tiempo, los recibimos en la terapia intensiva", señaló Ariel.

 

El otro gran grupo son los que tienen enfermedades crónicas, como los diabéticos, asmáticos, cardiópatas, que tienen alguna patología de base que hace que en alguna descompensación se requiera la asistencia del servicio.

 

Y el tercer grupo está conformado por los chicos sanos, vacunados y cuidados pero que tienen un accidente doméstico o vial: "Hablamos del descuido de los dos segundos, cuando los papás se dispersaron y los chicos se quemaron, se cayeron de un techo, o se sacaron el cinturón de seguridad, entre otros. La accidentología es un gran ítem que tenemos en la terapia, y tenemos que considerar acá la difusión de las medidas de prevención, para no tener que lamentar complicaciones o pérdidas", destacó finalmente el pediatra.

 

El hospital San Roque es el principal efector público pediátrico en Entre Ríos, dependiente del Ministerio de Salud de la provincia, y esto conlleva a que sea el receptor más importante de derivaciones de todo el resto de la provincia.