REDACCIÓN ELONCE
La Liga de Agrupaciones de Veteranos de Paraná vivió una jornada histórica este sábado con la realización del encuentro de mayores de 70 años en el complejo Chapino, una iniciativa que reunió a verdaderas glorias del fútbol local y que puso en valor la importancia de mantenerse activos a lo largo de toda la vida. La convocatoria superó expectativas: alrededor de 450 personas acompañaron el partido homenaje, transformando la tarde en una verdadera fiesta del deporte y la camaradería.
El primero en referirse al evento fue Oscar “Cacho” Balla, quien no ocultó su emoción por concretar una idea que llevaba tiempo gestándose en el seno de la comisión directiva. “Para nosotros es un orgullo convocarlos. Esto ya lo teníamos pensado hace ya un tiempo, teníamos uno de los integrantes de la comisión directiva que tiró la idea y hoy van a estar jugando todos mayores de 70 años este partido homenaje a las grandes glorias en el complejo nuestro”, expresó.
La relevancia del encuentro trasciende lo deportivo. Se trata de un mensaje claro sobre el valor de la actividad física en la tercera edad y sobre el rol social que cumple el fútbol como espacio de pertenencia. “Estamos felices porque esto demuestra que el deporte de veteranos ayuda muchísimo para prolongar la vida del deportista”, sostuvo Balla, resaltando el impacto positivo que genera la práctica sostenida en el tiempo.
El deporte como motor de vida
Entre los protagonistas estuvo Roberto Arellano, de 80 años, quien compartió su emoción a días de celebrar un nuevo cumpleaños. “Estoy contento y muy emocionado. Doy gracias que ando muy bien, practico una vez por semana y eso me mantiene”, contó, dejando en claro que el fútbol no solo es pasión, sino también salud.
El encuentro también tuvo un condimento especial para su familia. “También está jugando mi hijo, que está en otra categoría en el mismo predio”, agregó, reflejando cómo la Liga de Agrupaciones de Veteranos de Paraná logra unir generaciones en torno a una misma pasión.
Por su parte, Ismael González, de 81 años, resumió el espíritu de la jornada con una frase que despertó sonrisas: “Este torneo es una hermosura. Aparte los terceros tiempos son los mejores”. La expresión, típica del ambiente futbolero, habla de algo más que competencia: habla de amistad, de compartir y de celebrar la vida.
Más que un partido, un legado
González también destacó la diversidad y calidad de quienes participaron: “Hay gente de todas partes de Paraná que han jugado al fútbol y muy bien”. Esa amplitud confirma el alcance de la Liga de Agrupaciones de Veteranos de Paraná como espacio integrador y referente del fútbol amateur en la ciudad.
La constancia es otra de las claves que explican la vigencia de estos jugadores. “Es cuidarse un poco y tratar de practicar. Todas las semanas practicamos”, afirmó. En la misma línea, Arellano subrayó la trayectoria que lo une a este ámbito: “Juego desde 1987 en los Veteranos y al fútbol desde los 10. Toda una vida, es muy fundamental”.
Otro de los protagonistas resumió el sentir colectivo: “Es un anhelo que teníamos pendiente hace años y por distintas razones no se pudo cumplir nunca. Este es la primera iniciativa, es un orgullo jugar con toda esta gente grande. Es un orgullo jugar con ellos”.
Glorias que siguen vigentes
La jornada también contó con la presencia de Rafael Lell y Armando Sosa, futbolistas con pasado en Patronato campeón en 1978, quienes dialogaron con Elonce y remarcaron la trascendencia del momento compartido. “Es un gusto compartir con los muchachos. Junto con Armando Sosa participamos con Patronato cuando por primera vez habíamos ganado el Torneo Nacional”, recordaron.
Ambos coincidieron en el valor humano del encuentro: “Es un orgullo venir a compartir este momento a la edad de uno venir a compartir con estos muchachos, son excelentes personas. Tenemos que disfrutar de la vida”.
Con jugadores de entre 70 y 82 años, la Liga de Agrupaciones de Veteranos de Paraná no solo organizó un partido, sino que reafirmó un legado. “Tenemos jugadores de 70 y hasta 82 años y eso es lo mejor que se puede sentir. Ya entrar al campo de juego es un orgullo”, completó uno de los participantes. La pelota volvió a rodar, pero lo que realmente se celebró fue la vida en movimiento.