Economía Cambios históricos en los hábitos alimentarios

El consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en más de un siglo y el pollo la superó

El consumo de carne vacuna en Argentina descendió a unos 46 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de un siglo. Los precios elevados, la menor oferta y el avance del pollo y el cerdo modificaron los hábitos alimentarios de las familias.

30 de Octubre de 2026
El consumo de carne vacuna cayó a su mínimo histórico. (Archivo).

El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a su nivel más bajo en más de un siglo, al ubicarse en torno a los 46 kilos por habitante al año durante 2026. El retroceso estuvo acompañado por un cambio en los hábitos alimentarios: por primera vez en los registros recientes, el pollo superó a la carne bovina como la proteína animal más consumida.

 

La caída respondió a una combinación de factores económicos y productivos, entre ellos la pérdida de poder adquisitivo, los precios elevados y una menor disponibilidad de carne vacuna en el mercado interno.

El fenómeno profundizó una tendencia de largo plazo. A fines de la década de 1960, los argentinos consumían alrededor de 84 kilos de carne vacuna por persona al año, mientras que en 2023 el indicador había descendido hasta los 49 kilos.

 

El pollo superó a la carne vacuna en el consumo

 

Entre agosto de 2025 y julio de 2026, el consumo aparente de pollo alcanzó los 47 kilos por habitante, frente a los 46,7 kilos de carne vacuna.

El cerdo también ganó participación y llegó a los 20,1 kilos por persona durante el mismo período.

La diferencia de precios resultó determinante. En esos doce meses, el valor de un kilo de carne vacuna equivalió aproximadamente al de 3,6 kilos de pollo entero o 1,9 kilos de pechito de cerdo. Esta relación favoreció que numerosas familias reemplazaran cortes vacunos por alternativas más económicas para sostener el consumo de proteínas sin incrementar sus gastos.

 

Por qué cayó el consumo de carne vacuna

 

Uno de los principales factores fue el estancamiento de la producción bovina frente al crecimiento poblacional. En 2024, Argentina produjo aproximadamente 3,18 millones de toneladas de carne vacuna, un volumen similar al registrado casi cinco décadas atrás.

La competencia por el uso de la tierra, las dificultades para realizar inversiones sostenidas y las consecuencias de fenómenos climáticos también condicionaron la actividad ganadera. Entre los antecedentes se destacó la sequía de 2008 y 2009, que provocó una reducción del stock y afectó la capacidad productiva durante los años posteriores.

 

Menos carne disponible para el mercado interno

 

Durante los primeros ocho meses de 2026, el consumo aparente de carne vacuna totalizó aproximadamente 1,37 millones de toneladas, medidas en res con hueso. La cifra representó una caída del 11,3% respecto del mismo período de 2025.

En paralelo, las exportaciones crecieron un 6,5% interanual y alcanzaron unas 567.400 toneladas equivalentes de res con hueso.

La combinación de una producción menor y mayores ventas externas redujo la disponibilidad relativa para el mercado argentino.

 

Cómo cambiaron los hábitos alimentarios

 

El retroceso de la carne vacuna no implicó una disminución equivalente del consumo total de carnes, sino una redistribución entre las distintas variedades.

El crecimiento de la producción aviar y porcina permitió ampliar la oferta de alternativas que resultaron más accesibles para los consumidores.

De esta manera, el asado, las milanesas y otros platos tradicionales continuaron presentes en la alimentación argentina, aunque el costo de los cortes vacunos llevó a numerosas familias a reducir su frecuencia de consumo.

 

El escenario planteó nuevos desafíos para la cadena ganadera, especialmente en materia de producción, abastecimiento interno y competitividad frente a otras carnes.

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