REDACCIÓN ELONCE
Cerró uno de los locales de una histórica heladería de Paraná tras 47 años emplazado en la esquina de calles en Urquiza e Illia. El comercio, que funcionaba desde 1979 como emprendimiento familiar, dejó de atender al público en ese espacio, aunque continuará con la producción y otras sucursales.
La propietaria de Heladería San Remo, Lina Streiger, explicó a Elonce que la decisión respondió a la situación económica actual y a la imposibilidad de sostener los gastos fijos del comercio. “Las ventas se han reducido de manera muy importante, tanto que no se pueden seguir sosteniendo los costos fijos de un local con empleados, alquiler y servicios”, señaló.
Un cierre marcado por la caída del consumo
Streiger indicó que el negocio fue iniciado por su padre, Oscar Striger, en septiembre de 1979, cuando comenzó a comercializar helado proveniente de la San Remo de Santa Fe. Con el paso de los años, la heladería se consolidó como un punto de referencia en la ciudad y se expandió con otras bocas de expendio. Sin embargo, la retracción del consumo en los últimos años impactó de manera directa en la actividad.
“Si las ventas bajan a menos de la mitad, no se puede seguir sosteniendo”, explicó la comerciante, al describir el escenario que llevó al cierre del salón de ventas en ese punto de la ciudad. Aclaró a Elonce que la producción continuará, así como la sucursal que funciona en la Costanera Baja de Paraná y las bocas de expendio en Aldea Brasilera y Valle María.
El impacto de la pandemia y la situación actual
En relación con el contexto económico, Streiger recordó que durante la pandemia el rubro gastronómico tuvo un aumento de ventas, pero sostuvo que luego se produjo una caída abrupta. “Después se frenó todo y nunca hubo una reactivación”, afirmó.
La propietaria remarcó que el negocio era sostenido por un equipo reducido de trabajadores, en el que incluso ella misma cubría turnos. “No somos gerentes de afuera, trabajamos todos juntos y todo lo que se logró fue gracias a ese esfuerzo”, expresó.
Un negocio con historia familiar
El cierre también tuvo un impacto emocional para la familia, que estuvo vinculada al emprendimiento desde sus inicios. Streiger recordó momentos de la apertura y crecimiento del comercio, como los primeros días de funcionamiento y eventos que convocaron a clientes en gran número.
“Es difícil decir que algo se termina, pero lo importante es la cuestión humana y poder seguir adelante”, sostuvo.
“Tenía cinco años cuando se inauguró la heladería y recuerdo aquel local pequeño, con piso de damero. También tengo presente a mi abuelo limpiando las manchas de pintura en un día de septiembre muy frío, porque la heladería tenía que abrir sí o sí. Con el tiempo el negocio creció y se organizaron eventos que convocaron a mucha gente, como un sorteo con espectáculos musicales que llegó a cortar la calle y requirió la intervención de tránsito. Fueron celebraciones que se mantuvieron durante varios años”, recordó.
Continuidad en otras modalidades
Pese al cierre del local en Urquiza e Illia, la empresa continuará operando con producción propia y los otros puntos de venta. "Transitamos este cierre lo mejor posible, pero con tristeza y con ganas de poder seguir evolucionando, quizá, en otros aspectos", comentó Lina al fundamentar: "Fue una decisión que hubo que tomar para poder seguir subsistiendo".
Además, destacó el acompañamiento de clientes a lo largo de los años. “Hemos recibido muchos mensajes de personas que valoran la calidad y la trayectoria”, indicó.
El cierre de la histórica heladería tras casi medio siglo de actividad reflejó el impacto de la situación económica en los comercios tradicionales, que buscan adaptarse para continuar en funcionamiento.