A los 97 años hizo su última cosecha Oscar “Toto” Policastro, un histórico trabajador rural de Morse que acumuló 85 años de actividad en el campo. Después de aquella campaña, llevó su cosechadora hasta un desarmadero acompañado por sus hijos, convencido de que había llegado el momento de poner fin a una tarea que había comenzado cuando apenas tenía 12 años.
El viaje parecía marcar también el último capítulo para la máquina. Sin embargo, la historia tuvo un giro: en lugar de convertirse en chatarra, la cosechadora será conservada y exhibida en Morse, localidad del partido bonaerense de Junín conocida como la “Cuna de Cosecheros”. Será un testimonio de la trayectoria de Policastro y de varias generaciones dedicadas a las campañas agrícolas.
La despedida ocurrió luego de que un video de Toto trabajando a los 97 años se viralizara y despertara interés por su historia. Detrás de aquellas imágenes había más de ocho décadas de trabajo y una vida que atravesó las principales transformaciones de la agricultura argentina, desde las pequeñas chacras familiares hasta las actuales máquinas comandadas mediante sistemas computarizados.
Empezó a trabajar en el campo cuando tenía 12 años
Toto comenzó a trabajar a los 12 años, cuando la producción agrícola presentaba características muy diferentes. Las explotaciones eran considerablemente menores y las tareas demandaban mucha más mano de obra. “Trabajar en el campo en esa época era distinto, porque no existía la siembra directa, no existían los herbicidas que hay ahora”, recordó a Agrofy News.
También era distinta la extensión de las propiedades productivas. “Eran 40, 50, 100 hectáreas, las más grandes”, explicó. Con el paso del tiempo comenzaron a expandirse los arrendamientos y campos que históricamente habían estado destinados a la ganadería fueron incorporados a la agricultura.
“Después se fueron agrupando cuando empezaron a alquilar campo. Y empezaron a sembrar en las estancias, porque en las estancias, en esa época no sembraban, tenían vacas nomás. A vender vaca y a sembrar campo, se empezaron con los campos grandes, y ahí fue donde cambió todo”, relató Policastro sobre aquella transformación.
De cuatro trabajadores a una máquina computarizada
El aumento de las superficies cultivadas también modificó el ritmo de las campañas. Para Toto, la actividad se volvió cada vez más acelerada: “Ahora es todo una locura, cada vez alcanza menos el tiempo, la gente está más apurada, por eso cada vez las máquinas son más grandes”, sostuvo al comparar las distintas épocas que atravesó.
Cuando comenzó, una cosechadora podía requerir varias personas para funcionar. Un trabajador conducía el tractor, otros se ocupaban de llenar y coser las bolsas y una cuarta persona operaba manualmente la plataforma. “En ese entonces trabajaban tres personas la máquina. Uno, el que manejaba, dos que llenaban las bolsas y las cosían, y el otro, la persona que subía y bajaba la plataforma”, recordó.
La tecnología cambió radicalmente esa dinámica. “Ahora esas cuatro personas las hace una sola”, resumió Toto, antes de explicar otra de las transformaciones que presenció: “Las máquinas se manejan con computadora, se manejan solas”. Su trayectoria quedó así atravesada por prácticamente toda la evolución de la mecanización agrícola moderna.
Cuando los cosecheros dormían debajo de las máquinas
Las diferencias no se limitaron a la tecnología. Las condiciones de vida durante las campañas también eran mucho más exigentes. En determinados momentos del año, los trabajadores permanecían durante días lejos de sus hogares y sin las comodidades que actualmente acompañan a los equipos rurales.
“Nosotros en verano dormíamos debajo de la máquina”, contó Policastro. La situación era especialmente habitual durante la cosecha de trigo y cuando las cuadrillas debían trasladarse a establecimientos alejados de los centros urbanos.
“En la época de trigo principalmente, cuando no estábamos cerca del pueblo. Tampoco había los medios de movilidad que hay ahora. Eran todo coches viejos, en la época de la guerra, que no se conseguían cubiertas, no había combustible”, recordó. Pese a las dificultades, aseguró que nunca lamentó haber elegido ese oficio: “Me gustó hacer este trabajo, porque es un trabajo, entre todos era como de la familia”.
Morse y una identidad ligada a los cosecheros
La trayectoria de Toto quedó profundamente vinculada con Morse. La localidad es reconocida como la “Cuna de Cosecheros” por las generaciones de maquinistas, trabajadores rurales y camioneros que desarrollaron su actividad en los campos de la región y convirtieron esa labor en parte de la identidad del pueblo.
En 1996 se realizó allí la primera Fiesta del Cosechero, creada precisamente para recuperar y poner en valor esa historia. Policastro participó durante años de la organización de la celebración y posteriormente recibió un reconocimiento especial por su extensa trayectoria.
Toto fue el primer galardonado con el Reconocimiento al Mérito y a la Trayectoria, distinción destinada a quienes dejaron su huella en la actividad cosechera. La celebración se consolidó con los años como uno de los espacios mediante los cuales Morse mantiene vivo ese vínculo con el trabajo rural.
El último viaje detrás de la cosechadora
Cuando llegó el momento de llevar la máquina al desarmadero, sus hijos acompañaron a Toto en una camioneta. Nora Policastro recordó especialmente aquella escena: “Fue muy emotivo acompañarlo detrás de la cosechadora”. Mientras avanzaban, una pregunta la acompañó durante el recorrido: “Sentí mucha emoción porque, de pensar qué estaría él imaginando en su cabecita”.
La despedida no modificó los hábitos de su padre. Al llegar, Toto comenzó a explicarles a los trabajadores cómo funcionaba cada componente. “La entregó con la misma devoción de que cuando empezó a los 12 años”, señaló Nora. Luego agregó: “Les explicaba a los chicos del desarmadero para qué era cada cosa”.
Para su hija, aquel comportamiento resumió buena parte de su personalidad y de su relación con el trabajo. Aunque la cosechadora tenía inicialmente como destino el desguace, Toto seguía explicando su funcionamiento “como si la máquina iba a seguir funcionando”. Nora lo sintetizó de esta manera: “Siempre sintió la obligación de que todo tenía que seguir funcionando. Eso estuvo muy emotivo”.
La decisión de poner fin a 85 años de trabajo
Sus hijos nunca quisieron imponerle el retiro. “Nosotros, como hijos, nunca le propusimos: ‘¿Qué te parece dejar?’”, explicó Nora. Durante las últimas campañas, el propio Toto había comenzado a plantear que quizás cada cosecha podía ser la última.
Con los años, había perdido sensibilidad en las manos y algunas tareas requerían un esfuerzo que ya resultaba difícil sostener. La familia prefirió acompañarlo hasta que él mismo decidiera cuándo había llegado el momento. Finalmente, encontró una razón práctica para terminar su actividad: “La verdad, no me conviene pagarle a alguien que haga el trabajo”, expresó a Agrofy News.
La cosechadora que parecía destinada a desaparecer tendrá, sin embargo, otro futuro. Será conservada y expuesta en Morse como parte de la memoria productiva del pueblo. Para Nora, el motivo puede resumirse en una frase que dimensiona el recorrido de su padre: “Esa máquina perteneció a alguien que trabajó 85 años en Morse”. Así, después de su última cosecha a los 97 años, Toto dejó de conducirla, pero la máquina permanecerá como testimonio de una vida entera dedicada al campo.