El pueblo italiano que toma mate desde hace 150 años se llama Lungro, tiene alrededor de 2.900 habitantes y está ubicado en Calabria, al sur de Italia. Allí, lejos de las plantaciones sudamericanas de yerba mate, la infusión se incorporó de tal manera a la vida cotidiana que pasó de ser una costumbre llegada desde Argentina a convertirse en una tradición propia.
El vínculo se remonta a las grandes corrientes migratorias del siglo XIX. Habitantes de Lungro que viajaron a la Argentina enviaban a sus familiares yerba, bombillas y mates como recuerdos. Más tarde, quienes regresaron a Italia llevaron consigo el ritual aprendido del otro lado del Atlántico y lo transmitieron a sus descendientes.
La particularidad es que actualmente no hace falta tener familiares argentinos para tomar mate en Lungro. La bebida atravesó generaciones y se incorporó a los hogares como una práctica local: se consume durante el desayuno, por la tarde y especialmente en encuentros familiares.
Una tradición que llegó desde Argentina
Una historia transmitida entre los vecinos permite dimensionar hasta qué punto la costumbre ya estaba instalada hace más de un siglo. Según el relato, una mujer de Lungro viajó hacia la Argentina en 1920 para encontrarse con su marido, que trabajaba en el país.
Cuando preparó su equipaje, colocó entre sus pertenencias una pava y un mate para poder continuar con su costumbre durante el viaje. Al desembarcar en Buenos Aires, se encontró con una sorpresa: aquella bebida que consideraba parte de su vida cotidiana en Lungro era consumida masivamente por los argentinos.
La anécdota resume el particular recorrido cultural de la infusión: había viajado desde Sudamérica hacia Italia de la mano de los emigrantes y, décadas después, algunos lungreses ya la consideraban tan propia que llegaban a Argentina llevando su propio equipo de mate.
Sin termo y dentro de las casas
Aunque el origen de la costumbre está directamente relacionado con Argentina, la forma de tomar mate en Lungro presenta algunas diferencias. Una de las principales es la ausencia casi total del termo, elemento inseparable del ritual argentino contemporáneo.
“En Lungro, el termo prácticamente no forma parte del ritual. El mate tradicional se prepara en la casa, con una pava, y se comparte principalmente durante el desayuno o en reuniones familiares”, explicó el youtuber argentino Eduardo Coronel después de conocer personalmente la tradición.
El viajero encontró similitudes con escenas de su propia infancia. “Cuando yo era chico, me acuerdo que mi abuela tomaba el mate de la pava, que incluso la dejaba encendida en el mechero y tenía la pava casi hirviendo. Y tomábamos mate de ahí con un mate viejito, simple. Ellos nos contaban que hacen eso tal cual”, relató.
Dulce, con leche y cerca de la chimenea
Otra diferencia aparece en el sabor. Mientras en Argentina conviven distintas preferencias, en Lungro es habitual endulzar la infusión con azúcar. Incluso existe una preparación destinada especialmente a los más chicos.
“A los chicos más que nada les gusta mucho el mate dulce con leche”, señaló Coronel. También remarcó que la bebida permanece asociada al ámbito doméstico: “Acá el termo no existe. No vas a ver a nadie tomando mate en la plaza. El mate se toma dentro de las casas”.
La youtuber Noeli Forciniti destacó que lo más significativo no está solamente en cómo preparan la infusión, sino en el valor que adquirió dentro de las familias. “Hacen mucho hincapié en cómo el mate une. En invierno lo toman cerca de la chimenea para fomentar el diálogo”, explicó. Según relató, funciona como una oportunidad para conversar y transmitir historias familiares.
El festival que mantiene viva la tradición
Una figura central para preservar este vínculo es Ana Stratigò, presidenta de la Academia del Mate e impulsora de una celebración dedicada a la bebida que se realiza desde hace 12 años.
Según contó Forciniti después de conversar con ella, Stratigò vinculó directamente el ritual con la conservación de la memoria familiar. “Ella nos contaba que, si no hubiese sido por el mate, había muchas historias familiares y costumbres que se hubiesen perdido”, recordó.
El Festival del Mate se celebra cada 1º de agosto, una fecha especialmente significativa para su impulsora porque coincide con el día en que falleció su madre. La celebración surgió como una manera de homenajearla y, al mismo tiempo, preservar las historias que durante generaciones circularon alrededor de las rondas de mate.
De una canción a un encuentro con Francisco
El impulso para difundir la particular tradición de Lungro nació también de una experiencia personal. Stratigò contó que todo comenzó cuando escribió junto con su madre una canción mientras ambas compartían mates frente a una chimenea.
“Pensé que era injusto que el mate no tuviera una canción”, recordó sobre aquella composición. Después de grabarla y publicarla, la historia comenzó a trascender las fronteras del pequeño pueblo calabrés y despertó interés en distintos lugares.
La difusión llegó incluso hasta el papa Francisco. Stratigò contó que tuvo la oportunidad de compartir un mate con el pontífice argentino, un encuentro que contribuyó a dar visibilidad internacional a una tradición que Lungro había mantenido durante generaciones.
El desafío de producir yerba mate en Europa
El vínculo dio un nuevo paso cuando comenzaron las iniciativas para sembrar y cosechar yerba mate en Lungro. El proyecto apunta a conseguir una producción propia y convertir a la localidad en pionera de este cultivo en Europa.
Karen, sommelier de yerba mate involucrada en la difusión de las actividades, destacó la particular combinación cultural que permitió sostener la tradición. “Es increíble. La migración hizo que italianos descendientes de albaneses fueran a Argentina y cuando volvieron trajeron el mate de souvenir. Esta comunidad lo hizo súper propio”, señaló.
La iniciativa se suma a las actividades gastronómicas y culturales destinadas a celebrar los vínculos entre Italia y Argentina. Para una comunidad de apenas 2.900 habitantes, el mate dejó hace mucho tiempo de ser un recuerdo exótico traído por emigrantes: después de alrededor de 150 años, forma parte de su identidad, sus reuniones y la memoria transmitida alrededor de cada pava.