La 44ª Peregrinación de los Pueblos ingresaba a Paraná tras casi 22 horas de caminata desde Hasenkamp. Entre el cansancio, las promesas y el agradecimiento, los fieles compartieron con Elonce conmovedoras historias de vida antes de llegar al Santuario La Loma.
La 44ª Peregrinación de los Pueblos Hasenkamp-Paraná transitó este sábado su tramo final hacia el Santuario La Loma, luego de una extensa caminata que comenzó el viernes por la tarde. Miles de fieles avanzaron por la zona de Colonia Avellaneda y San Benito, donde compartieron con Elonce sus historias de fe, promesas y agradecimiento, mientras se preparaban para ingresar a la capital entrerriana.
Después de casi 22 horas de recorrido, el cansancio comenzó a sentirse con mayor intensidad. Las ampollas, los dolores musculares y el frío de la madrugada dejaron sus consecuencias, pero los peregrinos continuaron avanzando acompañados por familiares, vecinos y servidores que los alentaron durante los últimos kilómetros.
En ese escenario, Elonce recogió testimonios de personas provenientes de distintas localidades entrerrianas, muchas de las cuales participaron por primera vez. Entre los relatos aparecieron pedidos por la salud de los hijos, agradecimientos por situaciones personales y promesas que encontraron en la peregrinación una forma de expresar la fe.
Una madre regresó para agradecer por el nacimiento de su hijo
Una de las historias más emotivas fue la de Marina, una mujer de Aldea Brasilera que caminó para agradecer a la Virgen por el nacimiento de su hijo, después de haberlo deseado durante mucho tiempo.
“Estamos peregrinando, agradeciendo a la Virgen el milagro de haber tenido un hijo y pidiendo por todas las mamás”, relató. La mujer explicó que había participado anteriormente de la manifestación religiosa para pedir por la posibilidad de convertirse en madre.
“Fue muy buscado y muchas veces vine a pedirlo a la peregrinación. Hoy vengo a agradecer”, expresó emocionada. Su hijo ya tenía cuatro años, pero hasta ese momento no había podido regresar para cumplir con ese agradecimiento. También llevó fotografías y pedidos por la salud de los niños de su familia y de sus padres.
Promesas por los hijos y la fuerza para continuar
Otra de las peregrinas fue Daniela, oriunda de María Grande, quien avanzó llevando una imagen religiosa que había recibido como regalo de un amigo. La mujer explicó que realizó la caminata por una promesa relacionada con la salud de sus dos hijos.
“Vine por una promesa por mis hijos, por mis dos hijos”, contó. Al recordar las dificultades del recorrido, reconoció que la madrugada había sido especialmente exigente: “Mucho frío, muchísimo frío. Pero con fe, para llegar de la mejor manera”.
La imagen que llevaba se convirtió en una compañía durante los momentos de mayor agotamiento. “Ella me da fuerza cuando no puedo seguir”, manifestó Daniela, mientras continuaba su camino hacia el santuario.
El agradecimiento por la vida y las primeras experiencias
Desde Tabossi también llegó una mujer que participó por primera vez de la peregrinación junto a un grupo de su localidad. Aunque reconoció las dificultades físicas, destacó que la experiencia había superado sus expectativas.
“Cansada, pero con mucha fe. Costó, pero la fe siempre te mueve”, expresó. Sobre las razones que la impulsaron a caminar, explicó: “Primero, problemitas personales, vamos a decir, y después agradecer por la vida, por lo que somos, por todo”.
La peregrina contó que otras personas de su grupo también realizaban por primera vez el recorrido entre Hasenkamp y Paraná. “La verdad que es una experiencia maravillosa”, aseguró, cuando todavía restaban kilómetros para llegar al destino.
Peregrinas de La Paz destacaron la fe y el compañerismo
Entre quienes avanzaban hacia Paraná se encontraban Tamara y Alejandra, dos mujeres de La Paz que compartieron sus experiencias. Una de ellas participaba por cuarta vez, mientras que la otra completaba su segunda peregrinación.
“Principalmente, agradecer por la familia”, expresó una de las mujeres. Al describir cómo lograban superar el agotamiento, sostuvo: “La fe. Mucha fe. Donde no tenés fuerza, lográs sacar de donde no sabés”.
También destacó el acompañamiento entre los participantes: “Nos acompañamos en el proceso, todo el transcurso de la noche, nos cuidamos, nos protegemos”. Ambas valoraron la presencia de jóvenes y expresaron su deseo de que más personas participaran en futuras ediciones.
Caminar por quienes no pudieron participar
Abril fue otra de las jóvenes que compartió su experiencia con Elonce. Integrante de la Infancia y Adolescencia Misionera, explicó que llevó consigo intenciones personales y pedidos de otras personas. “Traigo intenciones que no son mías, por los que no pueden peregrinar, y las propias, pero agradeciendo mucho por la gente que me rodea”, expresó.
La joven reconoció que el frío nocturno había complicado la caminata. “La madrugada fue difícil, el viento estuvo fresquito, pero le metimos pila. Cuando hubo que parar, se paró, pero se siguió”, relató. Sobre las molestias en los pies, respondió con humor: “Difícil, pero no les doy bola”.
El trabajo silencioso de quienes acompañaron a los peregrinos
Además de los fieles que realizaron el recorrido, la peregrinación contó con servidores encargados de brindar asistencia y acompañamiento. Juliana, integrante del grupo de servidores de María del Santuario La Loma, explicó cómo fue esa tarea.
“Nos tocó una noche bastante fría, pero siempre animando los corazones, llevando buena onda y acompañándolos”, relató. La joven señaló que la ayuda incluyó desde escuchar a los caminantes hasta colaborar con pequeñas dificultades físicas.
“Desde atar los cordones, que parece algo muy sencillo, pero al peregrino cansado le cuesta, hasta prestar un oído o dar un abrazo cálido”, explicó. También destacó los vínculos que se construyeron durante los años: “Se forman lazos que permanecen durante el tiempo. La peregrinación pasa a ser una excusa para compartir, porque ya la amistad se va formando”.
El ingreso a Paraná y los últimos kilómetros hacia La Loma
Mientras se multiplicaban los testimonios, la columna de peregrinos avanzó por las inmediaciones de Colonia Avellaneda y San Benito. Vecinos se acercaron para saludar, ofrecer agua y acompañar a quienes acumulaban numerosas horas de caminata.
En ese sector también se incorporaron familias que no habían realizado el recorrido completo. Algunos comenzaron a caminar desde El Palenque para compartir el último tramo. “Somos familia y media peregrinación estamos haciendo. Estamos todos juntos”, contó una mujer. Consultada sobre el motivo, respondió: “Para agradecer y compartir la fe”.
La organización dispuso una pausa de aproximadamente diez minutos para reagrupar a los participantes antes de ingresar a Paraná. El objetivo fue ordenar la extensa columna y reducir los inconvenientes en el tránsito. Desde allí, los fieles continuaron por avenida Almafuerte y calle Caputo, rumbo al Santuario La Loma, donde familiares y amigos aguardaban su llegada y estaba prevista la celebración de una misa.