Aunque es una de las dietas más populares para bajar de peso, los expertos advierten que la evidencia en humanos sigue siendo limitada y que el mayor problema es medir con precisión qué comen las personas.
El ayuno intermitente volvió a quedar en el centro del debate científico por una razón inesperada: no es que falten estudios, sino que resulta extremadamente difícil demostrar con certeza sus efectos en la salud humana.
Esta estrategia alimentaria consiste en restringir la ingesta a determinados horarios o días de la semana. Además de favorecer la pérdida de peso, también se le atribuyen beneficios como la prevención del cáncer, la diabetes y el deterioro cognitivo, aunque esas afirmaciones todavía no cuentan con pruebas concluyentes en personas.
Lo que muestran los estudios
Las investigaciones más sólidas provienen de experimentos con ratones, donde el ayuno produjo mejoras metabólicas, mayor longevidad y menor incidencia de enfermedades. Sin embargo, los científicos remarcan que esos resultados no pueden trasladarse automáticamente a los seres humanos debido a las diferencias biológicas entre ambas especies.
En humanos, la pérdida de peso promedio ronda el 5% y su eficacia es comparable a la de otras dietas basadas en la restricción calórica. También se observaron reducciones en algunos marcadores de riesgo, como el colesterol y la presión arterial, especialmente en personas con problemas metabólicos previos.
Respecto al cáncer y la salud cerebral, la evidencia es mucho menos consistente. Algunos ensayos sugieren beneficios puntuales, mientras que otros no lograron reproducir los mecanismos observados en animales.
El gran obstáculo: saber qué come la gente
Para los investigadores, el principal desafío no es el ayuno en sí, sino la calidad de los datos. La mayoría de los estudios depende de diarios alimentarios completados por los propios participantes, que suelen olvidar, omitir o incluso inventar parte de lo que consumieron.
Algunos trabajos estiman que alrededor del 30% de las personas subestima su ingesta calórica, con diferencias que pueden superar las 800 calorías diarias entre lo declarado y lo realmente consumido.
Sensores y tecnología para obtener respuestas
Frente a ese problema, los científicos desarrollan nuevas herramientas como cámaras portátiles, collares que detectan la masticación, tenedores inteligentes y sensores adheridos a los dientes. El objetivo es registrar la alimentación de manera objetiva sin depender únicamente de la memoria de los participantes.
Los especialistas coinciden en que el ayuno intermitente puede ser una opción válida para algunas personas, pero insisten en que todavía no existe evidencia suficiente para considerarlo una solución milagrosa. La combinación de mejores tecnologías y ensayos clínicos más rigurosos será clave para conocer su verdadero impacto en la salud.