Policiales Rosario

Pensó que iban a robarle, tomó su machete y la policía "lo mató a sangre fría"

Un albañil de nacionalidad paraguaya temió ser víctima de un robo en su casa y esgrimió un machete. Pero quienes ingresaban en su vivienda eran policías que lo mataron de un escopetazo.
“Acá mataron a un tipo que era un laburante. Mataron a un trabajador a sangre fría. Dos policías se metieron en su casa y mataron a un inocente. Y los milicos quisieron ensuciarlo plantándole un arma. ¿Se entiende lo terrible de lo que pasó acá?”. Los parientes de Rafael Acosta Venialgo, el vecino de la Vía Honda asesinado a balazos en un procedimiento policial pasada la medianoche del martes, no se cansaron de denunciar "gatillo fácil". Acosta Venialgo, un albañil paraguayo de 55 años, escuchó ruidos atronadores en el portón de chapa de su casa del Pasaje 1821 al 4900 (Avellaneda al 4400). Su familia asegura que sobresaltado temió ser víctima de un robo violento y llamó al 911 al menos dos veces. Cuando entendió que le habían entrado, salió al cruce de su destino con un machete en la mano. Ahí se topó con al menos dos efectivos del Comando Radioeléctrico que dijeron estar en una persecución por un delito en flagrancia e ingresaron a la vivienda de manera ilegal, sin identificarse, empuñando una escopeta con postas de goma (antitumultos). En medio de la sin razón, uno de los suboficiales disparó un escopetazo que impactó en el cuello de Acosta Venialgo y lo mató. Un policía, con heridas leves, quedó detenido. Su compañero fue demorado.

Cuando aún está fresco en el recuerdo la condena a prisión perpetua a dos efectivos del Comando por la cacería que terminó en el doble crimen de Emanuel Medina y David Campos perpetrado en Callao y Cazadores el 23 de junio de 2017, dos efectivos de la misma agrupación policial quedaron bajo investigación ante una nueva denuncia de gatillo fácil. Esta vez en el azotado barrio de la Vía Honda. Según se pudo reconstruir, el martes pasada la medianoche dos hechos policiales diferentes y distanciados por 600 metros confluyeron en el homicidio de un albañil que temió ser víctima de un asalto y buscó defenderse por mano propia.

Rafael Acosta Venialgo era oriundo de Villarrica, distrito ubicado en el centro sur de Paraguay, en la región Oriental, en el departamento de Guairá, distante 1.200 kilómetros de Rosario. Como muchos paraguayos que llegaron a la ciudad en los últimos años, trabajaba en la construcción. Junto a varios familiares, también inmigrantes, generaron una pequeña Pyme con la que trabajan tercerizados para empresas de la construcción. “Todos los que vivimos en esta cuadra (Pasaje 1821 al 4900) somos familiares y todos trabajamos en la pequeña empresa familiar que tenemos”, indicó uno de los parientes del hombre asesinado. El pasaje en cuestión corre paralelo a las vías del ferrocarril Mitre y en los 15 metros que separan la calle de la vía cientos de familias han desarrollado sus viviendas teniendo con patio trasero el camino ferroviario. Rafael Acosta Venialgo se construyó su casa en esa franja, donde además montó un humilde quiosquito.

El martes a la noche uno de los hijos de Acosta Venialgo violó una prohibición de acercamiento a la vivienda de su ex esposa y una denuncia de esta mujer motorizó el oscuro procedimiento policial que terminó en homicidio. Todo en un barrio donde la violencia se ha vuelto una postal común y reiterada.

Según se pudo reconstruir, tras la violación de la prohibición de acercamiento, la ex pareja del hijo de Acosta Venialgo llamó al 911 para reportar el incidente. Y en ese reporte se mencionó la casa de Rafael Acosta Venialgo, como el lugar en el que residía su hijo. Al lugar llegó cerca de la 1 de la mañana el móvil 8171, con una dotación de dos hombres. Los uniformados relataron que en la puerta de la vivienda vieron a Rafael Acosta Venialgo y su hijo, quienes al ver a los policías resistieron una potencial requisa. Rafael empuñando un machete, según esta versión.

El relato policial continuó diciendo que el hijo escapó trepándose por los techos y el padre enfrentando a machetazos a los uniformados. Eso generó una lucha cuerpo a cuerpo entre Rafael y el suboficial Miguel Y., que terminó cuando el policía disparó “mientras trastabillaba” un disparo con escopeta con postas de goma. Los proyectiles impactaron en el cuello de Acosta Venialgo, quien cayó agonizante. El suboficial en cuestión mostró, como heridas de guerra, que había recibido varios cortes en su brazo izquierdo. “Los cortes que tiene son leves y no se condicen con una agresión con un arma como un machete”, confió una fuente ligada a la investigación.

“Lo que manifiestan los policías es que fueron en procura de este sujeto y lo vieron en la puerta de la casa de la víctima, quien resistió el ingreso de los efectivos. A raíz de esta resistencia, la víctima tomó un machete e intentó defenderse y luego recibió un disparo de escopeta cuyo proyectil antitumulto le impactó en el rostro y le provocó la muerte” a pesar de ser trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, según explicó en rueda de prensa el fiscal Adrián Spelta.

Los parientes de Acosta Venialgo contaron una versión completamente opuesta. Indicaron que a la hora señalada Acosta Venialgo y su esposa dormían desde las 23 y que estaban solos en la vivienda. Que al llegar los policías se colgaron del portón de unos dos metros construidos con chapas y lo tiraron sobre la vereda. “Nunca se identificaron. Nunca gritaron policía ni nada de eso. Se metieron de prepo. ¿Que venían corriendo a un tiratiros? Eso es mentira. Un hombre trabajador de 55 años trepándose por los techos y escapando, donde se vio eso, amigo”, relató un sobrino del hombre asesinado. “Mi tío escuchó los golpes y se asustó. Pensó que lo iban a robar. Entonces agarró un machete que tiene en la casa y salió a enfrentarse con los choros. Ahí lo mató el policía con escopetazo en el cuello”, explicó.

Al relato de la familia, que denunció un caso de gatillo fácil, se le sumó información brindada por el fiscal Spelta en la rueda de prensa que colocó en una incómoda situación a los policías puestos bajo la lupa. En medio del susto y la sorpresa, los Acosta Venialgo llamaron dos veces al 911 alertando que desconocidos les querían entrar. Según relató Spelta, en el segundo llamado que quedó grabado en la central del 911 “se puede escuchar los golpes en el portón, ruidos a vidrios rotos (que serían los de ingreso a la casa), una voz que ordena «tirate al piso» y la detonación de un arma (la escopeta)”. El otro elemento es que a la misma hora el hijo de Acosta Venialgo se entregaba a otra dotación policial tirando de bruces uno de los elementos vitales del relato de los policías que insistían que habían visto en la casa a Rafael junto a su hijo.

Rafael agonizó cerca de 40 minutos en el piso de la casa hasta que una ambulancia lo llevó al Heca, donde llegó muerto. “De acá se lo llevaron vivo. Estaba mal, pero vivo. Se agarraba la cara. Pero estaba vivo”, explicó otro familiar. “Yo tuve que ponerme adelante de uno de los policías que a toda costa quería plantarle un arma a mi tío. Me sacaba todo el tiempo y buscaba el hueco para plantarle un arma el mugriento”, indicó el sobrino del hombre asesinado. Tras cumplir con los medios en el Centro de Justicia Penal el fiscal Spelta, asistido por su par Gastón Ávila, realizaron una inspección ocular de la escena del crimen durante unos 45 minutos. Un lugar donde los familiares ya habían recogido partes de la dentadura postiza del asesinado, que el escopetazo hizo saltar por los aires, y distintos elementos que según dicen los policías hicieron añicos en su irrupción. Tras la inspección se llevaron varios de esos elementos.

El cuerpo de Acosta Venialgo fue llevado al Instituto Médico Legal (IML) donde en las próximas horas se le realizará la autopsia bajo Protocolo de Minnesota (Protocolo Modelo para la Investigación Legal de Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias y Sumarias). El fiscal también ordenó que se recabaran las grabaciones de los llamados al 911, mensajes de las radios policiales, datos de los GPS de los móviles que llegaron a la escena, según confiaron los familiares de Acosta Venialgo entre 10 y 15 patrulleros. Además se le secuestró al suboficial Y. el arma que empuñó en el procedimiento, su teléfono celular y la camisa de su uniforme. Luego del análisis de las evidencias el fiscal determinará si corresponde imputarle el homicidio del albañil paraguayo y si la potencia acusación puede ser ampliada a otros policías. "Si corroboramos lo que dice la familia (del hombre asesinado), estaríamos hablando de un allanamiento ilegal y un homicidio como consecuencia de un procedimiento irregular. Y, además, de una adulteración del instrumento público utilizado por los efectivos para documentar el hecho", indicó el fiscal Spelta. (La Capital)

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