
El vandalismo es un fenómeno completamente desmadrado en la zona del parque Urquiza y el paseo 20 de Junio, que bordea la ex zona franca de Bolivia, por avenida Belgrano, en la ciudad de Rosario.
Al robo casi diario de las farolas del parque Urquiza y el paseo 20 de Junio en el bajo de la avenida Belgrano, ahora se sumó otro hecho de vandalismo insólito: la desaparición de la enorme reja de la obra El Sembrador. Se trata de un perímetro de 12 metros de frente, unos 200 kilos de hierro, que faltaron sin que nadie se percatara.
Se trata de una protección que había sido colocada en 2018, cuando se produjo la puesta en valor de la obra monumental de Lucio Fontana y Osvaldo Raúl Palacios inaugurada en 1943, para resguardarla de los grafitis y pintadas que recibía recurrentemente. Formó parte de una puesta en valor del relieve escultórico, coincidente con su 75º aniversario. Hoy solo quedaron los parantes.
La sustracción de luminarias es un fenómeno completamente desmadrado en el paseo 20 de Junio, que bordea la ex zona franca de Bolivia, por avenida Belgrano. La Municipalidad repuso todos los focos por tercera vez entre jueves y viernes pasado, completando nuevamente la iluminación del área. En pocos días ya se registró el robo de 15 farolas.
La ausencia de controles es tan grave, que no solo tuvieron la libertad para llevarse las farolas y el cableado, tanto el interno de las columnas como las líneas subterráneas, sino que ahora directamente empezaron a llevarse las columnas. Las arrancan, siendo que son postes amurados con hormigón al terreno, y se las llevan. A veces quedan los cables de alimentación eléctrica al aire, con el peligro de que cualquier niño acerque la mano y se pueda electrocutar.
En tanto, en la parte superior del parque hay más de 70 luminarias faltantes, en especial en la zona del Complejo Astronómico Municipal. Reponer cada una cuesta entre 200 y 300 dólares. Los vecinos cuentan que también hubo un robo de computadoras en el edificio del ex Planetario, que no trascendió públicamente.
Depredación
Pero de manera inédita, en una cabal demostración del interminable despojo de mobiliario urbano y la falta de patrullaje en la zona, también se llevaron completa la reja que rodea la gran escultura del Sembrador. Era un perímetro de hierro que estaba amurado al piso y soldada en parantes sólidos (que es lo único que quedó en pie), con un largo de casi 12 metros de frente.
"Es una reja grande, que debe pesar 200 kilos. Tiene unos 12 metros de largo por 1,50 de alto, toda de hierro. Hay unos caños cuadrados a los que estaba soldada o abulonada. Forzaron todo y se la llevaron. No es algo que se pueda cargar un tipo con un carrito o bicicleta, tienen que haber venido con una camioneta o camión", detalló Héctor Antonini, integrante de la Asociación Amigos del Parque Urquiza.
Del otro lado, sobre el paseo 20 de Junio, hay columnas "peladas" que no tienen luminarias. "Lo mismo pasa en el parque, se han robado por docenas. Es increíble porque están entre 4 y 6 metros de altura, se tienen que subir trepados como un mono y desatornillarlas. A la semana vienen los de Mantelectric, la empresa encargada del mantenimiento, poque tienen un sistema de monitoreo que les avisa. Las reponen y las abulonan, pero se las vuelven a robar", contó Antonini.
Tierra de nadie
El hombre, que vive hace más de 50 años frente al parque, afirma que en el Urquiza "pasa de todo" y está muy desprotegido. "Al Planetario se metieron y les robaron un montón de computadoras, pero no se conoció. A los autos les rompen los vidrios y les roban objetos que están adentro, o se llevan las ruedas. No hay monitoreo con cámaras en tiempo real ni control policial. Es tierra de nadie. Acá cualquiera hace cualquier cosa, se hizo el paraíso de los ladrones", agregó.
Por último, recordó que en la cancha de bochas de los jubilados le barretearon la puerta de un depósito, se llevaron dos hornos eléctricos, un dispenser de agua fría/caliente y unas 12 sillas plásticas. "Asaltan personas que vienen a tomar sol. Se roban los medidores de agua, canillas, cualquier cosa. Da miedo andar después de las 17 y ves gente rara caminando. Esto pasa en todos los parques", se lamentó. (La Capital)