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"Quiero una familia que me dé amor", escribió adolescente que pide ser adoptada

"Tengo 15 años. Desde los 6 años que vivo en distintos hogares que es mucho tiempo. Nada fue tan fácil para mí, pero quiero pensar que todo puede cambiar. Quiero tener una familia porque quiero que me den amor", expresó Lucía en una carta.
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Crédito: Clarín
"Me llamo Lucía. Tengo 15 años. Desde los 6 años que vivo en distintos hogares que es mucho tiempo. Nada fue tan fácil para mí, pero quiero pensar que todo puede cambiar. Quiero tener una familia porque quiero que me den amor."

Manuscrita en una hoja de cuaderno, firmada con el dibujo de un pequeño corazón, así comienza la carta que Lucía le hizo llegar a la jueza Clara Obligado, del Juzgado de Familia 5 de Mar del Plata. La adolescente vive en un hogar escuela de esta ciudad y nació con un trastorno genético que afecta el crecimiento de sus huesos, acondroplasia se llama, que causa el tipo más común de enanismo.

"Quiero poder invitar a mis amigos a mi casa, porque ahora no puedo invitarlos porque me da vergüenza decirles que vivo en un hogar. Me gusta escuchar música, me río mucho. Espero que una familia muy buena me quiera conocer", continúa el texto.

La Suprema Corte bonaerense autorizó la convocatoria pública, y desde el juzgado de Familia 5 hacen saber que Lucía va a la escuela secundaria y es muy buena alumna, tiene amigas y "un carácter y personalidad muy agradables", que es aplicada y que lamentablemente "ha transitado abandonos". Ella misma, por lo que le debió padecer en su infancia, le impuso una condición a la jueza: que por favor, quienes se interesen en adoptarla, no tengan problema de alcoholismo.
La decisión de Lucía de escribir la carta estuvo inspirada en el caso reciente de "L", un joven que de 17 años que estaba a meses de quedar fuera del sistema de adopción. Hoy no vive muy lejos del lugar donde pasó la mitad de su vida, respira el mismo aire de las sierras que rodean el lugar donde se crió, del que nunca se quiso ir. Esa fue la única condición que pidió a la jueza, pese al fuerte deseo que lo movilizaba: recibir el amparo, el abrazo de una familia, pero que fuera de Balcarce, y lo consiguió. Desde junio pasado, en un trámite "rapidísimo", este adolescente dejó el hogar de menores donde pasó los últimos nueve años y vive con sus padres y sus hermanos adoptivos.

Su caso se conoció en febrero. En esos días la Justicia lanzó una convocatoria de familias "para guarda con fines de adopción". Llamó la atención su edad, "L" tenía 17 años. El pedido requería cierta urgencia, ya que una vez que alcanzara la mayoría de edad quedaría marginado de los listados de adopción. Su situación se replicó en las noticias junto al dato de que lo usual es que el 99% de los adoptantes están en la búsqueda de chicos de hasta 5 años, no más, y que dos familias se habían interesado en adoptarlo.

Ese mismo mes, la vida de "L" comenzaba a cambiar y ese cambio despertó en Lucía, el mismo anhelo, con tanto afán que escribió la carta y llegó a manos de la misma jueza.

"Lucía lo merece. Quien la conozca enseguida se va a enamorar se ella. Es una bella persona, tiene toda la ansiedad de adolescente y una energía increíble", dice la jueza Obligado al diario Clarín, que define su rol y el de los demás operadores de la Justicia en los casos de Lucía y los demás chicos a cargo del Estado: "Nosotros somos voceros de sus necesidades, representamos su voz, lo peor que podemos hacer es no hacer, olvidarnos de ellos".

"Ella -dice por la adolescente- no baja los brazos, periódicamente me pregunta, me manda cartas, los años no le pesan, no le da importancia a tener 16 años (los cumplió poco después de escribir la carta) y continuar en la búsqueda de una familia", dice Obligado, que espera un desenlace como el que tuvo el caso de "L", que conoció a su familia adoptiva en febrero y en junio ya vivía con ella. "Fue un febrero hermoso", evoca un funcionario judicial.

Es que cuando las dos partes desean lo mismo, los primeros días se viven con gran expectativa, con mucha ilusión. El matrimonio que adoptó a "L" lo habló con sus hijos y toda la familia estaba entusiasmada; en la Sociedad de Protección a la Infancia de Balcarce el muchacho aguardaba con la misma intensidad la hora del primer encuentro.

La familia adoptiva es de clase media, de perfil bajo y no quiere dar notas, "coherente con su estilo de vida", definió la jueza. El matrimonio tiene dos hijos, el menor estudia en Balcarce y la hija mayor es universitaria en La Plata, lo que no le impidió estar a tiempo en su ciudad esa tarde de verano para conocerlo a "L". Cuando entraron al hogar, el adolescente los recibió a los cuatro, fue entonces cuando el hijo menor lo reconoció: aunque asisten a distintos cursos, van a la misma escuela secundaria. Se acercó a "L" y le dijo lo que tanto intuía: "¡Yo sabía que eras vos!", y lo abrazó. Ahora Lucía espera que esa escena que alimentó su esperanza se replique en su propia historia.

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