Los satélites de la NASA siguen la intensificación de El Niño mediante una señal clave: el aumento de la altura del mar asociado al desplazamiento de aguas cálidas hacia el Pacífico oriental. Esa información, combinada con mediciones de temperatura y color oceánico, permite observar la evolución de un fenómeno con influencia sobre el clima mundial.
Las observaciones muestran una transformación que involucra tanto al océano como a la atmósfera. El calentamiento modifica la distribución del calor y la humedad, altera los vientos y puede cambiar los patrones de lluvia en distintas regiones del planeta.
Según informó la NASA, las mediciones acompañan el seguimiento de un episodio potencialmente histórico. La NOAA estimó en octubre una probabilidad del 83% de que alcance una intensidad superior a los eventos anteriores del registro iniciado en 1950 durante el trimestre octubre-diciembre. Se trata de una proyección sobre su fuerza, no de una certeza sobre sus consecuencias en cada lugar.
La altura del mar permite seguir el movimiento del agua cálida
Una de las señales observadas durante 2026 fue el avance de ondas Kelvin: pulsos oceánicos que transportan calor desde el oeste hacia el este del Pacífico ecuatorial. Los satélites permiten seguir ese desplazamiento mediante las variaciones del nivel del mar.
Al calentarse, el agua se expande y puede elevar la superficie oceánica. Según la información difundida, en algunas áreas se registraron alturas de entre 30 y 40 centímetros por encima de lo habitual, mientras que sectores próximos a Indonesia y el norte de Australia presentaron niveles inferiores a los normales.
“Las ondas Kelvin son como el latido del corazón de El Niño”, explicó Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. El investigador destacó que los satélites de medición del nivel del mar permiten observar esos pulsos y comprender mejor el proceso.
Cómo se relacionan el calentamiento y los cambios en los vientos
El Niño es un fenómeno natural caracterizado por temperaturas superiores a las habituales en sectores del Pacífico ecuatorial. Su desarrollo está vinculado con cambios en los vientos alisios, que normalmente contribuyen a desplazar las aguas superficiales hacia el oeste.
Cuando esos vientos se debilitan, se favorece la expansión de aguas cálidas hacia el centro y el este del océano. La interacción con la atmósfera puede reforzar el proceso y modificar las zonas donde se concentran las precipitaciones.
La combinación de datos satelitales, boyas y sensores permite estudiar esa evolución desde distintas perspectivas. Sin embargo, la intensidad oceánica de El Niño no determina por sí sola la magnitud de una tormenta o una inundación específica: los efectos también dependen de las condiciones regionales.
El cambio de color aporta otra señal del fenómeno
La misión PACE, lanzada en 2024, suma información sobre el color del océano. Sus instrumentos permiten estudiar variaciones relacionadas con el fitoplancton, los organismos microscópicos que forman la base de numerosas cadenas alimentarias marinas.
Durante El Niño, el debilitamiento de los alisios puede reducir el ascenso de aguas profundas frías y ricas en nutrientes. Con menos nutrientes disponibles, disminuye la presencia de fitoplancton en determinadas áreas y el agua puede mostrar tonos más azulados en lugar de los habituales verdes.
Ese cambio también importa para los ecosistemas: una menor disponibilidad de alimento puede repercutir sobre otras especies. La NASA continuará combinando estas observaciones con las mediciones de temperatura y altura del mar para seguir la evolución del fenómeno y estudiar sus efectos.