Puños de acero, manos vacías. Así podría resumirse el destino del ex campeón mundial de boxeo Mike Tyson o mejor dicho de la fortuna que acumuló en su carrera y dilapidó con idéntica velocidad con que volteaba rivales.
"¿El dinero?. Bueno, debo reconocer que ese no era precisamente mi fuerte. Nunca supe cómo administrarlo, como tampoco supe detectar a las personas que se me acercaban sólo por mi dinero", confesó.
¿De cuánto dinero estamos hablando?. Las cifras que dio a conocer el propio Tyson durante el programa "Power Lunch" de la cadena CNBC son tan letales como el poder de sus golpes: "Calculo que entre 400 y 500 millones de dólares", respondió.
"Ironman", como alguna vez lo bautizaron en aquellas veladas pugilísticas en las que las promociones solían durar más que sus adversarios sobre el cuadrilátero, no apuntó a nadie en particular por haber pasado de millonario a mendigo.
"Estaba totalmente fuera de mí", recordó hoy Tyson de aquellos años de derroche en los que el alcohol y las drogas dominaban su vida llevándolo hasta la bancarrota, como él mismo admitió en 2003.
Una carrera casi suicida en la que los excesos eran la regla para el púgil que supo ser el campeón mundial más joven de la historia de los pesos completos y que perdió el rumbo tras la muerte de su mentor: Cus D'Amato.
Tyson, parte de cuya fortuna se fue también con los divorcios, terminó debiendo 23 millones de dólares y hoy, alejado del alcohol y arrepentido de aquellos excesos, busca ganarse la vida dignamente.
Una forma nueva de hacerlo es escribiendo su autobiografía, un buen modo de exorcizar fantasmas y ganar algún dinero para sobrevivir y en la que confesó haber sido víctima de abuso sexual en su infancia.
"Un vagabundo abusó de mí cuando tenía siete años", explica en el libro que permite ahondar en las razones que lo llevaron de abusado a abusador y lo enviaron a la cárcel por violación en sus épocas de gloria como campeón mundial.
"Ahora sólo quiero vivir una vida tranquila. No quiero morir", aseguró Tyson, quien reconoce los errores y males que provocó en el pasado, única vía para reconciliarse consigo mismo y con el mundo.
"Se que fui un chico malo e hice muchas cosas malas. Quisiera ser perdonado algún día porque decidí cambiar y vivir la vida de otra manera", comenta casi a modo de ruego el hombre que hacía rogar a sus rivales por piedad.
Una historia la de Tyson única, pero a la vez parecida a la de tantas otras glorias del boxeo y del deporte en general que pasaron de la fama a la miseria y el abandono, regresando muchas veces así al mismo punto de origen.
Como Tyson, también Joe Louis, otro grandísimo campeón de los pesos pesados y considerado otra de las grandes leyendas del pugilismo de todos los tiempos, supo andar el camino a la gloria de ida de vuelta.
En sus tiempos, Louis sucumbió a las mujeres y el champagne y terminó en problemas con un fisco estadounidense al que no escapó ni el más pintado. Para pagar sus deudas impositivas, el campeón, ya retirado, debió volver a pelear. Para su suerte, parte de aquella deuda le sería condonada mientras él, ya mayor, trabajaba en un club nocturno.
Similar situación atravesó años más tarde el panameño Roberto "Mano de Piedra" Durán, otro de los grandes campeones en la historia del boxeo que debió volver a calzarse los guantes a desgano para pagar las deudas fiscales atrasadas.
En la miseria y obligado a vivir con una pensión de 300 dólares mensuales, terminó sus días otro gran Emile Griffith, que supo reinar en la categoría welter y medianos y perdiera con del recordado campeón mundial argentino Carlos Monzón.
Otro caso este último de cómo la fama, mal manejada, suele ser traicionera. Si no, pregúntele a Tyson. Fuente: (Ansa).