Sociedad Violencia al volante

Sigue prófugo el acusado de atropellar y matar al piloto de Aerolíneas

“Perdoname mamá. Le rompí el espejito porque me encerró y me pasó por encima”, esas fueron las últimas palabras del piloto de Aerolíneas que murió atropellado a fines de agosto. El acusado está prófugo. El dolor de la familia de la víctim
Julián Giménez, el piloto de avión que fue atropellado cuando circulaba con una moto, por un abogado al mando de un automóvil tras una discusión de tránsito en el partido bonaerense de Vicente López, murió el 24 de agosto tras 20 días de internación.

El 4 de agosto, Julián manejaba su moto por la localidad de Florida, en Vicente López. Volvía de pagar el alquiler y, según las imágenes de las cámaras de seguridad, iba discutiendo con el conductor de una camioneta Jeep negra. En el cruce de San Martín y Remedios de Escalada, el motociclista golpea el espejo de la 4x4 y su conductor, Santiago Mazzini, un abogado que trabaja en la AFIP, apuntó la camioneta hacia la moto y embistió a Julián, que fue internado y operado de urgencia dos veces en la zona hepática.

Aquel miércoles, Julián se iba a encontrar a la noche con sus padres para ver el River-Boca de la Copa Argentina "pero sobre todo para comer y charlar". Alrededor de las cuatro y veinte de la tarde sonó el teléfono de su mamá Fernanda... era Julián. "Mamá, tuve un accidente en San Martín y la vía. Estoy mal". De inmediato, Fernanda y Gustavo, junto a Leandro, otro hijo, salieron disparados a socorrer a su hijo que estaba a unas veinte cuadras. "Cuando llegamos, lo vimos tirado en la vereda, boca arriba, pero consciente y atendido por el SAME".
Recuerda patente Fernanda el gesto de dolor de Julián, que desde el piso les pedía disculpas:"Perdoname mamá, los amo, los amo", exclamaba entre lágrimas y con agitación. "No pidas perdón Juli, de esto vas a salir, tranquilo, vamos a salir juntos", replicó la madre con desesperación. "Le rompí el espejito porque me encerró y este hijo de puta me pasó por encima", acota Gustavo el comentario que le hizo Julián.

"Yo me subí a la ambulancia con Juli, que pobrecito gritaba del dolor. Llegamos al hospital Vicente López y me dijo 'Mamá, tengo miedo'.Le di ánimo, fuerzas, lo alenté... Esas fueron sus últimas palabras porque lo sedaron y nunca más pudimos hablar con él", recuerda Fernanda.

Circunspecta, la mujer hace un relato como si se tratara de otra persona. Lo hace revolviendo su café. Gustavo no le suelta la mano y Nanda, que luce abatida, la observa sin poder creer que del que habla su suegra era su novio desde hacía cinco años. "La noche de ese miércoles los médicos nos dejaron estar junto a Julián en terapia intensiva, anticipándonos que no tenía casi chances de vida. Nos turnábamos con mi marido, entrando un rato cada uno para acariciarlo, hablarle, darle fuerzas, rezando mucho... Y fue aguantando, le puso mucha garra mi chiquito", continúa la mamá.

Gustavo y Fernanda describen el cuadro crítico que atravesó Julián en los días que sobrevivió a la embestida de Mazzini. "Lo estabilizaban pero siempre dentro de una situación de suma gravedad, con el hígado partido en cinco partes, los riñones sin funcionamiento, sin el bazo, con los pulmones a la miseria y todo lo que eso conlleva: los pies parecían engangrenados y las manos llenas de llagas por la falta de oxigenación general.El pronóstico era desalentador aunque él la peleó como un campeón, pero su estado fue empeorando paulatinamente", señala Gustavo respirando hondo.
Nanda Santos (26, brasileña), Gustavo Giménez (61) y Fernanda Villazante (59) durante la entrevista con Clarín. Foto Emmanuel Fernández.-

En los últimos días a Julián sólo se lo podía ver "un ratito" a las cuatro de la tarde. La noche del 23 de agosto el piloto tuvo "complicaciones" y Fernanda recibió un llamado de la Clínica Olivos, adonde había sido derivado su hijo. "Nos dijeron que vayamos porque no se sabía si iba a resistir otra noche. Llegamos y lo pudimos ver vivo, le hablamos, lo acariciamos y al ratito entró en paro cardiorespiratorio. Nosotros estábamos afuera escuchando todo el estrés que se vivía en terapia... Hasta que salió un médico, nos dijo que hacía diez minutos que estaba en paro, pero ya era imposible hacer más".

La mano izquierda de Gustavo se posa con ternura en la mejilla derecha de Fernanda. Nanda se mantiene en silencio y sólo se mueve para beber agua. "Vos no sabés el ejemplo que era ese chico... Se murió el héroe de la película, imaginate, un mazazo que nunca ningún padre espera. Hoy lo hablábamos con Fer esto de que Julián nunca nos dio un disgusto, nunca en sus 28 años de vida, ¿podés creer? Nunca una pelea, una discusión... Siempre fue positivo, era un pibe lleno de amor, amigote de sus padres y de sus hermanos".
El dolor de la familia
La familia Giménez está deshecha. Rocío, la hija más grande, de 31 años, está embarazada de cuatro meses y no puede ver una foto de Juli, lo mismo que Leandro (23), estudiante de psicología y que Candela (18), que arrancó la carrera de arquitectura. De vocación ceramista, Fernanda siempre se ocupó de sus hijos, "mi pasión", mientras Gustavo es piloto de Aerolíneas hace 32 años.
"No hay manera de hacer este trabajo si no sentís pasión como la siento yo y como la sentía Julián, que a los 17 años me apuró y me dijo 'Viejo, ¿cuándo me vas a llevar a volar?'. Claro, yo al principio no le daba bola, no quería que se sintiera presionado, porque este es un trabajo increíble, maravilloso, pero tenés que dedicarle muchas horas, muchas a una edad en la que no es fácil sacrificarse. Pero mi Julián tenía vocación de verdad, era un fenómeno adentro de la cabina del piloto, un orgullo invalorable para mí".

Nanda se saca el barbijo y se anima a contar cómo conoció a Julián en la noche del Año Nuevo de 2016, en la playa de Porto Seguro, en Brasil. "Nos pusimos a hablar y no nos separamos más, aunque la relación la mantuvimos a distancia con convicción y con perspectivas de futuro", hace saber con un fluido castellano. "Yo había venido en febrero a Buenos Aires para el casamiento de Rocío, la hermana, y en esa ocasión conocí su departamento que acababa de alquilar y en el que viviríamos juntos más adelante. Luego Juli viajó en marzo a Belo Horizonte, donde yo vivía sola y trabajaba y se quedó todo el mes".

El 4 de agosto a las 16.25, Nanda recibió un mensaje de voz de Julián de un minuto. Al principio pensó que se trataría de "una broma, ya que Julián tenía humor negro, pero inmediatamente me di cuenta de que era algo terrible. 'Mi amor, puede ser que estas sean mis últimas palabras', empezó el audio con voz agitada. Me decía que lo habían pisado con una camioneta, me pedía perdón por no haber pasado más tiempo conmigo y me dijo que siga con mi vida. Yo no entendía nada, lo volví a escuchar".
Julián Giménez y Nanda Santos se conocieron en Porto Seguro en la noche del año nuevo de 2016.-

No salía de su conmoción Nanda, que en ese preciso momento se encontraba con su hermana médica en Belo Horizonte. "Lo llamé por WhatsApp, me atendió y me pedía perdón todo el tiempo y repetía que lo habían pisado. Él se expresaba como podía, pero a los gritos y yo no podía decir nada, sólo le gritaba que por favor no se muera... y se cortó. Volví a llamar tres veces más y me atendió las tres veces pero me repetía lo mismo". Asienten Fernanda y Gustavo: "Nosotros vimos que desde el piso de la vereda Juli le contestaba a Nanda... de alguna manera se estaba despidiendo".
No fue un accidente
Cuando Gustavo vio dónde estaba tirada la moto "toda entera abajo de la camioneta, sin ninguna bocacalle cerca, me di cuenta que este tipo lo había atropellado a propósito, como me había dicho mi hijo. Era evidente que no había sido un accidente porque la camioneta estaba estrellada contra un poste de luz. '¿Dónde está este tipo?', le pregunté a Leandro, mi otro hijo". La ambulancia ya se había llevado a Julián.

"Es ese que está allá, con campera azul", le señalan a Santiago Mazzini, el conductor que embistió a la moto. "Yo a este lo mato, lo mato", fue su primer impulso. "Pero por suerte Dios me iluminó y no lo toqué. 'No sé qué pasó, no tengo idea, soy abogado', me repetía mientras un policía me decía 'No le haga nada, que tiene a la mujer embarazada'".

Fernanda lo interrumpe: "No quiero que tengamos odio, ni rencor... nos obnubila y no conduce a nada. Nosotros no somos así, sólo queremos justicia por nuestro hijo. Pero yo rezo por este señor para que tenga paz, porque lo que debe estar viviendo él y su mujer embarazada no se lo deseo a nadie... Sí nos urge que tenga un rapto de paz y se pueda entregar... Y si no se entrega, hay una ley divina de la que no se podrá escapar".
Los hermanos unidos. Esta vez por el casamiento de Rocío, la hermana mayor. A la izquierda, Julián, del otro lado Candela y Leandro.-

Desde el vamos Fernanda y Gustavo se propusieron no ver el video en el que se advierte la embestida de Mazzini luego de que Julián le rompiera el espejito. "No quiero por temor a empezar a odiar y no busco eso", subraya ella.

De todas maneras, los padres quieren remarcar que "Julián reaccionaba ante las situaciones de abuso en las calles, lo volvían loco actitudes como la que sufrió él en carne propia e imagino que su reacción debe haber sido por algún encierro. Nosotros muchas veces hablábamos de la locura en las calles y él no podía entender cosas como, por ejemplo, esperar a que cruce una persona y que de atrás le estén tocando bocina. Él no se quedaba en el molde: '¿No ves que está cruzando?'. Era una persona muy prudente y justa en la calle, manejando un auto o la moto".

Nanda dice que tampoco está enojada. "Creo que estoy viviendo una pesadilla de la que no me puedo levantar. Como dicen ustedes, siento que no me cayó la ficha, me da la sensación de que Juli está volando, haciendo alguno de sus viajes",expresa. "Viví diez años sola pero después de esta tragedia, me iré a casa de mis padres en Bahía".

Fernanda cuenta que tiene que retornar a la casa de Julián "ya que hay mucho por hacer y por otro lado me hace bien empaparme en su espacio donde era feliz, con sus cosas, sus olores y sus fotos siempre riéndose". En cambio, Gustavo no puede "ni pisar el departamento". Para Nanda es distinto, era el nido de amor que estaban construyendo. "Yo llegué de Brasil el 10 de agosto y me quedé allí en su casa, sola, haciendo la cuarentena. Pero fue insoportable, me quería ir, no quería estar allí sin él".

El cuerpo de Julián fue velado el jueves 26 de agosto y trasladado al cementerio de Olivos, donde reposa en un nicho temporariamente porque está judicializado. El plan es esparcir sus cenizas en el mar, "junto a su abuela que tanto amaba". El abogado Mazzini, imputado por "homicidio simple", sigue prófugo.
Gustavo Giménez, piloto de experiencia, aquí acompaña a su hijo Julián en el vuelo de bautismo en Aerolíneas.-

(Clarín)

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