Sociedad Emocionante historia

Se escribieron durante la guerra de Malvinas y se conocieron 36 años después

Marta Villagra era "Madre de la Guerra" y Rubén Papes "su soldadito". Tardaron casi cuatro décadas en conocerse y estrechar el abrazo que se prometían a través de cartas. "Dios nos juntó", confió ella.
Sentados a la mesa, charlan, se ríen. Él ofrece mates, jugo o agua. Ella acomoda las cartas y las sillas. Se miran y pareciera que se conocieran de toda una vida, y tal vez así sea.

La primera vez que se vieron y se abrazaron fue hace apenas unos días, pero hubo algo que los unió mucho más que la presencia física: fueron las cartas y los mensajes de aliento que tanto se necesitaban en tiempos donde la guerra lo había copado todo.

Rubén Papes es un veterano de Malvinas, uno de los héroes de la Patria nacidos en Gualeguaychú. Se desempeñó como enfermero durante el conflicto de 1982 y sus compañeros lo recuerdan porque nunca dejó a nadie tirado.

Dormía con frío, mojado, entre rocas, pero si había un herido ahí estaba Rubén para ayudar. Si habrá hecho por los demás que a 36 años del conflicto bélico con Inglaterra, un compañero le envió un mensaje de voz donde le recordó aquella camilla improvisada con dos armas largas y una campera, mientras el otro enfermero llevaba "a caballito" a otro herido en medio de un bombardeo.

A miles de kilómetros, en un campo del sur de Entre Ríos estaba Marta Villagra, que con apenas 30 años ya cuidaba de sus cuatro hijos.

Además de ser mamá, Marta era catequista y tenía una estrecha relación con el padre Luis Jeannot Sueyro, conocido como el Cura Gaucho. Cada día rezaban por los soldados que estaban en las Islas Malvinas; se trasladaban de casa en casa atravesando las largas distancias que separaban a las estancias.

"Al principio creíamos que íbamos ganando, pero cuando nos enteramos de la verdad rezábamos más para que la guerra terminara cuanto antes", contó Marta en la entrevista con el diario ElDía a la que accedieron ambos.

Ella recuerda que en cada carta que enviaba a las Islas escribía: "Cada noche, cuando beso a mis hijos y les doy las buenas noches, los estoy abrazando a todos ustedes".

Era una Madre de la Guerra, una de las tantas que lo único que buscaba era sembrar un poco de esperanza y calidez en el corazón de los soldados argentinos.

Rubén también recuerda esas palabras con mucha emoción, pero inmediatamente empieza a contar historias para desdramatizar el momento y reír un poco: "Cuando llegaban las cartas yo me fijaba qué edad tenían las chicas que escribían. Si decía que tenía 80 años no la abría, pero si era jovencita, sí", relató, entre risas.
La noche es más oscura

Los recuerdos vienen a la memoria como si la guerra hubiese sido ayer. Rubén y sus compañeros llegaron a nuestras Islas Malvinas el 9 de abril de 1982, un rato antes que bajara el sol. Los llevaron en camión a una casa de unos kelpers donde estaba montado un centro de sanidad. A los ocho días fueron trasladados a otro puesto de socorro con los médicos y otros siete soldados. "Yo era camillero y los otros chicos eran enfermeros", relató.

Una noche muy oscura él debía hacer guardia mientras los demás dormían. "Veía a 50 metros algo que se movía. Yo tenía miedo porque era un gurí. Estaba cag. . . en las patas y empecé a tirar con el FAL (Fusil Automático Liviano). Salieron todos mis compañeros que estaban durmiendo. Cuando nos dimos cuenta, era un caballo. . . pobre animal, pero yo estaba con miedo", reconoció entre emoción y risas.

En medio de todo ese horror y ese frío extremo, las cartas de Marta, y de cada una de las personas que enviaban líneas con palabras de aliento y amor, eran como un recreo o un regalo inesperado.

¡Carta para Marta! La respuesta tan esperada

"Fue una conmoción para todos. Cuando apareció mi hermano gritando: '¡Marta, carta de las Malvinas!', fue una emoción muy grande. Yo se la mostraba a todos y también le decía al padre Jeannot: 'Mucha gente manda joyas y nosotros acá no tenemos nada y él me respondía: '¿Usted sabe que una palabra o una carta tienen mucho más valor que un lingote de oro? Escríbanles, hagan cartas", contó Marta ante la sonrisa de Rubén.
"Cuando recibí la respuesta, para mi esa carta era mi tesoro, mi locura, mi todo", sintetizó la mujer que ya es abuela y bisabuela, pero aún conserva la juventud intacta.

No faltó quien le dijera: "¿Vos crees que son los soldados los que hacen esas cartas? Eso está hecho en un escritorio de Buenos Aires. Pero yo siempre confié".

El encuentro en el momento justo

Se conocieron el domingo 1 de abril pasado, en el Teatro Gualeguaychú. Cuando fueron a ver la obra "Corazón Malvinero" y terminaron sobre el escenario estrechados en un abrazo. El abrazo que había sido guardado durante 36 años.

Marta está segura que su encuentro con Rubén fue producto de la mano de Dios, porque ella intentó buscarlo y encontrarlo en otras oportunidades y no había tenido éxito. Llamó a las radios, otras veces se acercó a los desfiles y se preguntaba: "¿Papes andará por acá?"

"Yo siempre viví en el campo y se me hacía muy difícil lograr el contacto. Ahora quedé viuda y me vine a la ciudad. Cuando convocaron a mi hermano para que escribiera una canción para un homenaje en el aniversario de Malvinas él me pidió ayuda para la letra", relató Marta. Ahí se le ocurrió preguntarle: "¿Y mi historia de la carta?" Ese fue el primer paso que aventuró el encuentro.

Rubén también recibió la invitación y le insistieron: "No faltes, tenés que ir porque es una obra que te va a gustar".

Rodeado de las cartas, fotos y hasta un pedacito de tierra malvinense que aún conserva en una bolsita, Rubén recordó que "cuando cantaron el tema de la carta, dijeron que estaba presente la Madre de la Guerra que le escribió a un soldado. Ahí me quebré, pero no podía subir al escenario por la emoción que tenía. Junté fuerzas, subí, y lloramos juntos. Me saqué un prendedor de las Malvinas y se lo regalé de todo corazón".

"Algunos compañeros me preguntaron si el encuentro estaba armado. ¡Pero si yo nunca la vi!", respondió Rubén con su gran energía y su voz bien fuerte.

"Fue algo de Dios, era éste el momento", dijo ella, no dando mucho interés a los incrédulos. "Ustedes no saben el valor de la oración: Eso me dijo el Padre Jeannot hace muchos años, y tenía razón", agregó Marta con cálida expresión.

Lo que pasó está escrito, sentido y vivido, pero ahora resta transitar el mejor capítulo: el futuro. "Espero que no nos veamos sólo el 2 de abril", dijo Marta confiada en que este sea el primer capítulo de una linda amistad.

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