REDACCIÓN ELONCE
La modista Vanesa Escalada dedicó cinco meses de investigación y trabajo a la creación del vestuario del Palacio San José, con el desafío de reproducir prendas respetando materiales, características y diferencias sociales de la época. En diálogo con Entre Noticias, programa que se emite por Elonce, explicó que recorrió archivos y reservas y estudió minuciosamente las piezas históricas.
“La verdad es un honor haber hecho el vestuario para el Palacio, más que nada porque yo amo este lugar. De chica vengo acá, soy modista hace años y hacer este vestuario implicó mucha investigación”, expresó Escalada al describir el significado personal que tuvo asumir la tarea.
La confección estuvo precedida por una extensa etapa de documentación. “Hace cinco meses que estamos trabajando. Fuimos al archivo, entramos a la reserva, las chicas me encontraron la ropa y yo me fui hasta todos los detalles”, relató. Esa búsqueda le permitió observar las características de las prendas y trasladarlas a las nuevas piezas.
Botones del Ejército y telas acordes a la época
La precisión alcanzó incluso aquellos elementos que podrían pasar inadvertidos a simple vista. Escalada contó que una de las prendas tenía exactamente 11 botones y decidió respetar esa característica, para lo cual debió conseguir piezas específicas fuera de Entre Ríos.
“Ella tiene 11 botones puestos. Busqué los 11 botones que eran del Ejército. Fue una logística: tuve que comprar los botones en Buenos Aires porque no se consiguen”, detalló la modista.
El desafío también pasó por encontrar materiales compatibles con el período histórico representado. “Usar telas que iban con la época, porque las telas actuales no condicen con la época. Todo fue un trabajo en conjunto con los chicos del Palacio y todos muy predispuestos”, destacó.
La vestimenta también reflejaba las diferencias sociales
La investigación permitió comprender que la ropa no respondía solamente a cuestiones estéticas. Las prendas, sus materiales y su calidad también podían dar cuenta de la posición que cada persona ocupaba dentro de la estructura social.
“Los delantales, yo les explicaba a las chicas que, dependiendo de la época, era la clase social que tenía cada chica. Todo llevó una investigación que terminó en este resultado”, explicó Escalada sobre uno de los aspectos que tuvo en cuenta durante la confección.
La misma lógica fue aplicada a los personajes vinculados con la despensa. “Yo les decía a los chicos, por ejemplo, lo de la despensa: el despensero en ese momento era el que tenía más plata que el ayudante de la despensa, que era tal vez un peón”, señaló.
Del pañuelo a los botones: cuidar cada detalle
Para Escalada, esas diferencias debían observarse en cada uno de los elementos utilizados. Por ese motivo, incluso seleccionó pañuelos de distintas calidades de acuerdo con la posición de los personajes representados.
“Hasta cuidé el detalle del pañuelo: el despensero tiene un pañuelo de tela de mejor calidad comparado con el peón”, explicó. La elección de los botones también demandó una búsqueda especial para evitar materiales que no correspondieran al período recreado.
“Compré botones de madera. No existía el botón de plástico como ahora. Existían botones de madera, de nácar, de metal, pero no existía el botón como ahora”, detalló la modista.
“No es un disfraz, es una caracterización”
Precisamente, el cuidado histórico es lo que, para Escalada, marca la diferencia entre confeccionar un disfraz y desarrollar un verdadero vestuario destinado a una recreación.
“Todos son detalles que hay que cuidar para que cuando uno vea diga: no es un disfraz, es una caracterización o es un vestuario. Esa es la diferencia entre el disfraz y el vestuario”, definió durante la entrevista.
La modista también destacó el trabajo conjunto con el personal del Palacio San José y agradeció la confianza depositada en ella. “Se lanzaron a mi pileta sin conocerme, con la confianza de que todo iba a salir muy bien, así que se lo agradezco a todos”, manifestó.
“Lo que yo hago es arte, arte en movimiento”
Más allá de la investigación histórica y de las técnicas de confección, Escalada definió su trabajo desde una perspectiva artística. La posibilidad de que las prendas sean utilizadas y cobren vida a través de quienes las visten constituye, para ella, una parte esencial de la creación.
“Yo digo que esto es arte, lo que yo hago es arte, arte en movimiento, porque el pintor pinta y queda plasmada la pintura y para mí es como pintar y el movimiento que le da es todo”, expresó.
El proceso implicó largas jornadas de trabajo y pocas horas de descanso. Sin embargo, la modista aseguró que el resultado justificó el esfuerzo: “Todo esto está hecho con mucho amor, más allá de dolores de espalda y el cansancio eterno que tengo. Hace semanas que duermo tres horas, pero estoy más que orgullosa y feliz del logro”. Y anticipó que el proyecto continuará: “Vamos por más”.