Sociedad Una historia de crecimiento desde el norte entrerriano

Familia ganadera de Entre Ríos creó un emprendimiento y ahora exporta carne a Estados Unidos, Israel y Europa

Una familia ganadera de Entre Ríos transformó su actividad durante la pandemia y creó Abuelo Julio, una empresa que hoy faena 1.500 animales por semana y comercializa carne en mercados internacionales. El emprendimiento nació en San José de Feliciano y proyecta nuevas inversiones.

10 de Octubre de 2026
Familia ganadera de Entre Ríos. La Nación.

Una familia ganadera de Entre Ríos convirtió una decisión tomada durante la pandemia en un negocio internacional que actualmente comercializa carne en Estados Unidos, Israel y distintos mercados europeos, además de desarrollar operaciones en Colombia, Suiza y Dubái. Se trata de los Castillo, productores de San José de Feliciano que crearon Abuelo Julio y pasaron de dedicarse exclusivamente a la cría de ganado a integrar diferentes etapas de la cadena cárnica.

 

La transformación comenzó en 2020, cuando los integrantes de la familia pasaban más tiempo juntos en el establecimiento San Pedrito. Hasta entonces, llevaban más de cuatro generaciones dedicadas a la actividad ganadera, principalmente a la producción y venta de terneros al destete.

 

En ese contexto, Sebastián Castillo, actual presidente y CEO de Abuelo Julio, planteó una pregunta que modificó el rumbo del establecimiento: por qué vender los animales jóvenes si podían recriarlos y terminarlos por cuenta propia. Aquella inquietud dio origen a un proceso de expansión que, pocos meses después, también los llevaría a exportar.

 

 

De la cría de ganado a la exportación de carne

 

“Abuelo Julio es una historia de superación con una empresa que nació cuando decidimos potenciar el negocio familiar de más de cuatro generaciones de ganaderos de cría”, expresó Sebastián Castillo al recordar los comienzos del emprendimiento.

 

El empresario, que había estudiado Economía y trabajado durante años en el sector tecnológico, regresó al campo familiar durante el aislamiento. “Con el aislamiento, empezamos a estar juntos en el campo y fue cuando decidimos integrar el ciclo ganadero”, explicó.

 

En abril de 2020 realizaron su primera recría y adquirieron cuatro silos de autoconsumo en La Pampa. Posteriormente, avanzaron hacia la terminación de los animales y comenzaron a explorar nuevas oportunidades comerciales.

 

 

La posibilidad de exportar apareció a través de un conocido vinculado al sector frigorífico. “Ya que estás metido en el campo, ¿no tenés ganas de exportar carne?”, le preguntó. La propuesta derivó en un acuerdo con Carnes Virreyes, empresa que aportó experiencia en comercio exterior.

 

Una empresa que pasó de 350 a 1.500 animales por semana

 

En noviembre de 2020, Abuelo Julio concretó sus primeras operaciones internacionales. Sebastián y su hermano Tomás comenzaron a desarrollar el negocio con el acompañamiento de la firma exportadora.

 

“Hicimos un acuerdo colaborativo en el cual nos transmitían el know-how y nosotros poníamos el capital y los animales. Fue por única vez solo para conocer del negocio. Así, empezamos de cero con mi hermano Tomás, donde ninguno sabía nada del negocio”, recordó.

 

En sus comienzos, la compañía faenaba aproximadamente 350 cabezas semanales. Solo entre el 10% y el 15% de los animales provenían de producción propia, mientras que el resto se adquiría a otros establecimientos.

 

 

Actualmente, la escala alcanza las 1.500 cabezas por semana y, desde este año, la empresa controla operativamente la planta de Friar en Nelson, provincia de Santa Fe.

El crecimiento también exigió construir relaciones comerciales con otros productores. “Nadie nos conocía, no nos querían vender ni fiar, solo de contado. Hasta que fueron confiando y dándose cuenta que pagamos”, relató Castillo.

 

La genética y la producción propia, claves del crecimiento

 

Otro de los cambios surgió cuando la familia comenzó a buscar mayor uniformidad en los animales. A partir de una recomendación veterinaria, decidió incorporar genética Braford y posteriormente sumó Angus.

 

Sebastián creó la cabaña Doña Ñata, denominada así en homenaje a su abuela. “Me enamoré y armé la cabaña Doña Ñata, en homenaje a mi abuela, pero sin tener animales. Primero la inscribí y después compré las vacas porque antes había un popurrí de animales”, contó.

 

 

Actualmente, la firma cuenta con unas 3.000 madres y proyecta ampliar el rodeo a entre 6.000 y 7.000. El objetivo es producir una proporción creciente de los novillos que utiliza en su circuito comercial.

 

La expansión incluye también la agricultura. Este año trabajan unas 5.000 hectáreas con maíz, trigo y soja, y parte de la producción de maíz se destina a la alimentación de sus propios animales.

 

Abuelo Julio llega a Suiza, Dubái y otros mercados internacionales

 

La estrategia de Abuelo Julio no se limita a producir y exportar carne. La empresa busca participar en distintas etapas del negocio, desde la genética y la alimentación hasta la comercialización directa al consumidor.

 

 

En Argentina abrió locales propios en San Pedro y San Nicolás, mientras proyecta una nueva sucursal en la ciudad de Buenos Aires. En Colombia posee una participación mayoritaria en una compañía que comercializa entre 10.000 y 15.000 kilos mensuales de carne porcionada.

 

La operación colombiana cuenta con instalaciones propias, recibe cortes enviados desde Argentina y utiliza recortes para elaborar chorizos. Paralelamente, la firma desarrolla negocios en Suiza y Dubái, y mantiene vínculos comerciales con Estados Unidos, Israel y Europa.

 

“Una de las cosas que puse como objetivo es integrarnos verticalmente en el negocio”, explicó Castillo. En ese sentido, sostuvo: “Entendí que nuestra rentabilidad siempre está en la última milla del negocio”.

 

 

Para diciembre, la compañía prevé avanzar en un acuerdo con un importador de Italia que le permita participar también de la comercialización en ese país.

 

Una empresa familiar que proyecta seguir creciendo

 

La estructura de Abuelo Julio mantiene una fuerte participación de la familia Castillo. Santiago, el padre, y sus hijos intervienen en diferentes áreas del emprendimiento.

 

Tomás se ocupa de las exportaciones y del negocio de consumo de carne; Mateo, radicado en Panamá, trabaja con la operación colombiana; Juan Francisco gestiona la actividad agrícola; Sebastián dirige la compañía y Victoria también integra la sociedad.

 

 

La firma dispone además de logística propia, incluidos camiones destinados al transporte de productos refrigerados, con el objetivo de controlar las condiciones de entrega y la calidad de la mercadería.

 

El próximo desafío consiste en ampliar la producción ganadera, desarrollar la genética, incrementar la superficie agrícola y consolidar la presencia en mercados internacionales.

 

De una decisión inesperada a un negocio internacional

 

Al recordar el camino recorrido desde 2020, Sebastián Castillo reconoció que la expansión superó ampliamente las expectativas iniciales de la familia.

 

“Si en el 2020 me hubieran dicho que Abuelo Julio iba a ser lo que es hoy, ni loco decía”, afirmó.

 

El empresario también destacó la necesidad de continuar innovando para sostener el crecimiento. “Tenemos un negocio más de specialty. Por lo que buscamos rentabilidades y profit en lugares distintos a la venta masiva”, señaló.

 

 

La historia de esta familia ganadera de Entre Ríos muestra cómo una actividad tradicional de San José de Feliciano se transformó en un emprendimiento que integra producción, industria y comercio internacional. “Tenemos que hacer cosas distintas, si no dejamos de existir”, concluyó Castillo.

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