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Estudio reveló mayor riesgo cardiovascular en mujeres que superaron un cáncer de mama

Investigadores argentinos comprobaron mayor rigidez arterial en mujeres que superaron un cáncer de mama. El hallazgo plantea reforzar los controles cardiovasculares a largo plazo.

7 de Octubre de 2026
Cáncer de mama: detectan mayor riesgo cardiovascular

Investigadores argentinos descubrieron que las mujeres que atravesaron un cáncer de mama presentan una mayor rigidez arterial que aquellas sin antecedentes de la enfermedad, incluso cinco años después de superarla. El hallazgo, plantea la necesidad de reforzar el seguimiento cardiovascular a largo plazo.

 

El trabajo de la Universidad Austral, el Hospital Universitario Austral y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) fue publicado en Cardio-Oncology, una revista científica internacional especializada en el vínculo entre el cáncer y la salud cardiovascular. Octubre es el mes de concientización sobre el cáncer de mama a nivel mundial, reconocido por la Organización Mundial de la Salud, con foco en concientización, detección temprana, diagnóstico oportuno y acceso al tratamiento.

 

La alteración resulta relevante porque una menor elasticidad arterial se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca. “Nuestro trabajo aporta más evidencia a la idea creciente del impacto arterial a largo plazo del denominado binomio cáncer-tratamiento”, explicó el doctor Renzo Melchiori, jefe del Servicio de Ecocardiografía y coordinador de Cardio-Oncología del Hospital Universitario Austral.

 

El especialista destacó uno de los principales resultados de la investigación. “A iguales factores de riesgo cardiovasculares, las pacientes con antecedentes de cáncer de mama presentan una mayor rigidez arterial, transcurridos los cinco años de superada la enfermedad”, señaló.

Las arterias sanas tienen la capacidad de expandirse y contraerse con cada latido, lo que permite amortiguar la presión con la que circula la sangre. Cuando pierden elasticidad y se vuelven más rígidas, el corazón debe trabajar frente a una mayor resistencia y aumenta el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares con el paso del tiempo.

 

Habitualmente, este deterioro se relaciona con factores conocidos como la edad, la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo. El desafío de los investigadores fue determinar si el antecedente de cáncer de mama podía estar asociado con un efecto adicional, independientemente de esas variables.

 

Para hacerlo, analizaron información de más de 2300 mujeres de entre 35 y 65 años que no tenían antecedentes de enfermedad cardiovascular. Mediante una metodología estadística denominada emparejamiento por puntaje de propensión, compararon mujeres con características muy similares en cuanto a edad y factores de riesgo cardiovascular. La principal diferencia entre ambos grupos era haber atravesado o no un cáncer de mama.

 

Luego evaluaron la rigidez de las arterias a través de la velocidad de la onda de pulso, una medición que permite conocer con qué rapidez se transmite la onda generada por cada latido a través del sistema arterial. Cuanto mayor es esa velocidad, mayor es, en términos generales, la rigidez de las arterias.

 

El resultado mostró que las sobrevivientes de cáncer de mama presentaban una mayor rigidez arterial aun cuando se las comparaba con mujeres de características semejantes y con un perfil de riesgo cardiovascular similar.

 

Para el doctor Alejandro Hita, consultor de Cardiología del Hospital Universitario Austral, el hallazgo se inscribe en una relación que cardiólogos y oncólogos vienen observando desde hace tiempo.

 

“Desde hace varios años los cardiólogos, junto a los oncólogos, venimos observando aspectos epidemiológicos confluyentes entre la enfermedad oncológica y la patología cardiovascular”, explicó. Según Hita, comprender los mecanismos detrás de esta asociación puede permitir identificar nuevos criterios para determinar qué pacientes presentan mayor riesgo y, de esa manera, “proteger mejor” su salud cardiovascular.

Las posibles causas

El estudio no permite establecer cuál es la causa exacta de esta mayor rigidez arterial. Los investigadores plantean que probablemente no exista un único responsable, sino una combinación de factores vinculados tanto con la enfermedad como con su tratamiento.

 

Entre las posibles explicaciones aparecen los efectos vasculares de determinados tratamientos oncológicos, incluidos algunos esquemas de quimioterapia; la persistencia de un estado inflamatorio de bajo grado, y distintos cambios metabólicos y celulares capaces de afectar el funcionamiento de los vasos sanguíneos.

 

El tema cobra cada vez mayor importancia por una razón positiva. Gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento, crece el número de personas que sobreviven al cáncer durante muchos años. Esto obliga a ampliar la mirada sobre qué significa el seguimiento de un paciente una vez terminada la etapa estrictamente oncológica.

 

“Entender el impacto a largo plazo que tiene el diagnóstico de cáncer y sus tratamientos en los pacientes es particularmente relevante en la actualidad”, sostuvo Manglio Rizzo, jefe de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral e integrante del grupo de trabajo de inmunobiología del cáncer del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Conicet-Universidad Austral).

 

“Los pacientes con antecedentes de cáncer curados son cada vez más numerosos, y saber cómo cuidarlos para prevenir otras enfermedades es una responsabilidad de todo el equipo multidisciplinario”, agregó.

 

Un seguimiento que continúa

Los resultados abren la discusión sobre la necesidad de reforzar la prevención cardiovascular en esta población, incluso cuando no presenta síntomas ni reúne los factores que tradicionalmente se utilizan para identificar a una persona con alto riesgo.

 

Una de las herramientas que mencionan los investigadores es precisamente la medición de la rigidez arterial. Se trata de un procedimiento no invasivo, rápido y sin agujas que podría contribuir a detectar de manera temprana un mayor deterioro vascular.

 

Identificar ese riesgo antes de que aparezca una enfermedad permitiría intensificar medidas preventivas, desde la actividad física y otros cambios en el estilo de vida hasta tratamientos farmacológicos cuando estén indicados.

 

Melchiori advirtió que las personas que atravesaron un cáncer suelen no estar suficientemente representadas en las poblaciones sobre las que se construyeron muchas de las herramientas tradicionales para estimar el riesgo cardiovascular. Por eso, sostuvo, los resultados “interpelan a optimizar las estrategias de prevención primaria cardiovascular” en estos pacientes. (La Nación)

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