Sociedad Manos a la obra

Integrantes de comunidad mapuche trabajan para revivir un bosque incendiado

Se trata del plan de restauración más grande de la Argentina, y una experiencia modelo, en virtud de que no sólo apunta a la recuperación de bosque nativo, sino que integra el proyecto con la comunidad.
"Caminar acá, con todo este verde es una alegría muy grande", dice el lonko de la comunidad Aigo, Ricardo Peña, y recorre con la mirada el arroyo que se abre camino entre las piedras y el bosque quieto de Ruca Choroy, en Neuquén. El suelo ya recobró su color tierra y entre el gris de las lengas cenicientas emergen pequeños brotes verdes que ilusionan, señala la crónica del diario Río Negro.

En este paraje en el oeste neuquino la tierra y sus hombres saben de historias, necesidades y tragedias.

El voraz incendio que los tuvo en vilo durante 20 días y arrasó con 1350 hectáreas de bosque nativo en el 2014, será una página más del anecdotario que transmitirán a los hijos de sus hijos.

"No fue solamente la pérdida de los árboles, hubo animales que no pudieron salir y murieron carbonizados. Muchos puesteros perdieron todo. En aquel momento fue mucho dolor y tristeza, mucha impotencia", agrega el lonko.

La Comunidad Aigo está integrada por unas 300 familias mapuches, un total de 1200 personas que viven en todo el paraje.

Para la comunidad el bosque no es sólo paisaje, sino una forma de vida. Llevan allí los animales para la veranada, sacan leña y recogen piñones.

En ese contexto, acelerar los procesos de restauración del bosque nativo es imperioso. Después del incendio desde la Dirección Provincial de Bosque Nativo idearon un ambicioso proyecto para restablecer el bosque.

Desafiando pendientes pronunciadas, con sol, nieve y temperaturas bajo cero, un promedio de 50 hombres de la Comunidad Aigo ya plantaron 55 mil plantas que producen en los viveros que tiene la provincia en Ruca Choroy y Villa Pehuenia.
Se trata del plan de restauración más grande de la Argentina, y una experiencia modelo, en virtud de que no sólo apunta a la recuperación de bosque nativo, sino que integra el proyecto con la comunidad.

Las tareas requieren de un gran esfuerzo tanto para el traslado cómo para la plantación, puesto que los accesos son mediante huellas o senderos de a pie, y la mayoría en laderas con fuerte desnivel.

"Se trata de una restauración ecológica. Es acelerar los procesos naturales del bosque con intervención humana, a través de clausuras para evitar que ingrese el ganado, cierre de islas sin intervención de ganado con plantación y ejecución de terrazas para evitar la erosión y pérdida del suelo", detalla el director provincial de Gestión de Bosque Nativo, Mauricio Mazzuchelli, a cargo de la iniciativa.

El proyecto arrancó en el 2015 con la instalación de 400 terrazas hechas con palos en sectores de montaña que por la pérdida de la masa boscosa corrían riesgo de erosión del suelo.

Instalaron 12 kilómetros de alambrado para evitar que el ganado de los pobladores destruyera los renovales y la vegetación que va asomando.

También colocaron 44 "clausuras" o islas de plantación de unos 2.000 m2 donde plantaron renovales de lengas, ñires, notro y araucarias. Se trata de "jaulas" con alambre para que no entren los animales. Se seleccionan lugares protegidos, buscando simular la situación que se presenta en la naturaleza.
"Hay distintas formaciones de bosque, la restauración apunta a aquellas que son más difíciles, las que tienen mayor pendiente y los que tienen bosque de lenga y araucaria", agrega el funcionario. Algunas especies, como la lenga, no tienen capacidad de rebrote y en muchos casos -explica- por efecto de la intensidad del fuego se perdió totalmente el banco de semillas existente en el suelo, por lo tanto la plantación es la única opción de reintroducción a corto y mediano plazo.

Complicaciones
La plantación empezó en marzo de 2016. "Las plantas pasaron el primer verano que fue difícil, y hay un alto grado de supervivencia, por lo tanto es bastante prometedor el resultado", apuntó Mazzuchelli. Ahora buscan que Nación apruebe la extensión del proyecto otros cinco años más para restaurar un total de 597 hectáreas y llegar a plantar 300 mil renovales.

"Desde el inicio la gente estuvo involucrada, primero para apagar el fuego, luego para la restauración", cuenta Margarita Ávila, de la Agencia de Producción de Aluminé que trabaja de manera directa en el proyecto.

"La comunidad tuvo una apropiación muy grande de lo que se está haciendo. Si bien siempre tuvieron conciencia sobre la necesidad de preservar el bosque, ahora están más preocupados sobre cómo impactan los animales, no estaba tan arraigado. Se potenció el deseo de cuidarlo", cuenta. Ciertos días especiales, antes de plantar, los trabajadores de la comunidad hacen ceremonias. "En la cosmovisión mapuche, se hace para que cuando se plante ese ser vivo tenga mayor energía, por ejemplo", agrega.

Zona afectada
El área del incendio afectó la jurisdicción de la Administración de Parques Nacionales (Parque Nacional Lanín, 50 hectáreas) y de la Provincia de Neuquén (Corporación Interestadual Pulmari), donde se asienta la Comunidad Aigo (1300 hectáreas).

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