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Brasil extendió el cierre de fronteras durante 15 días más por la pandemia

El gobierno de Jair Bolsonaro prohíbe la entrada de extranjeros por cualquier vía de transporte, con excepciones para residentes, diplomáticos, comerciantes y pasajeros en tránsito.
El Gobierno de Brasil prorrogó por 15 días más las restricciones para la entrada de extranjeros de cualquier nacionalidad debido a la pandemia del coronavirus, que deja ya más de 50.000 muertos y un millón de infectados en el mayor país de Sudamérica.

La medida, publicada en una edición extra en el Diario Oficial, prohíbe la entrada de foráneos al país por carreteras u otros medios terrestres, por vía aérea o por transporte acuático y atiende a una recomendación de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa).

De carácter "excepcional" y "temporal", la restricción no se aplica a brasileños y extranjeros que residen en Brasil o que formen parte de misiones diplomáticas oficiales. Hay además excepciones para extranjeros que realicen el transporte de cargas o que se encuentren en tránsito internacional.

Las autoridades ya habían bloqueado los desplazamientos en el principal paso fronterizo del país, localizado en Foz de Iguacú, en el sureño estado de Paraná y que es una región compartida por Brasil, Argentina y Paraguay. En las últimas semanas, los controles también se han redoblado en diversas ciudades fronterizas con Uruguay, Paraguay, Bolivia, Colombia y Venezuela.

La prórroga de las restricciones se produce en un momento en que la pandemia se propaga rápidamente por Brasil, que superó este domingo la barrera de los 50.000 muertos y tiene ya más de 1.084.000 infectados por el nuevo coronavirus, según datos oficiales.

Solo esta semana, Brasil registró cinco jornadas consecutivas por encima de la barrera de los 1.000 fallecidos, lo que confirma al país como el segundo del mundo tanto en número de fallecidos como de contagios, detrás tan solo de Estados Unidos.

Pese al acelerado ritmo de crecimiento de las cifras, los especialistas alertan de que el pico de la curva de contagios de la enfermedad todavía no ha llegado al país, que deberá afrontar la fase más grave de la pandemia en julio próximo.

Las curvas de casos y muertes venían mostrando en los últimos días señales de achatamiento en las capitales y varios estados empezaron a flexibilizar las medidas de aislamiento social, entre ellos San Paulo y Rio. Pero las previsiones son difíciles en un país de dimensión continental y que está entrando en el invierno austral.

Además de que el virus avanza a ritmos diferentes en cada región y especialistas señalan que el número real de contagios está subdimensionado -porque no se practican test suficientes-, Brasil enfrenta la pandemia en medio de divisiones políticas.

El presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, que llegó a calificar la enfermedad de "gripecita", ha criticado desde el inicio las medidas de aislamiento promovidas por las autoridades locales debido a sus efectos negativos en la economía. Y en el lapso de un mes dimitieron dos ministros de Salud por desacuerdos en relación a la gestión de la crisis. La cartera está tutelada de forma interina por el general Eduardo Pazuello, quien ya nombró a más de veinte militares en cargos claves.

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