Sociedad Rosario

Quiénes son los responsables de la mortal picada de autos que se cobró dos vidas

Fueron juntos al colegio Cristo Rey de Rosario y jugaban al fútbol en una liga amateur. Ambos son padres, tienen 36 años y no poseen antecedentes. La carrera le costó la vida a David Pizorno y a su hijo, Valentino.
Dos amigos de la infancia que fueron al colegio Cristo Rey y jugaban al fútbol juntos en un equipo amateur son los responsables de la tragedia vial que sensibilizó a toda una ciudad. Germán S. y Pablo M. tienen 36 años y se conocen desde niños. Antes de correr la picada fatal que le costaría la vida el sábado pasado a David Pizorno, su pequeño hijo Valentino y que dejara gravemente herida a su esposa Cintia, los dos salían de cenar en una cancha de paddle con otros ex compañeros con los que mantuvieron el vínculo luego de terminar la escuela. No tienen antecedentes penales y sus exámenes de alcoholemia y narcolemia dieron negativos. Germán S. manejaba el Renault Sandero negro que impactó de frente el auto de la familia Pizorno. Es contador, trabaja en una importante prepaga de salud y también sería prestamista. Tiene dos hijas pequeñas, una de las cuales tiene una discapacidad y por la que hace algunos años inició una campaña solidaria en redes sociales para costear onerosos tratamientos médicos en el exterior. Es fanático de River y solía viajar con la filial rosarina al Monumental.

Pablo M. conducía el Citroën C4 blanco que hoy permanece detenido frente a la comisaría 15 con dos sillas de niño en el asiento trasero. El muchacho que el martes fue imputado trabaja en una repartición pública provincial, tiene dos hijas y un bebé en camino, ya que su pareja está embarazada, y era vecino del barrio donde se desató la tragedia. El primero, que está más comprometido por la evidencia recolectada por la Fiscalía, está internado en el Sanatorio Laprida con custodia policial. Permanece en terapia intensiva con una sepsis, es decir una infección generalizada. Por esta razón no pudo ser imputado este martes, cuando Pablo M. fue acusado por los fiscales Valeria Piazza Iglesias y Walter Jurado por el delito de homicidio simple con dolo eventual y lesiones gravísimas en calidad de autor, porque creen que su auto “tocó” primero al de las víctimas y lo hizo girar antes del impacto fatal del Renault. La misma calificación se aplicará al primero. Ambos jugaban en un equipo de fútbol amateur que participaba en la Liga Baigorriense, llamado Club Social y Deportivo Francisco I.

El viernes a la noche, antes de la tragedia, ambos salían de cenar del Club de Paddle Utopía, propiedad de la familia de un amigo, junto a otras cuatro personas que conocen desde niños. Cuando cerró el lugar, ubicado en Castro Barros e Hilarión de la Quintana, Pablo M. los invitó a su casa a jugar a la Playstation. No habían tomado alcohol ni consumido estupefacientes, lo que fue corroborado por exámenes posteriores. De hecho, en la audiencia el defensor de M. dijo que no bebe. Ninguno tiene antecedentes penales.

Los amigos se juntaban seguido en el paddle. “Estaban comiendo un asado. Pero no tomaron, son chicos sanos. Todos se conocen de la escuela, amigos de la infancia. Son chicos excelentes que no tendrían que haber hecho lo que hicieron y cometer esa desgracia”, contó Silvia, la dueña del lugar al ser consultada por La Capital.

Ella es la madre de uno de los jóvenes que participó de la cena, pero su hijo se había ido 15 minutos antes de que Pablo y Germán partieran. Dice que no le consta que haya sido una costumbre de ambos correr picadas. Pero tampoco puede negarlo. Lo cierto es que, sin previo aviso, ambos se disputaron una prueba de velocidad en la calle que terminó con la vida de un niño y su padre.

Del lugar salieron tres autos, que tomaron Castro Barros y doblaron en avenida Del Rosario. El video muestra que toman la avenida y doblan a la izquierda. Se trata de los dos que protagonizarían el siniestro, y un Volkswagen Polo azul en el que iban dos amigos, Sebastián P. y otro cuyo nombre no figura en el legajo. Ambos testificaron que los dos coches les sacaron 200 metros de distancia en cuestión de segundos. El choque mortal se dio en avenida Del Rosario y Ayacucho.

Antes, según el material audiovisual, hicieron señas de luces para “abrir la cancha” y que otros vehículos se corrieran del camino para correr la picada. Momentos después, los del Polo vieron las luces del choque desde lejos y llamaron a Pablo M. para preguntarle qué había sucedido. “Germán tuvo un accidente”, les contestó. Dejó el coche estacionado, dio la vuelta y volvió al lugar del siniestro. Luego se entregaría en la seccional.

Pablo M. vivía en la zona de Laprida al 6100, pero su familia se mudó ni bien ocurrió el hecho trágico. Casualmente, su casa quedaba a unos cientos de metros de la de Melina Díaz, la hermana de Cintia, única sobreviviente. Melina fue una de las primeras en llegar al lugar del siniestro, a unas cinco o seis cuadras de su domicilio. Ese era supuestamente el destino de los tres coches: el dueño de casa los había invitado a jugar a los videojuegos. (Fuente: La Capital)

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