Sociedad Finaliza el 31 de enero

Inquilinos piden que se extienda el congelamiento de los alquileres

Le hicieron llegar una carta al Presidente de la Nación y funcionarios debido a "la enorme preocupación" que implica la falta de decisión sobre la extensión del decreto que suspende los desalojos y congela el precio de los alquileres.
Las organizaciones nucleadas en la Federación de Inquilinos Nacional le hicieron llegar una carta al Presidente de la Nación y funcionarios debido a "la enorme preocupación" que implica la falta de decisión sobre la extensión del decreto que suspende los desalojos y congela el precio de los alquileres, y que finaliza el 31 de enero.

"Gobernar es tomar decisiones; la incertidumbre que significa no saber dónde vamos a vivir mañana debe ser resuelta", sostuvieron.

Gervasio Muñoz, presidente de la Federación manifestó que "no son tiempos para dudar ni demorar definiciones tan importantes que afectan a nueve millones de personas. Cuando se extendió el decreto en septiembre, lo anunciaron 48 horas antes. El ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, esta vez se comprometió a dar una respuesta antes de las fiestas, algo que no sucedió, y ya sólo faltan 25 días para que cientos de miles de familias sean desalojadas. Exigimos entonces, que comuniquen una decisión. Gobernar es tomar decisiones. La incertidumbre que significa no saber dónde vamos a vivir mañana debe ser resuelta".
La carta
Estimado presidente Alberto Fernández.

Al jefe de gabinete, Santiago Cafiero.

Al Ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi.

Los abajo firmantes pedimos la extensión del decreto 320/20, por los urgentes motivos que aquí le transmitimos.

El alquiler es la forma mayoritaria de acceso a la vivienda para las familias trabajadoras de la Argentina.

Y en el marco de la absoluta privatización de toda la cadena de acceso a la vivienda, un derecho fundamental está siendo negado a cada vez más personas. El suelo, las condiciones de acceso al contrato de alquiler, el precio de la locación y la cotización de las viviendas se rigen por la expulsiva "libertad de mercado". Y como del techo no se puede prescindir, la especulación y el abuso son moneda corriente. La frase "si no te gusta, andate" es moneda corriente.

El virus agravó el problema de manera exponencial, al obligarnos al encierro, que en muchos casos es hacinamiento. Además, las consecuencias económicas de la pandemia provocaron la reducción drástica de nuestros ingresos, sin que los precios de la vivienda disminuyeran. Hoy en día la mitad del ingreso total de nuestros hogares se destina sólo a pagar el alquiler.

En estas condiciones, el decreto firmado por el presidente de la Nación a fines de marzo y renovado en septiembre es una herramienta básica para evitar una catástrofe habitacional.

Pero los propietarios y sus representantes, las inmobiliarias, se niegan a cumplir con la prórroga de los contratos, la suspensión de desalojos, el congelamiento de los alquileres y el refinanciamiento de las deudas.

Para que la normativa se convierta en una política efectiva, necesitamos un Estado protagonista en el control.

No hay dudas de que en el 2021 el Estado tiene que continuar con su voluntad de proteger a todos los que alquilamos viviendas, hoteles y pensiones. Es urgente que el 25% de los hogares que viven bajo techo rentado, reciban el año que comienza con la esperanza y la seguridad de no ser desalojados o hacinados en viviendas familiares.

El gobierno nacional tiene la obligación moral de fomentar y ayudar al desendeudamiento financiero de los millones de inquilinos, con el objetivo de recuperar un mínimo grado de sustentabilidad y tranquilidad para sus familias.

Más allá de la urgencia, el Estado nacional tiene que asumir el desafío de construir una política integral, moderna y democrática de vivienda.

Apostar como recurso salvador a la construcción de viviendas no sólo es anacrónico e insuficiente, sino que nos puede conducir nuevamente al fracaso. Mientras el mercado inmobiliario siga teniendo el control de decidir quién puede vivir dignamente y quién no, el

Estado estará condenado a correr de atrás los problemas que genera un mercado cada vez más expulsivo, irresponsable y egoísta.

En este crucial tiempo histórico, la vivienda no puede seguir siendo un negocio súper rentable para unos pocos mientras nuestro pueblo no sabe dónde va a vivir mañana.

Por todo esto le pedimos al presidente de la República, al Jefe de Gabinete de Ministros y al ministro de desarrollo territorial y hábitat, que extiendan cuanto antes el decreto 320, tal y como nos fuera prometido por el Ministro de Hábitat en reunión celebrada el 30 de noviembre pasado. La importancia de anunciar esta medida con prontitud está directamente relacionada con la angustia que padecen quienes no saben qué pasará con sus viviendas cuando, dentro de un mes, venza la vigencia de dicho DNU.

Por último, solicitamos también la elaboración de un plan de desendeudamiento para los y las inquilinas que no pudieron hacer frente al alquiler durante la crisis pandémica.

Sin más, y a la espera de su pronta respuesta.

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