Sociedad La monja Toledo en el banquillo

Juicio a Carmelita: "Llevamos al convento un sol y nos devolvieron un espectro"

El hermano de una víctima que denunció a la Superiora del Convento de Nogoyá, dijo que cuando la mujer salió del encierro "estábamos frente a una persona desconocida y diezmada tanto en lo físico como en lo psíquico".
Marcelo Albarenque es hermano de una ex carmelita del convento de Nogoyá que denunció por privación ilegítima de la libertad, tormentos y torturas a la ex superiora del Carmelo, Luisa Toledo, y declaró en el marco del juicio contra la ex priora. Recordó las traumáticas experiencias vividas por su hermana, valoró el proceso judicial, y criticó la actitud de la Iglesia.

Albarenque contó que su declaración en el juicio "se extendió cerca de una hora, incluyendo alguna pregunta de la Fiscalía y no hubo preguntas de la defensa". Sobre sus sensaciones luego de la declaración, dijo que "en toda la familia la preocupación o la expectativa máxima la teníamos puesta en la declaración de mi hermana que es quien ha sido la víctima del delito que se le imputa a Toledo; la expectativa era para que ella se sintiera bien y que no fuera una situación de revictimización y la verdad que lo ha sobrellevado con una entereza admirable".

"Ella pudo sustraerse de esta situación por el año 2013 y a partir de allí por una fortaleza propia que tiene y de una terapia que viene de hace años, más el acompañamiento de su familia y amigos, ha podido reconstruir una subjetividad que estaba diezmada, porque directamente había desaparecido su personalidad. Nosotros llevamos al Carmelo de Nogoyá un sol, una persona vivaz y alegre y nos devolvieron un espectro que estaba al borde de la muerte", describió.

Sostuvo que "si hoy imaginamos que ella nunca hubiera pasado por esta experiencia, estamos frente a la persona que hubiera sido de haber tenido una vida fuera del convento: una persona madura, íntegra, que tiene proyectos, y producto de esa fortaleza es que pudo dar un testimonio como víctima de casi cuatro horas, con una verosimilitud y una solvencia realmente admirables".

En cuanto al proceso de recuperación de su hermana para superar lo vivido en el convento, afirmó que "hubo momentos muy complejos, y afortunadamente hace varios años que estamos mejor. Cuando salió estábamos frente a una persona desconocida y diezmada tanto en lo físico como en lo psíquico, y estimo que al momento de salir del convento le quedaban entre seis y 12 meses de vida porque era insostenible su estado de salud".

"Sobre ello hubo que reconstruir la cuestión física, de una persona que no podía deglutir la comida porque asociaba la comida con experiencias traumáticas dentro del convento, tenía úlceras cicatrizadas en el estómago, tenía una enfermedad crónica de tiroides sin tratar, acostumbrada por obligación a mirar siempre al piso, con las manos una sobre la otra, con un aspecto de persona anciana, la piel extremadamente blanca, flaca, y esos es lo que se ve pero los daños mayores son los que no se aprecian a simple vista. Así que fue todo un proceso", describió.

En ese marco, también contó que "afortunadamente la peor parte ya pasó y ella se siente muy reconfortada. El martes después de declarar estaba cansada pero bien, se sintió liberada, sintió que no le quedaba nada por decir y que tuvo la oportunidad, que es lo fantástico que ofrece la justicia entrerriana, de sentarse frente a la imputada a decirle lo que le había hecho padecer y por primera vez no tener que callarse ni tener miedo de recibir una sanción por lo que estaba diciendo. Ese fue el plus que le agregó, más allá del acto procesal".

Aclaró además que la situación de su hermana "no fue la única, hay otras similares, tan o igual de graves, y hay otras monjas que expresaron su disenso con la comunidad y su deseo de salir del convento, pero acá estamos frente a una situación en que cuando Luisa Toledo llegó a ser superiora del convento de Nogoyá el mantel y la mesa ya estaban puestos y solo faltaba el perverso, el psicópata y el sádico que use ese marco para dar rienda suelta a su sadismo".

"La estructura edilicia del convento, las normativas y constituciones ayudan a que estas cosas pasen porque hay una ambigüedad y un límite no muy marcado entre la práctica religiosa y un ejercicio de autoridad abusivo o cuestiones reñidas con la ley penal", opinó.

Recordó que "en este juicio se están investigando dos casos" y puntualizó que "la otra denuncia es de una persona que tenía muchos años más de monja que mi hermana y tuvo que pergeñar literalmente una maniobra de escape, una fuga, que fue admirable porque el solo acercarse al pasillo o a la zona donde se guardaban las llaves hubiera sido motivo de sanción, era motivo de terror llegar allí por el tipo de sanción que se podía recibir".

Y agregó que cuando esta monja "pudo recibir asistencia en la Basílica de Nogoyá, la imputada llamaba a la iglesia y le exigía al cura párroco de ese momento, que va a ser testigo en el juicio- que la devuelva al convento" y aclaró que "hay que tener en cuenta que las víctimas son personas que son alejadas progresiva, sistemática y perversamente de todo lo que tenga que ver con el mundo exterior, y esto no tiene ningún fundamento religioso ni normativo, está solamente en la cabeza de quien hoy es imputada, eran imposiciones de ella".

Admitió que para el común de la gente "es una situación difícil de comprender porque son resquicios del medioevo que aún quedan en la modernidad, y es un mecanismo propicio para que llegue un perverso y haga estas cosas" y recordó que "esto sale a la luz por la acción de la revista Analisis, y si no fuera por la prensa no hubiéramos llegado adonde estamos, no fue por la buena voluntad de los miembros de la iglesia".

"Al día de hoy la diócesis está abonando los honorarios de los abogados (Guillermo) Vartorelli y (Miguel) Cullen que son defensores de la imputada y cuando los feligreses ponen dinero en la canasta los domingos están financiando los honorarios de una persona acusada de privación ilegítima de la libertad en por lo menos dos casos".

"Nosotros como familia no teníamos conocimiento de lo que pasaba, y el poco contacto formal que tenían con el mundo exterior era con sus familias, pero yo pensaba que mi hermana era una persona adulta que había decidido libremente vivir su vocación de esa manera, nunca me imaginé, ni en mis fantasías más alocadas, que podían pasar estas atrocidades dentro de un convento de carmelitas descalzas. En el poco contacto que había, mi hermana era acompañada por otra monja superior de modo tal que no se podía hablar con libertad y ni siquiera se podía hablar, generalmente la que hablaba era la que la acompaña a la visita", relató.

"Mi hermana estaba atrapada en una red psicológica con fundamento religioso, y por eso en algunos casos han intentado el suicido para salirse de una situación tortuosa que dura muchos años", definió.

Sobre la situación actual del Carmelo, Albarenque dijo que "hubo algún esporádico" y comentó que "cuando sale Toledo hubo una intervención de una monja de Chaco que duró unos meses y actualmente, según los dichos de una monja que salió del convento en febrero de este año, está todo igual dentro del convento con la única diferencia de que la actual superiora no grita".

"Ha perfeccionado la perversidad y no necesita gritar para imponerse, y está todo igual. Pero nada puede cambiar porque es el mismo grupo de personas, en el mismo lugar y con las mismas reglas; y sin el control que debe hacer el obispo de Paraná, y que nunca hizo, evidentemente el resultado va a ser el mismo, no se puede esperar otra cosa", advirtió.

Por último, sostuvo que Luisa Toledo "fue superiora del convento de Nogoyá a partir de diciembre de 2006 y a partir del día posterior a su elección comenzó a ejercer su autoridad del modo en que se conoció hasta que fue sacada por la justicia. Esta persona manifestó su sadismo a partir de tener el poder dentro del convento". (Fuente: Análisis)

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