Sociedad Unir sus historias

Tres hermanitos cumplieron el sueño de ser adoptados juntos por una familia

Los hermanitos querían tener una familia para mantenerse unidos y una pareja rosarina les cumplió el sueño. Maru no tenía aún nueve años cuando le escribió una carta a la jueza para pedirle que le consiguiera un papá y una mamá.
Diego Tomasini y Claudia Calvete se conocieron a los 37 años, se enamoraron y quisieron formar una familia. Después de intentar quedar embarazados, hicieron seis tratamientos de fertilidad, pero como el resultado fue negativo, decidieron adoptar. "Nuestra historia de amor arrancó en el 2007, cuando nos encontramos solteros y sin hijos", cuenta Claudia desde el living de su casa en Rosario.

Primero decidieron anotarse para adoptar niños de hasta dos años, con la fantasía de que fuera un bebé, pero al tiempo se dieron cuenta de que la realidad era otra, que había muchos chicos que estaban esperando una familia y ellos decidieron que podían ser esos papás. "Mientras esperábamos el llamado, ya teníamos como cuarenta y pico y, como transcurría nuestra vida, también la de los niños que esperaban. Ahí fue cuando extendimos la edad y para que fueran hermanos. Nosotros queríamos tener una familia grande", aseguran.

En la misma búsqueda, también estaban Maru y sus dos hermanos Jorge y Belén. "Maru a los nueve años le escribió una carta a la jueza pidiendo una familia y explicándole que querían permanecer los tres juntos con sus hermanos. "Si una criatura de esa edad, que yo no conozco tiene la fortaleza para pelear por sus derechos es una guerrera y ella es mi hija", explica Claudia.
Unir dos historias
Tanto Diego como Claudia quieren compartir lo que ellos entendieron después de formar su familia. "Lo más importante es comprender que son dos historias que hay que ensamblar y con ayuda de la terapia familiar se puede salir adelante. Al principio, hubo diferentes situaciones porque los chicos tuvieron que atravesar un duelo de su pasado, pero el compromiso y el amor fueron claves", dice, convencida.

Maru, que ahora es una adolescente, es quien define qué era lo que buscaban tanto ella como sus hermanos: "Quería tener a alguien que me quisiera y experimentar todo lo que un niño siente cuando tiene un papá y una mamá. Porque no importa la edad, siempre tenemos que tener amor porque somos chicos aunque tengamos edades diferentes", cuenta con emoción.
Vincularse
Belén por su parte, que es la más chica, participa de la entrevista para contar que cuando le dijeron que iban a tener una familia se imaginaba completamente diferentes a Diego y a Claudia. "Pensaba que eran altos, flacos, jóvenes y lindos. Cuando los vi, estaba muy nerviosa y súper feliz al mismo tiempo porque iba a ser un cambio muy grande". Después, cuando estuvo con ellos, más allá de que no eran como en la fantasía, se convirtieron en sus referentes. "Para mí lo más lindo fue cuando los empecé a conocer", dice Belén.

Reconocer que los primeros tiempos no fueron fáciles hace más fácil entender el proceso por el cual la familia hoy está bien. Con amor, complicidades y un espíritu de equipo. "Los chicos tenían su historia, y nosotros los acompañamos para que pudieran ponerle palabras a sus sentimientos. La vida nos puso en un lugar en el que teníamos que aprender. Nada es gratuito, tuvimos que atravesar mucho dolor y lejos de separarnos, nos unimos. Nos fortaleció y aún hoy en día, cuando alguno baja los brazos o se queda sin fuerzas, el otro está para levantarlo".
El puente para la vinculación
Claudia es una de las referentes del Grupo de Padres Adoptivos y en Espera de Rosario, una red de familias que trabaja para mejorar el sistema de protección de los niños y el sistema de adopción y ayuda a otras familias. Recuerda que cuando empezaron con la vinculación con sus hijos, iban a buscarlos los fines de semana. Para que resultara más fácil para los chicos contarles qué les pasaba y sentían durante la semana, implementaron un sistema de dediles. "Unos títeres para los dedos con los que conectábamos. Ellos elegían un personaje y después nos lo intercambiábamos para comunicarnos. Fue un conector que nos sirvió mucho para vincularnos", cuenta Claudia. Hoy, sin dediles, aprendieron a expresar mejor lo que les pasa y se acostumbraron a compartir los buenos momentos juntos.

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