Sociedad "Parir en casa"

La experiencia de entrerrianas que decidieron que sus hijos nazcan en su casa

Tres madres relataron la experiencia de tener a sus hijos en el hogar, una tendencia que crece al ritmo de los cuestionamientos a la institución médica y que busca ser una alternativa al parto convencional.
Parir en la casa es una tendencia que crece al ritmo de los cuestionamientos a la institución médica y, sobre todo, al maltrato naturalizado por el que millones de mujeres pasan, casi siempre en silencio, en las salas de parto de hospitales públicos y clínicas privadas.

"Que los partos sucedan en las instituciones médicas es algo muy raro. La humanidad lo está experimentando desde hace sólo cien años. Nunca antes había ocurrido algo así. Y pocas veces nos ha ido tan mal a las mujeres en términos históricos (a excepción de la edad media en Europa, con un nivel de oscurantismo y misoginia insuperables). La cuestión es que la institución médica es el peor lugar para parir, y el más iatrogénico. Por el hecho de ingresar a una institución médica donde curan enfermos, se desencadenan una serie de hechos que van a complicar el desarrollo de los partos". La cita es del libro "La familia ilustrada" y su autora, la terapeuta y escritora Laura Gutman, siempre polémica y reconocida por la publicación de más de una docena de libros que tratan temas como la maternidad, los miedos y los mitos construidos históricamente y la familia, entre otros.

Estos tópicos tiene más vigencia que nunca en la Argentina que discute, y hace discutir al Congreso de la Nación, los derechos de género, la igualdad ante la ley y la necesidad de respetar la elección de lo diferente, de lo que se corre de "lo normal" y a quienes discuten y poner en cuestión esa supuesta "normalidad".

En esta lucha se encuadra la crítica a la llamada violencia obstétrica y el derecho a tener un parto humanizado. Pero, un poco más lejos se animan a ir quienes directamente ponen en cuestión a la institución médica como lugar apto para parir, en línea con la crítica de Gutman.

ElDía dialogó con tres madres que vivieron la experiencia de tener a sus hijos en el hogar, una de ellas es doula, una figura que, acorde a los tiempos que corren, comienza a tomar fuerza entre las mujeres que buscan alternativas al parto convencional.

"Acompaño a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, en el proceso que ellas elijan vivir. No les impongo absolutamente nada; sí les brindo información para que puedan elegir libremente y trabajo mucho sobre el empoderamiento que ellas pueden lograr para vivir el nacimiento que desean o que la pareja desea". La que habla es Leisa Moreno Semhan, quien se preparó como doula en Buenos Aires y es docente en embarazo eutónico. Mientras estudiaba lo tuvo a su hijo Tai en su propia casa.

Hace varios años que compaña a embarazadas, sin importar que los partos sean dentro o fuera de las instituciones de salud. "Mi preparación es interna, emocional. Tengo que sostener todo lo que suceda durante el proceso y no dejar caer la energía, confiar siempre y no dudar jamás que esa mujer, papá o familia lo pueden lograr. Y desde ahí brindarles todas las herramientas posibles para poder alcanzar lo que ellos quieren", describe junto a Maira y a Luciana, que sostienen a sus bebés, también nacidos en casa.

"Cuando quedé embarazada supe desde el primer momento que quería un parto respetado, lo más natural posible. Con mi compañero empezamos a contactarnos con gente, viajamos a Córdoba y decidimos que Tai naciera en casa, de manera amorosa, íntima. Nunca dudamos de eso, desde ese momento trabajamos en sostener esa energía y en no dejar entrar los miedos. Nos acompañaron amigos, porque en ese momento no existía nadie en Entre Ríos que lo hiciera de otra manera", relata la correntina que en 2002 llegó a la ciudad para estudiar Nutrición y no abandonó más Gualeguaychú.

"Cuando lo tuve a Tai, que fue un nacimiento maravilloso, decidí que quería apoyar y acompañar a otras mujeres que quisieran vivir su proceso de una manera diferente. Investigué y averigüé sobre la formación que luego hice en Buenos Aires, en el Espacio Venir al Mundo, de Ana Ferrugia, quien me acompañó en mi formación y en el proceso en el que me fui convirtiendo en mamá", relata Leisa, y advierte que, a diferencia de las parteras, "el único requisito para ser doula es haber tenido la experiencia de ser madre primero".
Contra los pronósticos
El caso de Luciana Badaracco es particularmente interesante. Hace poco menos de un año, a los 38, eligió parir en casa y, a contramano de todos los pronósticos médicos, no tuvo problemas.

"En momento de visualizar el parto, me imaginaba el hospital y me daba pánico. Al contrario de otras mujeres, a las que por ahí les da pánico parir en su casa, les provoca miedo, yo sentía para mí adentro que podía parir sola, sin nadie más. Pero la energía de Leisa fue clave en todo el proceso, me dio seguridad, más de la que tenía", recuerda, ya con su hija Selva en brazos.
"Parir es lo más instintivo, lo más natural del mundo. No es necesario un médico, la mujer puede parir sola, ya está en la información de todo su cuerpo al desarrollar el niño dentro de la panza. Además, en mi caso, tuve mucho aguante de parte de mi vieja, que es mi referente femenino. Ella me decía que no iba a pasar nada, que si ella nos había parido sin problemas, yo no los iba a tener, incluso no estando de acuerdo en que vaya a hacerlo en mi casa. Eso es muy importante", cuenta Luciana, que si bien soportó 29 horas de trabajo de parto, reconoce que en la mitad dudó en ir al hospital por el fuerte dolor.

"A las doce horas pensé en ir al hospital y que me acuchillen (se ríe). El dolor era mucho y medio que dudé de poder hacerlo sola. Pero confié en mí y en los que me rodeaban, y evidentemente era necesario para Selva ?su hija?. Al otro día parí como si nada, tranquilamente. Estuvo todo bárbaro, no tuve ningún problema y Selva no tuvo ningún problema. Ella salió a las 8.30 y al rato estaba tomando mate acá en el patio de casa. A la tarde fuimos al hospital para hacer unos trámites y todo bien", recuerda.
¿Qué dice mamá de esto?
"Cuando quedé embarazada sabía que lo iba a tener mi casa, ya había investigado mucho, me interesaba el tema. En la institución te maltratan, hay violencia obstétrica. Un montón de mujeres me habían contado cómo habían tenido a sus hijos en hospitales y yo no quería eso para mí. No quería ir sí o sí a la cesárea porque el médico se iba a de vacaciones o que la partera me obligue a estar en una posición que es mala para el bebé", dice Maira Bentancour, quien tuvo a Tahiel en su hogar, también acompañada por la doula, una partera y un médico amigo.

"Mi familia no estaba de acuerdo. Mi mamá me dijo 'ni se te ocurra tenerlo parto natural, porque yo a los tres los tuve por cesárea', me transmitía ese miedo que para una embarazada, en el momento de sensibilidad por el que pasa, es horrible", relata.
"Amo a mi mamá, soy re familiera. Pero la decisión era mía, entonces el día del parto le tuve que mentir, le dije que no venga a casa, ella vive en frente, porque no había dormido en toda la noche y quería descansar", recuerda Maira, Y continúa: "Puse carteles que me habían hecho unos amigos por toda a casa, para llenarme de fuerza, para sentir que estaba preparada para hacerlo. Porque el miedo, en el fondo, está. El miedo te lo meten por todos lados, y el parto es un momento que nunca atravesaste, algo totalmente desconocido, entonces está".

A las 10.30 Maira rompió bolsa. Y casi 12 horas después, tras un arduo trabajo, llegó Tahiel. Ahora, casi un año después y con el chiquito en brazos, recuerda: "como a las cinco de la tarde las contracciones empezaron a ser fuertes, y a lo último ni gritaba, solo respiraba para abrir el canal de parto. Doler, dolió, pero siento que fue como morir y nacer de nuevo. Me abrí entera y salió una nueva mujer. El dolor no es nada comparado con lo hermoso que fue", relata, segura de su decisión, y abraza a su pequeño. (El Día)

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