Sociedad Demasiados interrogantes

Carlos Carrascosa: "Dios me debe una"

A 15 años de que por primera vez lo imputaran por el crimen de su esposa, el viudo de María Marta García Belsunce, hoy absuelto, habla de la experiencia de vivir "con el estigma de asesino".
El departamento de Carlos Carrascosa vive en penumbras. Afuera no se sabe si es de día o de noche. Si llueve o hay sol. Jamás levanta las persianas. "Me acostumbré a la cárcel", justifica el viudo de María Marta García Belsunce.

Pasaron 15 años desde que Carrascosa quedó detenido por primera vez. Pero todavía, en la calle y en cada mesa de café, se ensayan teorías sobre quién la mató. El pituto. Las canillas puntiagudas del baño. El cráneo agujereado de María Marta. El pegamento La gotita para cerrarlo. El certificado de defunción. Demasiadas intrigas y detalles.

Mientras tanto, el ex vecino del country Carmel lleva más de un año libre. Pasó ocho años preso. En la cárcel, Carrascosa cambió su forma de pensar y algunos hábitos. Tomó la costumbre de tender la cama. Y en Luján, donde alquila un departamento de 40 metros cuadrados, sigue con esa modalidad. El único día que "se salva" es los viernes cuando llega la mucama.

A los 73 años, es la primera vez que vive solo. Un amigo ocupa la casona de 240 metros cuadrados de Carmel, con 4 mil metros de terreno. Carrascosa se la deja a cambio de que le cubra los gastos. Excepto que alguna pericia lo requiera, no volvió a pisar el primer piso de la mansión. El cuarto del matrimonio y el baño, donde quedaron los rastros ensangrentados de María Marta escapando de su asesino, dice que todavía lo perturban, grafica Clarín.

Carrascosa se mudó a Luján "para andar más tranquilo", explica. "Pilar es un pueblo. Sabés todo de cualquiera que te cruzás. Acá es distinto", aclara. Le pesaba y le pesa el estigma del asesino. Pero asegura: "En la cárcel se terminó lo peor: la incertidumbre de lo que pasará mañana.

Mientras estaba acusado y libre, no podía organizar un trabajo, un viaje o lo que fuera, porque no sabía si al día siguiente marchaba preso. Estuve cinco años acusado y libre. Caminar por la calle con una condena social de homicidio consume una energía enorme. No podía completar tres trámites en el día. No tenía fuerzas para bancarme la mirada del otro. Y eso que nunca tuve un insulto".

Pasó cinco años y medio detenido en el Penal 41 de Campana, y cuando salió vivió con tobillera electrónica y prisión domiciliaria dos años y medio más.

Con la absolución, ¿cambió hacia usted la mirada social?

Mucho. Pero voy de a poco. Todavía no me animo a subir a un subte, a tomar un colectivo o a ir a la cancha.

¿Cómo fue volver a estar libre?

Dificilísimo. Salir de la cárcel fue tan duro como entrar. No sabés cómo va a reaccionar la gente. El día que me dieron la absolución, no festejé. Les dije a mis abogados todo lo que tenían que hacer. Recién salí al día siguiente. Fui a una peña donde había 80 personas. Me insistió mi amiga Jorgelina. Ella era productora del programa de TV de mi cuñado, Horacio. Ella me sugirió que debía romper el hielo. Subí al escenario y dije: "Ahora que el Servicio Penitenciario no me paga más el sueldo, me tengo que ganar la vida. Voy a promocionar a una artista. E invité a Jorgelina a cantar".

¿Cambió su cabeza en el encierro?

Entré a la cárcel como un burgués y salí como progresista. Incluso cambié de amigos. Mis amigos burgueses no entienden lo que pude haber cambiado. Ahora escupo lo que pienso. Antes me lo tragaba o lo decía diplomáticamente.

¿La pasó mal adentro?

Me salvó el sentido del humor. Una amiga psicóloga, que venía a verme, me decía que no pensara en salir. "Pasá bien el día a día", me aconsejaba. Pero había madrugadas en que me despertaba. Escribía y put?. contra todos. Con cada año que pasé preso, me cambió la mente. Siempre pensé que iba a salir porque soy inocente. Pero me bajoneé cuando se cumplieron tres años adentro y no me dieron la libertad pese a que me correspondía por no tener condena firme. Me puse a escribir un blog (casobelsunce.blogspot.com.ar).

Los primeros seis meses, Carrascosa estuvo en un pabellón común, con seis personas en una celda de 2 x 6 metros. "Dormíamos en cuchetas. Me tocó la cama de abajo, porque era el mayor de todos. Había una mesita para comer y enfrente de la mesita, una letrina con lavatorio. Hacíamos nuestras necesidades ahí. Nunca me preocupé mucho porque nunca fui muy limpio. Las duchas estaban afuera. Podías ir cuando estaba abierta la celda, de 7 a 20."

El viudo alcanzó conducta 10 y lo pasaron a una celda con dos personas, de 3 x 3 metros: "De la cárcel me quedaron dos íntimos amigos. Uno adentro y otro afuera. Al de adentro, lo sigo yendo a visitar aunque él no quiera. Ninguno de los dos mató ni violó. Ellos me decían: 'Carlos, éste no es tu lugar'. En la cárcel, yo era más conocido que el director. Me querían mucho. Los guardias no podían entender que estuviera acusado de matar a mi mujer y me vinieran a visitar el padre, la madre, los hermanos, los tíos, sobrinos y los amigos".

Si usted no fue el asesino, como dijo la Justicia, ¿cómo hizo para bancarse ocho años preso?

Nadie sabe hasta dónde da el cuerpo humano hasta que no lo ponés a prueba. Y Dios te da los hombros para soportar la carga. Además, yo fui marino mercante. Eso me ayudó. Estaba siempre encerrado, debajo del agua, rodeado de fierros con ruido a fierros.
Carrascosa fue a juicio oral en 2007. Lo condenaron por encubridor. Dos años más tarde, Casación lo condenó por homicidio.

Cuando terminó la Escuela Argentina Modelo, Carrascosa ingresó a la Marina. Tenía 19 años. "Fui de joda. Nunca ascendí. Era tercer oficial. Lo hice para rajarme de la casa de mis padres. Siempre fui el niño mimado. Y cuando me casé con María, ella me advirtió: 'No me caso con una foto'. Y dejé". Ironías de la vida. Ahora es él quien vive con la foto de María Marta. "Le rezo cada noche. 'Negrita, ya nos vamos ver,' le digo."

¿Usted reza?

No convencionalmente. Le digo a Dios: "Flaco, hijo de mil p?, por qué me estás haciendo esto. ¿Por qué no me ayudas un cachito, flaco? Dame vuelo. Fui a misa hace poco. Comulgué y luego me confesé".

?Pero es al revés, primero se confiesa y después comulga.

No creo en la confesión. Me acerqué porque necesitaba hablar con un representante de Dios. Hice la cola en el confesionario. Y el sacerdote me preguntó si tenía algún pecado. "No siento que tenga ningún pecado. Lo pasé mal y ahora estoy en un buen momento. Quiero que, a través suyo, Dios se entere de que me debe una", le dije. Tengo cosas para perdonar, pero no para confesar.

¿Qué tiene para perdonar y a quién?

¿Te parece poco? A todos los que me condenaron. Al que la mató. A los que hicieron mal las cosas. Nelson Mandela perdonó a todo el mundo y sacó adelante un país. Leí mucho sobre Mandela en la cárcel. Trato de creer en el perdón, pero no soy Mandela.

En el penal buscaba mantenerse ocupado. "En la cárcel era periodista. Tenía un espacio de radio de 7 a 9. En vez de (Marcelo) Longobardi? Carrascosa. El programa se escuchaba en todo Campana. Lo conductores éramos un acusado de triple homicidio (ahora con libertad condicional), un cura acusado de pedofilia (salió) y yo. Además, los sábados hacía otro programa. Hoy tengo un ofrecimiento para laburar en radio", se ilusiona. También se acercó a la Municipalidad de Luján para ofrecerse en tareas ad honorem y, mientras espera respuesta, colabora en la inmobiliaria de una amiga "para mantener en actividad la cabeza", asegura.

¿Perdió mucha plata en abogados?

Me dieron vuelta. Lo que tenía líquido se fue en ellos. No soy ambicioso. Vivo del alquiler de un galpón. Sin ahorros.

Siempre vivió en casas acomodadas y con gente de alta sociedad. ¿Extraña su vida anterior?

¿Qué gano con extrañar? Disfruto más una comida en casa con cuatro amigos que una fiesta. Ni María ni yo éramos de ir a fiestas. No aceptar este cambio de vida sería crearme un problema.

Si pudiera volver el tiempo atrás, al momento del hecho...

(Interrumpe) Ya sé a dónde va tu pregunta. Hubiera deseado estar lo suficientemente lúcido para haber pedido la autopsia en ese momento. Pero yo era un zombie. Vino mi cuñado y me dijo: "Acá hay algo raro, hay que llamar a un forense". Le dije que lo hiciera. Eso fue en el velorio. Y otro cuñado llamó a un fiscal de la Nación (Juan Martín Romero Victorica), que era amigo suyo; y ese fiscal de la Nación llamó al fiscal de turno (Diego Molina Pico); y ese fiscal de turno estuvo, miró y se fue. Y después, la culpa la tenemos nosotros. Lo llamamos nosotros. Hay mucha gente que no sabe eso.

Lo que hace desconfiar de su caso es que hicieron todo mal.

Delegué todo. No estaba lúcido.

Nadie estuvo "lúcido".

Fue muy fuerte la muerte de María. Había tres abogados, un médico? Luego vinieron tres médicos más. Me habría gustado que alguno se me hubiera acercado y me hubiera dicho: "Che, hay que pedir la autopsia". Ni el fiscal. Desde ya que lo hubiera hecho.


El hijo menor de Antonio Carrascosa y María Teresa Gaetani Ferrazzini vivió de chico en Barrio Norte. "Papá tenía 48 años cuando me tuvo. Nunca me dio mucha pelota porque estaba en el auge de su carrera. Siempre salía por urgencias y congresos. Era otorrinolaringólogo. Mamá era una diosa. Ama de casa. Había cursado hasta sexto grado y estudiado piano y francés, lo que se usaba en esa época."

Carrascosa conoció a María Marta en casa de los Ongay, que eran varios hermanos. "Todos fuimos compañeros de colegio. María Marta tenía 9 y yo, 16. Después de clase, nos juntábamos en lo de Ongay a estudiar. María los visitaba porque era amiga y compañera de Inés, la menor.
Nosotros mandábamos a María a comprar dulce de leche para las tortas. La teníamos cag?. porque era la más chiquita", cuenta.
Jura que, para esa época, él ni se había fijado en María Marta ni le gustaba. Pero se reencontraron diez años después, cuando se bajó del barco de la Marina, en unas vacaciones. "Un amigo me hizo la gamba y nos invitó a todos a cenar a su casa. Eso fue un 15 de abril. El 2 de mayo nos pusimos de novios." Se casaron en un par de años, en el invierno de 1971, y en 1992 se mudaron al country Carmel de Pilar.

"Hicimos esa casa desde cero. Compré el lote a 3 dólares el metro. Yo puse la plata y María correteaba al pobre arquitecto. Una vez por semana, ella pasaba y hacía la lista de lo pendiente. Lo cagaba a pedos. Yo me iba porque me daba vergüenza, porque él era amigo mío. María tenía mucho carácter. Taurina, del 24 de abril. Decíamos que en Carmel habíamos encontrado nuestro rinconcito en la vida. Y mirá cómo terminó."

¿Qué es la muerte para usted?

No soy muy expresivo ante una muerte o una desgracia. Viví muchas muertes y eso te va creando una coraza. Soy el Carrascosa más viejo. Papá, mamá, mis hermanos... nadie llegó a los 70. Todos cardíacos. Murieron de un día para el otro. Capaz que me muero en diez minutos. La somatización o la expresividad de un dolor, a mí me agarra por el intestino. No temo morirme. No me queda nada. Sólo mis sobrinos y la familia de María. Ni siquiera tengo arreglado dónde voy a ir a parar. Ni parcela ni nada. Pobre mi amiga Jorgelina. Dice que le voy a dejar el fardo a ella.

¿No le importa cuidarse?

Ya no. No es que estoy jugado, pero al no tener hijos, no tener mujer, ni hermanos, no tener padres (hace un silencio largo), la vida solo es pesada. Tengo una familia excepcional que son mis sobrinos, que viven en el interior. Y los hermanos de mi mujer que significan una gran compañía. Me sigo viendo con todos: con Irene (Hurtig, hermanastra de María Marta), John (Hurtig, hermanastro), Horacio y María Laura (los hermanos de María Marta). La mamá de María Marta murió y Guillermo Bártoli, esposo de Irene, también.

¿Por qué no tuvieron hijos con María Marta?

No pudimos por mí. A mí no me pesaba tanto pero a María sí. Cuando yo tenía 3 años, tuve una falla en la glándula timo, que es la responsable de activar el sistema inmunológico. Me dieron rayos para tratarla. Y me esterilizaron. No lo supe hasta que nos hicimos los análisis para que María quedara embarazada. Ahí mi madre se acordó y me dijo: "¿No será que aquella vez??" Le conté al médico. "Y claro, es eso", me dijo.

Entre las nuevas rutinas de su nueva vida, está la cita semanal con su psicóloga. "Jamás había hecho terapia. Empecé a mitad del año pasado. Tengo necesidad de hablar. Terapia es mi hora libre. Ahí digo cualquier barbaridad. Ella trabaja bajo secreto profesional. Entonces podés hablar tranquilamente de todo. Después de la sesión quedo planchadito. Necesito dormir una siesta. Me gusta ir porque descargo todo. Además mi psicóloga es muy mona."

¿Es importante que sea "mona"?

Sí, porque soy admirador de la belleza.

¿Pensó en rehacer su vida amorosa?

No. María es irremplazable.

¿Tiene alguna explicación acerca de lo que vivió con su caso, los juicios sobre su persona?

Destino. Ahora mi objetivo es saber quién fue. Sospechas hay, pero deben probarlo.

¿Cree en la Justicia?

Ehhh... en la Justicia divina sí. ¿Creerías si te hubiera pasado lo mismo que a mí? Ahora vamos a ver qué pasa con los nuevos fiscales.
Mientras tanto, Carrascosa sueña con ver publicado, algún día, su libro, su propia historia. Ya lo terminó. "Tiene 600 páginas. Empecé a escribirlo en el penal. Al principio me funcionaba como catarsis y después no podía parar. Ahora lo tiene una correctora", confía. Pero también confiesa que le gustaría subirse a un crucero para navegar a la Antártida. "El mar, como la cárcel, te hermana. Ahí están todos en la misma situación. No hay diferencias a pesar de los rangos" desliza.


A María Marta la visita, como mínimo, dos veces al año. Para el cumpleaños de ella y en el aniversario de su muerte. Le lleva claveles rojos. "No me gustan las espinas", categoriza el viudo.
¿Habrá un revés judicial para Carrascosa?
El 27 octubre 2002, María Marta García Belsunce aparece muerta en su casa del country Carmel. La familia la encontró ensangrentada en la bañera e instala la idea del accidente: "Se golpeó con las canillas". El 15 de enero de 2003, el fiscal Diego Molina Pico imputa por encubrimiento al viudo, Carlos Carrascosa.
El 11 de abril, el juez Diego Barroetaveña ordena su detención como sospechoso por homicidio. El 15 mayo 2003 le dictan prisión preventiva, pero ocho días más tarde, el 23 mayo, le conceden una preventiva "morigerada". Carrascosa paga 100 mil pesos de fianza y sale.

La causa se paraliza por años. Carrascosa llega a juicio oral en 2007. Lo condenan a 5 años y medio de cárcel por encubrimiento. Va detenido al Penal de Campana. Sus abogados presentan un habeas corpus y sale a los 35 días.

En 2009, Casación le cambia la condena por perpetua: lo considera coautor del crimen. Va preso desde el 19 junio de 2009. El 5 febrero de 2014 sale con arresto domiciliario. Sus abogados apelan a la Suprema Corte bonaerense, que se niega a tratar el caso. Luego logran que el caso llegue a la Corte Suprema de la Nación, que ordena revisar el fallo.

La causa regresa a Casación, donde una sala distinta absuelve al viudo en diciembre de 2016. El fiscal Carlos Altuve insiste con la culpabilidad y apela. Ahora la decisión está en manos de la Suprema Corte bonaerense.

En tanto, dos nuevos fiscales, Pilar María Inés Domínguez y Andrés Quintana, son designados para investigar de nuevo el caso. Ellos le toman indagatoria a Nicolás Pachelo (en noviembre 2017), el vecino señalado por la familia como sospechoso.

Pachelo declara como sospechoso por "robo agravado y homicidio" por primera vez. Se declara inocente. Antes había declarado la ex esposa de Pachelo, Inés Dávalos Cornejo, quien aceptó que le tomaran muestras de ADN para cotejar con la sangre de la escena del crimen.

Fuente: Clarín.

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