Sociedad "Pudo haber pasado algo muy grave"

Portera de una escuela salvó a niña de ahogarse con un chupetín

La vida a veces nos pone a prueba. Y a Norma le tocó el martes rendir un examen del que salió airosa y no olvidará jamás. Ocurrió en una escuela del balneario El Cóndor, a unos 30 kilómetros de Viedma, en Río Negro.
Un dramático momento se vivió en la Escuela 246 de El Cóndor, a unos 30 kilómetros de Viedma, en la provincia de Río Negro, cuando una alumna de ocho años corrió un serio riesgo al atragantarse en el recreo con un chupetín al que le había cortado la mitad del palito.

La rápida intervención de una de las porteras del establecimiento evitó una tragedia ya que la mujer la golpeó suavemente en la espalda y procedió a ejercer presión en el abdomen hasta que la nena, estudiante de tercer grado, expulsó la golosina con la que se había ahogado.

"Nunca me había pasado vivir una situación de emergencia así", cuenta Norma Zapata, con un dejo de emoción, mezcla de angustia y orgullo.

Como todos los días estaba en la cocina con su compañero de trabajo preparando la leche cuando, cerca de las 14.30, en pleno recreo, dos pequeñas de tercer grado llegaron corriendo a pedir agua. Al mirar a una de ellas observó que "estaba agachada y como ahogándose".


"Primero pensé que estaba jugando, pero algo sentí como mamá que me hizo golpearle la espalda hasta que decidí levantarla, apretarle un poco la pancita y volver a darle unos golpes suaves, hasta que largó un chupetín con la mitad del palito", rememora con voz entrecortada, según describe el diario Río Negro.
"Pudo haber pasado algo muy grave, porque es una nena muy chiquita y se le fue el chupetín a la garganta", dice y asume que a pesar de nunca haber hecho capacitación específica al respecto tuvo un gesto instintivo que le permitió intervenir para resolver la contingencia.

Norma le impone humildad a lo ocurrido, no obstante reconocer su íntima satisfacción por el resultado logrado. "Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo", dice aunque reconoce que cuando alguno de sus siete hijos tuvo algún percance con la comida, siempre quien se encargó fue su marido. "Con mis hijos me abatato, pero en esta ocasión sentí que tenía que actuar".

"Después me sentí relajada y a la vez temblaba, porque me preguntaba qué hice, la nena no le comentó ni al maestro ni a la directora, por lo que yo fui y les conté, para que le avisen a los padres por si tenía alguna molestia en la garganta", afirmó.

La mamá de la pequeña la llamó para preguntarle sobre lo sucedido. "Y yo le conté, porque esto se tiene que saber, porque yo también tengo hijos en la escuela y los chicos están mucho tiempo en el establecimiento", manifestó la portera, que se emociona al recordar aquellas circunstancias que gracias a su intervención, no se transformaron en una tragedia.

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